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María Salud Parada, curva y arista
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Itinerarios salmantinos, IX

María Salud Parada, curva y arista

CULTURA
Actualizado 04/09/2020
José Amador Martín y Charo Alonso

Es la escultora nacida del berrocal de Ávila que puebla nuestras calles de ese aire suave, tierno, que se impone a la rotundidad de la materia

Desde niña, supo María Salud Parada Morollón de la magia de los colores, el aire del trazo casi aéreo, la densidad del barro entre las manos. En San Eloy, de la mano de Domingo Villar, la escultura, peso y volumen, se impuso en su camino de artista, su dura tarea de hacedora de ese arte democrático que es de todos, al intemperie de las miradas, el frío, la lluvia y la caricia del tiempo.

Salud Parada Morollón es la escultora nacida del berrocal de Ávila que puebla nuestras calles de ese aire suave, tierno, que se impone a la rotundidad de la materia. Y tiene la cara de la Monja Bonifacia una placidez cercana, y tienen las cabezas de su homenaje a los hombres y las mujeres del campo una rotundidad amante. En la Plaza que no lo es, entre nuestro espacio románico y denso de bosque de San Cristobal y la vertiginosa vía de Canalejas y sus casi cinco carriles, el rincón recogido guarda una de las estatuas más hermosas de esta ciudad de escondidos secretos. Y Salud Parada nos regala este abrazo de figuras casi abstractas, volumen de amor que se entrelaza, el hombre grande, protector, tierra que abarca. La mujer no recogida, sino juncal, individualizada. Pareja de dos que son uno mirando al cielo, como se titula este conjunto de amor en el bronce eterno que surge desde el 2005 del suelo salmantino.

"La escultura es física, es curva y arista, es cálculo, es materia", con el soplete en la mano, en su estudio de escultura, Salud Parada es dueña de la materia, del oficio, de las tres dimensiones. Sus cuadros, pintados con el hombro del escultor, de arriba abajo, mezclan los colores, dejan asomar un trazo poderoso? son absolutamente originales. Su escultura, figurativa y abstracta a la vez, juega con los volúmenes y deja entrever un rasgo particular que se destaca entre la curva, que se identifica como un gesto absolutamente Parada, fluido y capaz de mostrar la humanidad del modelo, el rasgo precioso que nos recuerda a las infantas leonesas, a la monja entregada, a la pareja que mira al cielo, los cuellos enhiestos como espigas hacia arriba. Tiene esta escultura la originalidad, la destreza del oficio y también, de la particularidad del genio que se entrega, escultura pública, a la democrática participación de toda mirada. Mirada que se detiene en el gesto, y sobre todo, en el detalle peculiar de su particular poética? el perro tendido a los pies de la pareja protagonista, el perro como un vértice que sostiene el equilibrio de la estatua. A sus pies dormido, a sus pies atento, a sus pies protegido y protegiendo, el perro esculpido por la autora tiene una viveza de la que no es ajeno el paseante veloz de esta placita escondida en la avenida rápida, ni el fotógrafo que se recrea en las cabezas, expresionistemente calvas de la estatua. Es el ladrido quieto, callado, de una forma tan cercana como inesperada.

Tiene Salamanca mucho que mostrar ante el objetivo de Amador Martín. Sus rincones secretos, sus habitantes constantes, su luz particular sobre volúmenes y sombras arboladas. Muchas calles, placitas, recoletos rincones del pasar rápido, del transcurrir lento, del paseo solitario y demorado buscando el arte de los escultores. Amador no deja el detalle de la calle, el secreto y objeto de un ejercicio constante de amor por la ciudad letrada. Y recorremos con él la lista, generosa, de los artistas salmantinos, los autores de esas figuras que habitan los rincones por los que paseamos. Salud Parada nos ha regalado una pareja que se ama sin fisuras. Se aprieta con cariño, se protege en igualdad de condiciones. A sus pies, el perro descansa al abrigo de su sombra. Y Amador nos recuerda que la ciudad está habitada, que es la belleza quien se encarna en estas figuras quietas que nos acompañan.

Amador Martín, Charo Alonso.

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