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Shin Maruyama, poesía de tinta para pintar el alma 
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ENTREVISTA

Shin Maruyama, poesía de tinta para pintar el alma 

CULTURA
Actualizado 23/08/2020
Charo Alonso

La pintura de Maruyama, hasta con motivos típicamente salmantinos, es un paisaje del alma japonesa, de la tradición, la sabiduría budista, el equilibrio con el que mantiene quieto el pincel lleno de tinta

En el exquisito espacio expositivo de la Galería Luis Méndez, el pintor japonés Shin Maruyama hace poesía con todos los estados del agua: la nieve sólida de su impresionante paisaje helado, el vapor de la cascada que rompe contra la piedra, el azul profundo que nos refresca en la hondura. El color como una ofrenda y la tinta monocromática de la pintura Sumi-e, el estilo pictórico de origen chino que se practica en Japón desde tiempos ancestrales, ligada al taoísmo y al respeto de la naturaleza que se detiene en papel para fijar la belleza.

Shin ¿Cómo se pinta el agua? ¡Qué hermosos los poemas que acompañan los cuadros!

Pintar el agua es muy difícil, y más en blanco y negro, pero aquí quiero pintar la fuerza del agua. Un poema es de mi maestro Daisaku Ikeda y el otro de Francisco Acuyo. Yo buscaba una cascada, y salió un haikú que no es japonés, un haikú es tres, siete, tres?

"Música de agua:/en silencio se observa/luz en nada". Shin Marayama no necesita un castellano perfecto, suya es la empatía con el otro, la delicadeza, el trato y el trazo exquisitos. Suyo el cuidado con el que elige los versos de su maestro budista con los que recrea su pintura: "Como la cascada, majestuoso/Un hombre debe tener/el digno porte de un rey".

¿Su maestro es pintor, Shin?

Mi maestro no pinta nada, es filósofo. ¿Es muy oriental eso de tener un maestro? Nosotros no lo vemos así. No es verdad, usted tiene a Elena, Elena Poniatowska. Ella es su maestra en la vida. ¡Se ha informado sobre mí! Y es verdad ¿Podemos tutearnos? ¿Cómo te comunicas con tu maestro? Sí, podemos. Mi maestro anima

muchísimo a la gente, y me enseña, nos enseña con sus escritos. Es mi mentor y me alienta cada día. No es como el Papa, no es una figura ¿Religiosa? Es una persona normal, con humor también? es? ¡Es un gran tipo! Tiene una asociación para la paz, Soka Gakkai Internacional, que estudia los caminos del Budismo y la filosofía oriental que está en 192 países.

¿Qué tiene la filosofía, la cultura oriental que nos atrae tanto a los occidentales?

¡No sé! Yo en Japón aprendí pintura occidental y aquí hago pintura japonesa, vuelvo a mis orígenes ¿Por qué será? Algunos occidentales son más orientales que nosotros, yo sabía antes menos de mi cultura que ahora. Es bueno aprender de otras cosas.

¿Cómo fue llegar a Salamanca?

Llegué en año 92. Pensaba viajar por España uno o dos años y aprender español ¡Era muy tonto! Es una lengua muy difícil y después de dos años no podía entender nada, no podía hablar nada ¡Tuve que quedarme más!

Carmen Borrego: ¿Viniste a España porque estudiabas arte occidental en Japón?

Sí, antes de venir vi una exposición de arte contemporáneo español, por eso quería venir aquí. Vi cuadros de Antonio López ¡Guauuu! Y no solo Antonio López, Sorolla? Y un pintor japonés que vivía en España, yo decía ¿Cómo puede pintar así? Quería conocerle. Era Gustavo, Tsuyoshi Isoe, murió en el 2007 ¡Era muy realista! Yo quería vivir en Madrid pero los alquileres eran muy caros. Entonces mi paisana me dijo "Ven a Salamanca, es más barato y puedes aprender castellano bien". Y en dos años no aprendí nada de nada, entonces cambié de idea para quedarme más tiempo y aprender pintura otra vez. Fui a San Eloy, allí pintaba con Pilar Hernandez. Conocí a muchísima gente a través de la pintura. Quería convalidar mis estudios en Japón y volví a Bellas Artes. ¿Y ahora? Ahora mitad salmantino. Me gusta Japón, me encanta Kioto, pero ahora vivo aquí. No tengo palabras, tengo aquí mi familia, mujer, hijo, tengo mi estudio, tengo mi casa.

Y eres un profesor de pintura muy especial ¿Enseñas la técnica del Sumi-e u otras técnicas? ¿Qué busca la gente que va a aprender pintura?

