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¿Tiene futuro nuestra Constitución? Entrevista a Alfonso Guerra
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¿Tiene futuro nuestra Constitución? Entrevista a Alfonso Guerra

OPINIóN
Actualizado 17/05/2021
Antonio Matilla

¿Tiene futuro nuestra Constitución? Entrevista a Alfonso Guerra | Imagen 1

Respuesta provisional: sí

He leído con agrado la entrevista que Jorge Bustos y el fotógrafo Carlos García Pozo ("una imagen vale más que mil palabras", que es una frase que colea desde principios del siglo XX en todos los idiomas) han realizado a D. Alfonso Guerra en El Mundo. Reconforta comprobar que un octogenario conserva la chispa, la lucidez y el sentido común de cuando tenía treinta y tantos años. Me emociona también el respeto que manifiesta hacia Adolfo Suárez, hacia Fernando Abril Martorell, el otro gran muñidor del texto constitucional por parte de "la derecha" y el encendido elogio político que hace del rey Juan Carlos I, salvador de la democracia por dos veces: la una, cuando no quiso retener el poder absoluto que le había concedido Franco, sino devolverlo a su legítimo propietario, el pueblo español, y la otra, con el discurso que consiguió emitir en TVE en la madrugada del 24F 1981, después del cual ?yo al menos- todos pudimos irnos a dormir. Eso no obsta para que la intacta lucidez de Alfonso Guerra reconozca que si hay problemas fiscales la Justicia intervenga y descarte de un plumazo la importancia política de los líos de faldas del rey.

Por mi parte, limitaré los comentarios espirituales o morales para recordar una sentencia de San Ignacio de Loyola: "en tiempo de desolación nunca hacer mudanza", aunque él no la aplicaba a la política, sino a la vida espiritual, animando a recordar los "buenos tiempos" cuando el alma del creyente estaba centrada en Dios, llena de esperanza y de amor a Dios y al prójimo. Pero como la fe cristiana ha cogido la costumbre de hacerse cultura, es decir, de configurar nuestro pensamiento y repercutir en nuestras obras, pues bien podríamos aplicarla a la relación de los políticos españoles y del pueblo español en general con nuestra Constitución. Que estamos en tiempos difíciles, de "desolación" política, es evidente, con muchos síntomas, pero sólo insistiré en alguno citado por D. Alfonso Guerra en la entrevista: la deslealtad de los nacionalistas que, combinada con una cierta ingenuidad de los padres de la Constitución, nos han llevado al desasosiego actual, con golpes de estado incluidos, ya perpetrados o "en procès" d'ello. Y utilizo esta expresión medieval para referirme indirectamente a los privilegios y foros, constitucionales pero medievales, de que gozan algunas comunidades norteñas.

Una democracia asentada no necesita reformar su Constitución, salvo en pequeños retoques, por ejemplo que la hija del rey Felipe VI pueda acceder, Dios quiera que lo más tarde posible, porque su padre conserve una buena salud personal y política, a la Jefatura del Estado, porque una Constitución no es dogma de fe ni es inamovible. Inamovibles no son las Constituciones de EEUU (1787, con enmiendas), Italia (1948), Alemania (1949) o Francia (1958). Si nuestros vecinos no tienen prisa por cambiarlas ¿hemos de tenerla nosotros?

Uno de nuestros problemas reside en la excesiva juvenilización de nuestros máximos líderes. Ser joven está de moda en ?casi- todas partes, excepto en Italia, cuyo Primer Ministro es quinto mío y tiene toda la pinta de erigirse en el máximo líder europeo, tras la jubilación política de la Sra. Merkel.

Dicho todo lo cual, añadiré un deseo ahora que parece imposible: para mantener vigente y viva nuestra Constitución es imprescindible un entendimiento entre los dos grandes partidos del arco parlamentario, llegando incluso a una coalición ampliada a otras fuerzas políticas constitucionalistas que, si ha sido posible en Alemania y lo está siendo en Italia, no veo por qué no podría resultar en España. Bueno, tal vez cuando dejen la arena política algunos de los líderes actuales. D. Pablo Iglesias Turrión ya ha comenzado dando ejemplo.

(la foto es de una edición popular de la Carta Magna)

Antonio Matilla, ciudadano.

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