Viernes, 21 de enero de 2022
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Solo tiene un nombre: maldad

Solo tiene un nombre: maldad

OPINIóN
Actualizado 17/05/2021
María Jesús Sánchez Oliva

El maltrato de los hombres a las mujeres, incluido el asesinato, no es un fenómeno de nuestros días como suele creerse, existió siempre, aunque eso sí, antes se animaba a las víctimas a ocultarlo y ahora se las anima a visibilizarlo. No cabe duda de que visibilizar el problema tiene más ventajas que ocultarlo, pero algo está fallando entre una cosa y la otra para que cada tercer día y el del medio nos levantemos con la terrible noticia de que una mujer ha muerto a manos de su marido, pareja o lo que sea. En estos tiempos, en los que todo se analiza con detalle y para todo hay explicaciones, los entendidos insisten en que el problema obedece a un machismo de siglos que solo se puede erradicar con un cambio de mentalidad a base de educación, cultura, sensibilización social y no sé cuantas inútiles florituras más. Aunque esté mal visto decirlo, el comportamiento de estos individuos solo tiene un nombre: maldad, maldad que, en el mejor de los casos, queda de manifiesto cuando con tal de matar a su mujer, son capaces de matarse ellos después, y en el peor las castigan matando a sus hijos o matándolas en su presencia. ¿Se adelanta algo cambiándole el nombre?

Ante la alarmante cifra de mujeres asesinadas se tomaron medidas legales y se habilitaron ayudas económicas para acabar con esta lacra que no tardó en convertirse en un problema social. Me niego a pensar que legisladores, gobernantes, jueces, policías, guardias civiles, sicólogos y trabajadores sociales no realicen su labor mejor incluso de lo que pueden, pero a veces, quizá por desconocimientos jurídicos, tengo la impresión de que en algo nos estamos equivocando. A saber:

Las órdenes de alejamiento. Parece cierto que a las víctimas se las protege con dispositivos que alertan a quien corresponda en caso de peligro. Si dichos dispositivos son tan útiles como se dice lo normal sería que se obligara llevarlos a los maltratadores para controlarlos, vigilarlos, seguir sus pasos y tenerlos localizados en todo momento y lugar. Exigirles que no se acerquen a las víctimas con un papel firmado es como exigirle al viento que no nos despeine.

La custodia de los hijos. Está demostrado que uno de los elementos de la maldad es la venganza y los maltratadores se vengan de sus exmujeres haciéndoles daño con lo que más les duele, que son, en todos los casos, los hijos. Miedo da escribir la cifra de niños asesinados por sus padres o parejas de sus madres desde que se registran datos. En este momento todos vivimos preocupados por el destino de las dos niñas tinerfeñas que llevan dos semanas? queremos pensar que secuestradas por su propio padre. ¿Cómo es posible que estos individuos tengan derecho a ver a sus hijos y a llevárselos tranquilamente un fin de semana o unas vacaciones? ¿A qué se espera para cambiar las leyes? ¿Cuántos niños tienen que morir a manos de sus padres para que acabemos de enterarnos de que los malos son malos hasta con sus hijos?

Los medios de comunicación. Los profesionales de la información hacen lo que deben hacer: informar. Pero esta información, desgraciadamente, tiene dos puntos negativos: los maltratadores, movidos por la envidia, que es otro elemento de la maldad, cuando se enteran de un crimen, parece que se animan a convertirse en asesinos, y no es la primera vez que el día del asesinato de una mujer es la víspera de otro, y las víctimas, convencidas de que borrando de sus móviles la llamada de auxilio, se confían demasiado y con frecuencia lo que consiguen es precipitar el fatal desenlace, porque los maltratadores son malos, no tontos. De ningún modo se debe dejar de animarlas a denunciar, pero también deben saber que esto no significa que ante el peligro cuenten con una corte de ángeles para salvarlas, porque las amenazas, quizá porque seguimos sin admitir que hay padres capaces de matar a sus hijos o dejarlos huérfanos, no suelen ser creíbles por muy graves que sean, y hasta que no las maten, no se puede hacer nada.

La última víctima es ejemplo de ello. La mujer había denunciado, cumplía todas las normas establecidas, seguía todos los consejos al pie de la letra, el día antes había acudido a su ayuntamiento a pedir auxilio, pero nada impidió que muriera a puñaladas de su marido.

No se trata de responsabilizar a nadie. Los únicos culpables de este y de todos los crímenes de mujeres son los que matan. Pero sí nos corresponde a todos dejar de conformarnos con los tres días de luto oficial y las manifestaciones de repulsa y empezar a exigir que se revisen las leyes.

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