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En el Parque de la Alamedilla vuela una Victoria misteriosa…
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Itinerario salmantino XXVII

En el Parque de la Alamedilla vuela una Victoria misteriosa…

CULTURA
Actualizado 22/01/2021
José Amador Martín y Charo Alonso

Hormigón negro, hormigón blanco, las obras de Casillas tiene un sesgo de juego, un júbilo de infancia

Caen la nieve y la lluvia en el jardín de todos, en el parque público que fue campo de labranza comprado por el consistorio en el 1882 para solaz de una Salamanca que crecía hacia el tren. La Alamedilla, jardín vallado, tuvo su éxito, su abandono, su resurgimiento en 1948 como marco de las Ferias de Septiembre y su primera remodelación hacia la modernidad en 1963, cuando se tiraron los muros y se le dio sus rasgos de identidad: el estanque de los patos alrededor del qEn el Parque de la Alamedilla vuela una Victoria misteriosa… | Imagen 1ue pasa nuestra vida, el parque infantil, las estatuas de Agustín Casillas?

Tiene el fotógrafo Amador Martín una querencia tenaz por la obra del escultor salmantino, y detiene su mirada y objetivo para acariciar las esculturas que ornaron este rincón tan especial de la ciudad letrada, entregada a Casillas no como un encargo, sino como un regalo. Y la ofrenda, a su vez, fue hecha por el artista a una Salamanca que, a pesar de los cambios y los tiempos, sigue disfrutando de algunas de estas obras sugerentes y singulares, fijas en nuestra memoria de siempre.

Admirador de Henri Moore, el maestro Casillas sabe recorrer el cuerpo femenino con la delicadeza de lo oculto y apenas pronunciado. De ahí que sus mujeres tengan la estilizada simplicidad de una escultura de curvas, oquedades, sugerencias, líneas ondulantes que dejan al espectador la caricia de la sutileza. Y más en un parque público dedicado a la familia, al reposo y a la contemplación, por eso su "Mujer tendida" se abandona al descanso de su cuerpo, mientras con el dedo dibuja en la arena una llave con la que se abre el jardín. Porque quiso el escultor que esta fuera la obra que introdujera el parque, invitación delicada y secreta de una dama de desnudez cercana y entrevista, como esa Europa de aires grecolatinos que se sube al toro que es Zeus para cabalgar el espacio de nuestro recreo.

Hormigón negro, hormigón blanco, las obras de Casillas para nuestro parque tiene un sesgo de juego, un júbilo de infancia. Mármol para la foca y el pez en el que los niños "se suben a los columpios" inocentes y alegres mientras el paseo nos enseña a una "Diana Cazadora" que rinde la testuz del animal o una "Europa" que surca las olas sobre la grupa de Zeus. Ya nada queda de los ciervos que bebían al lado del estanque de los patos, desaparecidos como la Diana de suaves redondeces. El tiempo nos hurtó algunas de las obras, pero no el espíritu lúdico, festivo, didáctico del proyecto del maestro? un proyecto que, entre los setos y la umbría del antiguo jardín remodelado hace bien poco, guarda el misterio de una pieza diferente que todos adjudicamos a Agustín Casillas sin reparar en esa nervadura insólita, en esa tensión tan lejana a las suavidades acariciadoras de las mujeres que son parte de la obra del En el Parque de la Alamedilla vuela una Victoria misteriosa… | Imagen 2maestro como su magistral "Náyade".

Porque en un rincón del parque, dispuesta al vuelo, mora una figura femenina de largos cabellos, formas desnudas definidas y tensas ¿Qué empeño grecolatino tiene esta desgarrada, fortísima Victoria sin Samotracia? Casillas, quien había elegido los temas animales y clásicos para el jardín de todos, parece que descubrió en los depósitos municipales una réplica que le gustó, cuenta Lydia Casillas, hija y guardiana de su memoria, por lo que pidió permiso para arreglarla y colocarla, como también recuerda Santiago Juanes en su libro sobre la escultura pública salmantina publicado en el 2008.

¿Cómo llegó esta estatua, quizás una réplica en piedra blanca, a los almacenes municipales? Una pieza a la que se acompañó de un escudo de Salamanca y dos bolardos que pertenecían a la Plaza Mayor, una pieza cuyo original le pertenecía al escultor palentino Victorio Macho, autor de la imagen de Miguel de Unamuno, de quien era amigo, que habita en las neoclásicas escaleras del Palacio de Anaya.

Nacido en 1887, el artista palentino era bisnieto de un cantero que realizara muchas de las fuentes de los pueblos salmantinos. Un artista amigo de los intelectuales del 98 y del Novecentismo, casado con la hermana del último amor de Antonio Machado, Guiomar, la poeta Pilar Valderrama. Exiliado en América, su vuelta le radicó en ese Toledo anclado a la piedra que vería morir, en 1966, al considerado precursor de la escultura contemporánea española, autor del monumental Cristo del Otero en su ciudad En el Parque de la Alamedilla vuela una Victoria misteriosa… | Imagen 3natal. Victorio Macho, había realizado la estatua al rector de Salamanca en su destierro de Hendaya en 1929, obra que se situó en Anaya en 1934, pidiéndosele con posterioridad al maestro una réplica de la cabeza por parte del consistorio bilbaíno que, y esa es otra historia, acabó en el fondo de la ría. Macho, muy vinculado a los escritores ?suya es la estatua en Madrid de Galdós- fue el encargado de realizar un grupo escultórico en memoria de Juan Sebastián Elcano en su ciudad natal de Getaria, y de ese proyecto nace nuestra misteriosa Victoria.

Una figura inspirada en la Victoria de Samotracia, con olas y ondas alrededor de sus piernas y una hechura que recuerda los mascarones que adornaba la proa de los navíos. Navíos de los que poco quedó, pues fue la Nao Victoria la que llegó a completar esa vuelta al mundo que aún nos asombra. La idea de recrear la estatua clásica tenía en el escultor, una lectura simbólica.

¿Cómo acaba una réplica de esa pieza no tan conocida en un depósito municipal de Salamanca? ¿Qué le vio el maestro Casillas para incluirla en su proyecto, mimarla, restaurarla, hacerle un sitio entre las suyas? Nuestra Victoria, a punto de desprenderse de la piedra de la que es parte, a punto de hendir las aguas del jardín para irse lejos, despierta la mirada y el objetivo de Amador que la hace aún más alada, más etérea, más desnuda. Y en sus fotografías parece verdaderamente volar y surcar los mares, surgida de la piedra, habitante del agua que la rodea, liberada de todo ropaje. Es una pieza de una tensión que se palpa, que se siente, que nos arrebata. Como arrebatada es en su intento de partida. Misterio en piedra, historia que necesita ser desvelada, entre las brumas de un tiempo de esforzados canteros de la belleza? a mayor gloria del jardín nuestro.

Amador Martín, Charo Alonso.

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