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Nano Serrano, guitarra enamorada
guitarrista salmantino del grupo Charros y Gitanos

Nano Serrano, guitarra enamorada

CULTURA
Actualizado 11/07/2021
Charo Alonso / Carmen Borrego

En el Patio Chico, rincón que nombra su grupo flamenco, Nano Serrano recuerda los acordes de toda una vida dedicada a la guitarra

Nos cita Nano Serrano, profunda hondura, voz y gesto pausado, en el Patio Chico, rincón que evoca ensayos, encuentros, comunión de voces y toques a la espera de la entrada de la voz y danza, taconeos y palmas. Y el silencio, cruzado de pájaros entre las nubes de tormenta, se rinde al toque detenido, humilde, pulsado de todas las suavidades, de la voz de Nano, la caricia sobre las cuerdas de Nano, quietud antes de arrancarse en el arrebato del momento y hundirse en las profundidades de la guitarra de Nano, ese pozo que, decía el poeta, tiene aire en vez de agua.

Nano Serrano: La gente dice "me gusta el flamenco", pero en realidad, el flamenco-flamenco no se conoce. El público conoce la rumba, el tango, las sevillanas, el fandanguillo, pero el flamenco es muy extenso, son muchos palos y ya casi no quedan cantaores que los dominen bien.

Charo Alonso: ¿Son los gitanos los guardianes del flamenco?

N.S.: Siempre. Yo no digo que el flamenco sea patrimonio enteramente gitano, pero sí que son guardianes fieles en momentos difíciles cuando decae el flamenco en popularidad, en calidad. Lo conservan porque lo utilizan como música propia para sus fiestas y lo viven.

Carmen Borrego: Tú no eres gitano, ¿verdad?

N.S.: Con los años que llevo entre ellos hay veces que ya no digo que no. Mucha gente cree que soy gitano por la manera de hablar.

Ch.A.: El gitano mama el flamenco ¿Había tradición musical en tu familia, Nano?

N.S.: En mi familia no había tradición musical, había afición. Yo soy del 55 y en mi familia, como en todas, se escuchaba la radio y lo que había en la radio no era flamenco-flamenco, pero siempre se colaba ahí ese gitano, esa copla flamenca de gente como Farina, Perlita de Huelva, Caracol, que eran gitanos a los que les dijeron que si querían comer, tenían que cantar esas cosas y no dedicarse solo al flamenco puro. Pero algo quedaba, es como ahora El Cigala, sobrino de Farina, que canta muy bien flamenco, pero de eso no come y de ahí que se meta con otras músicas, un tío que tiene un registro, un compás?

Ch.A.: Has acompañado a grandes nombres del cante ¿Con quién te has sentido mejor?

N.S.: Yo he tocado con mucha gente, sí, y siempre me han emocionado las voces gitanas, son las voces que he disfrutado más, sentido más. Eso no quiere decir que no haya disfrutado con otras voces que no sean gitanas, incluso en otros estilos, porque yo he hecho mis pinitos por ejemplo con el jazz manouche, el jazz gitano que hacen en Francia o con las Sonatas de Domenico Scarlatti, que es un músico barroco, y ahora ya sabéis que estoy con el proyecto de "Charros y gitanos".

Nano Serrano, guitarra enamorada   | Imagen 1Ch.A.: ¿Hay un flamenco salmantino, Nano?

N.S.: Sí, lo hubo, mira a Farina y toda su familia, su hermano Caldera que también cantaba. Pero claro, marchaban a Madrid porque aquí no había futuro. Sí lo hubo, gente que ponía aquí su sello en ese flamenco salmantino de aquellos años, los gitanos y los no gitanos, porque aquí ha cantado flamenco mucha gente. Y de ellos no ha quedado casi nadie, la verdad, de aquellos festivales en los años 70, de las peñas flamencas... Eso sí, el flamenco es universal, es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad como dice la Unesco.

Ch.A.: ¿Cómo te iniciaste en el mundo del flamenco?

N.S.: Yo dejé de estudiar con trece años, me salí en cuarto de Bachillerato y me puse a trabajar en una tienda que tenía mi abuela. Allí escuchaba muchísimo la radio y al salir de trabajar a las ocho de la tarde me gustaba ir por la Covachuela. Allí se reunían una serie de flamenquillos siempre tocando? esta gente me empezó a interesar y luego cayeron en mis manos discos de Camarón, los primeros, que son una maravilla, discos de Paco de Lucía... y entonces me entró una locura por el tema tremenda. Así estaba cuando en el año 72 organizaron un festival en Zamora ¡En Zamora traían a la flor y nata del flamenco! Yo tuve la suerte de enterarme por un gitano, porque en aquellos entonces imaginaros la publicidad, si es ahora y no lo publicitan lo suficiente. Os cuento la anécdota, yo tenía una moto chica y como el problema era volver a las dos o a las tres de la mañana, me armé de valor, me cogí mi moto y me fui para allá.

