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Un regalo inesperado en los conciertos de Ferias: Pitingo en Salamanca

Un regalo inesperado en los conciertos de Ferias: Pitingo en Salamanca

CULTURA
Actualizado 12/09/2021
Charo Alonso

El cantante dedicó unos minutos a Salamanca Rtv al Día después de un intenso concierto que superó todas las expectativas

Vaya por delante, esto no es una crónica del concierto del sábado 11 de septiembre de Pitingo para las Ferias y Fiestas de Salamanca? es una decidida laudatio del artista y del espectáculo con el que presentó su último disco Mestizo y fronterizo en el muy bien habilitado recinto de Puente Ladrillo. Un espectáculo largo e intenso tras el que el artista tuvo la generosidad de regalarnos un momento y sonreír para la cámara de una Carmen Borrego verdaderamente entusiasmada.

Y no era para menos. Uno se pregunta muchas veces el criterio con el que se elige a los artistas para el cartel de la Feria porque hay que atender a todas las sensibilidades, dejando aparte la fantástica sección de música salmantina en el también fantástico patio del DA2? y una de ellas es el flamenco, que afición mucha y buena ha en esta Salamanca de Farinas y Candelas que espera con expectación el espectáculo "Charros y Gitanos" donde se marida la música popular de la tierra con el aire flamenco de los cantaores Aarón y Dalila Salazar, la guitarra de Nano Serrano y el baile de la zamorana Alicia Almeida bajo la mirada atenta y sobria del folclorista y músico José Ramón Cid Cebrián. Sin embargo, Pitingo va más allá de los esquemas del flamenco sin perder la pureza, más allá de sus manifestaciones públicas sin perder la libertad de expresarlas, más allá del divismo sin dejar de darle espacio a su increíble banda. Mucho más allá ¿Por qué? Porque estamos hablando de un artista que ofreció un concierto verdaderamente portentoso que desborda todos los géneros y toca todos los palos? ofrecido a una audiencia que suplió con creces, con entusiasmo y admiración, la poca entrada.

Cualquier otro artista hubiera plegado velas con profesionalidad y ya, echando mano de corrección y compromiso. Sin embargo Pitingo pareció crecerse y nos mantuvo sujetos no a la silla, sino con el corazón encogido bien amarrado entre sus largos dedos. Cuando apareció, en medio de sus muchos músicos vestidos de blanco: la sección flamenca, la latina, el coro gospell, los fantásticos guitarristas? pareció entender que había que darlo todo, todo, incluso la sonrisa final, agotada y cumplida, a la fotógrafa que le pide el último gesto. Y recordamos lo que nos dijo en la entrevista que, desde México, le dio a nuestro periódico: Espero hacerle al público vibrar de emociones e intentar que olviden por un rato todos los problemas que tenemos porque la música sana y el público con su aplauso me sana a mí, es un intercambio que necesitamos mutuamente y yo me voy a dejar el alma en mi Salamanca querida.

Y vaya si se la dejó. Cantó los palos más puros del flamenco, la soleá, los fandangos de su tierra de Huelva, recordó a Morente y nos recordó que es un cantaor flamenco bregado en la tradición, deudor de los suyos y que sabe juntarse con una guitarra portentosa, la de Jesús Núñez que en la soledad del enorme escenario todo lo llena con su magisterio ¡Qué serios, profundos, humildes los guitarristas flamencos, Nano Serrano! Qué hermoso papel el suyo llenando los silencios de la voz en la expectación callada de un público que jalea rompiendo el momento. Un momento que se hace estrépito feliz cuando entran los metales, las guitarras eléctricas, el teclado, la percusión, las voces y palmas y sobre todo? el coro gospell.

Entregado al ritmo latino, a ese soul que el convierte en "soulería", Pitingo devuelve al público un espectáculo sorprendente que se llena de magia con unas voces negras que le acompañan, le sostienen y a las que él da un protagonismo absoluto. Y uno se pregunta si está en un concierto de flamenco, en un cante de ida y vuelta latino y vibrante o en un espiritual negro con oficiante de gestos elegantes, un bailarín exquisito que mide cada uno de sus movimientos con esa gracia tan particular de quien sabe llenar el escenario después de bregárselo mucho. Porque cada gesto de este hombre que tiene el perfil de moneda antigua, la raza mezclada de todo lo bueno, mestizo y fronterizo de todas las aguas, de todas las músicas, lo une todo, lo abarca todo y lo entrega todo Vamos, familia, a disfrutar, sin importarle nada. Y sin olvidarse de darle las gracias a un público que vuelve a los conciertos, quieto, fascinado, dispuesto a maravillarse.

Y nos maravilló de "a de veras", cantó una ranchera mexicana, cantó con ritmos cubanos, recordó sus típicas versiones de grandes temas, supo combinar los momentos de "descarga" con la intimidad de los palos flamencos, voz y guitarra? y lo hizo dándole protagonismo a las voces gitanas que le acompañaban y sobre todo, a ese coro gospell que fue sin duda uno de los activos del concierto. Voces con protagonismo para un cantante que une el quejío del flamenco con el del gospell y que, termina sin terminar, porque la fiesta duró todo lo que le pedimos, con una declaración de intenciones Me voy a despedir como se despiden los flamencos, por bulerías y su impresionante banda de todas partes del mundo baja de sus instrumentos, se pone a dar palmas, salen a bailar, a cantar y solo el cajón del percusionista y la guitarra permanecen acompañando a la fiesta gitana.

Un espectáculo perfectamente medido, de sonido impresionante, entregado, mágico, diverso, distinto, sorprendente y magnético. Una clave bien templada donde todas las piezas están perfectamente ensambladas con enorme profesionalidad y a la vez, dispuestas a la improvisación y a la magia del momento. Un concierto que dejó, como en los espectáculos de jazz, lucimiento para todos y sin embargo, con un artista enorme que llena el centro del escenario ¡Qué insólito este espacio recobrado del olvido para organizar conciertos con ese cuidado que tanto agradecemos! Dueño de sus dones, absolutamente entregado, dando las gracias al público, a los músicos, a la gente que levanta el edificio que no vemos, los técnicos, los acomodadores, los trabajadores del ayuntamiento, incluso al chófer que les trae y les lleva por las carreteras de la gira? el artista termina esta epifanía de voces y sones con un fin de fiesta gitano donde bailan las voces gospell a la manera flamenca mientras las palmas y los aplausos cierran el concierto? y después, en medio de todo el cansancio, un gesto de agradecimiento, una sonrisa rendida. Y Carmen Borrego retrata admirada al músico en el silencio del camerino.

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