C. B.: ¿Con qué años?

N.S.: Tenía 16, hacer eso? vine completamente solo por la carretera, imagínate, con una moto pequeña... había zorros, perros, no veías un coche por esa época, ni guardia civil ni nada, si en una de esas me caigo o me pasa algo ahí me quedo? Pero parece que el Ángel de la Guarda me guardó. Fue una experiencia muy bonita, yo aluciné cuando vi en aquellos años tocar a Paco de Lucía con Camarón, que nos podíamos acercar al camerino, que era como si estuvieran aquí con nosotros, cercanos... Después de eso era todo alegría, yo seguía trabajando, seguía tocando?

Ch.A.: ¡Aprendiste tú solo! ¿Te gusta dar clases, Nano?

N.S.: Yo soy autodidacta, aprendí de ver tocar, de tocar, eso lo hace la afición. Hay que tenerla para estas cosas. A mí me gusta dar clase a la gente que tiene afición de verdad. Los hay que te ven tocar y dicen "Esto veo, esto quiero" y a veces son tan ignorantes que piensan que es fácil, que en cuatro días aprenden. Yo si veo a una persona que tiene afición, le enseño y encima ¡Es que ni le cobro! Le enseño todo lo que pueda porque yo no tuve esa suerte, aunque a veces sí que había un gitanillo al que le caía bien, nos juntábamos en un bar, yo pagaba la ronda y le veía tocar. Los gitanos lo viven desde niños, es la música de sus juergas, de sus bodas, bautizos, cumpleaños... ahora en muchas familias se ha perdido, van con sus equipos de música, la ponen y se arreglan así.

Ch.A.: ¿No echas de menos haber estudiado música de otra manera, Nano?

N.S.: Sí, pero es que eran otros tiempos. Yo hice la mili en Matacán y como era músico, me mandaron a la banda, me dieron una trompeta, me enseñaron y hasta la hice tocar? Siempre me ha quedado esa cosa de la trompeta, aunque mi instrumento es la guitarra, siempre la guitarra, que te exige mucha dedicación, mucho tiempo. Y sí, lo he echado de menos, cuando dije en mi familia que quería estudiar música me llevaron a una maestra, pero entonces no había partituras y ella misma me decía que estaba perdiendo el tiempo porque la música que a mí me interesaba no se podía estudiar de la manera que se estudia ahora, que hasta hay una cátedra de flamenco. La gente de "Entevía" aprendió mucho viéndome tocar en un bar, el padre de Amos Lora, gran guitarrista, venía del mundo del rock y se interesó por la guitarra, aprendió conmigo y luego sacó la carrera profesional del conservatorio? Ahora es distinto, eso sí, lo que es igual es que cuando el flamenco te toca?

Ch.A.: A ti te tocó, pero no te fuiste a Madrid a hacer carrera?

N.S.: A mí no me gustaba Madrid, me decían, "Vete a Madrid que es donde está todo" y yo lo entiendo, pero no la he soportado jamás por la polución, por lo grande que es? Yo me marché a tocar al extranjero, así, a mi libre albedrío. Tengo un hermano cinco años menor que aprendió conmigo, aunque ha sacado su propia forma de tocar y con él me iba, donde nos contrataran, Holanda o Suiza? Y cuando volví de Suiza en los 80, la primera persona que me llamó para dar clase fue el cura de Puente Ladrillo, el cura Romo, que pensaba que lo mejor para los gitanos era su música. Alguien le habló de mí y allí empecé a dar clase a los gitanos. Luego, se formó otra Asociación Gitana, además de la que ya existía de Juan de Dios Ramírez Heredia. Y un grupo de gitanos cultos me animaron a ir con ellos y se solicitó a la universidad un lugar, y nos habilitaron lo que había sido la Escuela Sindical para dar clases de guitarra, de baile, el carnet de conducir para analfabetos, actividades de integración a las que podía ir cualquiera relacionadas con el mundo gitano.

Ch.A.: ¿Por qué es tan complicado trabajar con alumnado gitano, Nano?

N.S.: A veces el problema está en que se crían muy anárquicamente y hay que inculcarles que cuando están en grupo, juntos, hay que estar bien, que para todos café, que no pueden hacer lo que quieran porque si no, no hay orden, no hay concierto y no se aprende nada. Yo no tenía problemas, pero tenía que decir a veces: "Suave, señores, aquí venimos a aprender, o nos respetamos o no nos respetamos. Aquí hay libertad, si no quieres aprender, vete". Vivimos entonces un tiempo de gran conciencia social que ahora siento que es diferente, aunque el Secretariado Gitano hace una gran labor.

Ch.A.: Estáis a punto de sacar un disco donde se unen la música folclórica charra y el flamenco charro ¿Cómo empezó este maridaje?

N.S.: Estamos ahí, a las puertas. Yo en el 2002 había participado en un disco de grupos salmantinos que financió Caja Duero, "Cielo de músicas". Ahí se nos pidió un tema libre y otro charro, yo elegí "La Chana" y fui con Pepe Gil Cacho de tamborilero. Él había grabado una canción que se llamaba "La Castaña" a principios de los 90, que fue muy conocida. Estábamos Emilio Salazar a la voz, Antonio Salazar en el cajón, metimos a un violonchelista, muy amigo, Eelco Haak y un buen bajista que era Antonio López. El arreglo de "La Chana" gustó, mucho, muchísimo, tanto que en una ocasión, contratados para tocar en una fiesta, Cid Cebrián, que estaba de invitado, nos dijo: "Me haríais un favor si me dejarais tocar con vosotros esta canción". Ya sabéis que José Ramón lleva siempre consigo la flauta y el tamboril, entonces nos pidió que le dejáramos hacer el acompañamiento. Fue una cosa estupenda y él nos empezó a empujar, a pedirnos que arregláramos algunos temas más, a buscarnos actuaciones y preparamos más temas, empezamos a tocar en actos como "El Bolsín Taurino" y a aumentar el conjunto hasta formar "Charros y Gitanos".

Ch.A.: Cid Cebrián dice que es un maridaje de músicas muy cercanas y tiene razón.

N.S.: Las ganas de hacerlo salieron de José Ramón. Mi música de corazón es el flamenco, soy salmantino y me gusta lo charro y lo he escuchado toda mi vida, pero reconozco que el que ha motivado todo esto es él, José Ramón Cid Cebrián, que ha ido metiendo todos los ritmos de lo charro en los ritmos del flamenco, que no es fusionar, que es más bien casar.

C.B.: Habéis conseguido un magnífico espectáculo, con la bailaora Alicia Almeida, los hermanos Salazar, Poldo y la charra... ¡Para qué más!

N.S.: Todos los temas que hacemos son de origen folclórico charro, el flamenco, en cuanto a ritmos, es más peliagudo que el charro. Con "La Chana" hice mis pinitos mezclando lo charro y la bulería, como lo hizo Pepe ¡El que no había hecho ningún pinito con esto era José Ramón! Él se quedó impresionado con la forma de cantar gitana, como alargan más, como cantan en el contratiempo del compás. José Ramón es un buscador nato y ha hecho un trabajo increíble uniendo estas músicas tan cercanas. Vio un filón que no había explorado nadie y que es nuestro. Al final, con la música, el cante, el baile charro y la bailaora queda un espectáculo sonoro y visual que es todo un extra, yo digo que es un paquete de Christian Dior. El concierto de la Casa de las Conchas tuvo una energía especial porque la gente, después de la pandemia, tenía ganas de música en directo y había corazón.

Ch.A.: Tocaste de una manera? Y Dalila y Aaron Salazar estuvieron soberbios. Nano, José Ramón me ha dicho que te pregunte dónde había flamenco en los años en los que tú empezaste.

N.S.: Había flamenco en muchos sitios, en La Covachuela, por ejemplo, en los locales debajo de los portales, en Los Carniceritos, en Los Limoneros cuyo dueño era íntimo amigo de Farina. Nadie ponía objeciones a que la gente tocara. Había un bar cerca de la Universidad, el Elorza, y su dueño, vasco, asesor de la plaza de toros, tenía la guitarra en el bar y enseguida sacaba una botella de un vino negro de Cariñena, ese que te caía una gota y la mancha no te la quitabas en la vida y enseguida se ponía a tocar? También os digo que entonces no existían las drogas, cuando entraron las drogas se acabó aquello de tocar en los bares.

Ch.A.: Qué daño hizo, y sobre todo a los gitanos, la droga ¡Y hace!

N.S.: Eso fue una lacra, un desastre, una tragedia para el pueblo gitano. No tengo palabras para describirlo. El gitano se buscaba la vida en el campo, en la chatarra y de repente se engancharon a eso y con la ignorancia cayeron todos? los mayores porque vendían y los hijos porque se metían. La droga acabó con el respeto, con la cultura, acabó con todo, y anda que no hemos perdido gente además de Camarón.

Ch.A.: Vamos a dejar lo triste... ¿Se puede vivir de la música, Nano? ¿Qué haces ahora además de "Charros y gitanos"?

N.S.: Se vivía, se vive? conciertos, contratos, dando clase, tocando donde te llaman, saliendo fuera. Ahora toco con el nombre de "Patio Chico", como el grupo que tuve, que como ensayábamos aquí, de aquí nos quedó el nombre, que recuerdo que un día nos grabaron y aquello circuló por todas partes. Estamos mi hermano Javier y yo de guitarras, Dalila Salazar al cante, Monsi Bermúdez a la percusión y Alicia al baile.

Ch.A.: Qué ganas de veros, ojalá actuéis mucho este verano. Nano, es un privilegio verte tocar en directo, y hablar contigo, también.

N.S.: Yo soy de pocas palabras, la charla la concibo mejor con una guitarra en las manos para poder expresar todo lo que quiero decir. Cuando se echa la noche, en buena compañía, con una guitarra? esa es la conversación más bonita.

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