De todo, enseño Sumi-e y todas las técnicas. Doy clases a asociaciones de cultura y en mi estudio. La gente quiere aprender acuarela y es, no quiero decir complicado, es muy bonito, muy espontáneo si sale ¡Pero no sale! La gente piensa que si pinta ya sale, pero no, entonces, la gente deja. Mi trabajo es animar, que sigan, que no dejen. En pintura hay que perder tiempo, perder papeles ¡La gente tiene miedo también! Mi trabajo es romper este miedo.

Pintar es un ejercicio de paciencia, no hay que tener prisa.? ¿Son mejores alumnos los niños o las personas mayores?

Los dos. A mí me encanta la pintura de niños y yo nunca enseño? no digo casi nunca "Esto así, así así", nunca. Hay que salir de cada uno, yo respeto, doy materiales, temas también de vez en cuando? Eso sí, la mayoría de niños ya los tiene, dicen ¡Quiero pintar esto! La gente mayor yo pienso que quiere disfrutar de pintar, cuando pinta se olvida de todo, y yo lo respeto, les despierto. No quiero decir ¡Eso está mal! y la gente me dice "¡Tú nunca me dices donde está mal!" Nunca. Yo les digo "Puedes llevarlo así, puedes llegar hasta ahí", porque si digo que está mal no se pueden soltar, esa es mi filosofía.

Es difícil conocer todos los intereses de los alumnos ¿Qué parte tienes de psicólogo?

Es difícil para mí, yo no quiero hacer un grupo. Quiero tratar a cada uno de forma diferente. Tampoco quiero que mi estilo esté en ellos. Primero hay que tener fe y creer en mi capacidad. Si creo en mí puedo creer en los demás también. Y el límite, cada uno pone límite. Si dices "yo no puedo" hay que romper ese límite. No quieres que tu estilo influya en tus alumnos.

Y el estilo de tus alumnos ¿Te influye a ti en tu pintura?

Naturalmente sale, pero yo tengo una cosa clara: quiero pintar bien. Que cuando pinte, sienta algo. Que cuando la gente vea mi pintura sienta algo también. Algo llega al corazón. No ¡Ah, qué bien, qué bonito! ¡No, qué bonito, no! Es para llegar al corazón, con mi pintura quiero animar, alentar?

Lo consigues, porque nosotras no te conocíamos. Vimos tus cuadros y entonces queríamos hablar contigo. A mí me parece que nadie pinta el agua como tú, ese azul?

Tengo ganas de preguntar cuando la gente ve los cuadros ¿Qué sientes? ¡Ah, qué bonito! No ¿Cómo sientes, cómo te trasmite algo? Me interesa mucho esto. Gracias. Gracias.

La pintura sumi-e retrata la naturaleza ¿Qué relación hay entre la pintura y la filosofía?

La naturaleza, mi maestro me enseña que nosotros somos una parte de la naturaleza, En el universo hay espacio y tiempo, no lo podemos imaginar, y nunca para, en un segundo según mi maestro, recorre 30 kilómetros. Dice que el universo tiene vida y esta fuerza está en nosotros que somos un pequeño universo, si crees en eso puedes romper límite, puedes vivir amor compasivo, tener sabiduría. Cada uno puede sacar una parte de ese universo.

Es muy curioso ver la silueta de Salamanca tan conocida como si fuera un paisaje japonés.

La pintura Sumi-e pinta la naturaleza, sí, lo que ves. Hace tiempo hice retratos en la calle para ganar dinero, yo no sabía nada de hacer retratos, pero iba a las ferias, se ponía mi esposa y yo la pintaba. La gente decía ¡No se parece nada! Pero gracias a mi filosofía, el budismo, sé que hay que cambiar lo negativo por lo positivo, que el veneno se convierte en medicina. Te dicen algo negativo, pero si la gente dice "está mal" hay que pensar "Tengo que pintar más para hacer mejor".

Nosotras pensábamos que íbamos a entrevistar a un pintor y hemos encontrado un filósofo ¿Escribes poesía? ¿Escribes estas reflexiones tuyas?

No, yo para escribir malo, malo, malo? ¡En japonés también!

¿Y ahora pintas retratos?

Sí, pero miro a la gente que retrato, miro y escucho. Pinto mis retratos y sin darte cuenta estás buscando a veces lo que quiere la gente, lo que te dice. Es especial, el retrato. Pero yo quiero pintar mi pintura. Es mi pintura, sí, mi pintura. Soy libre, Yo doy todo con mis alumnos, voy a dar clase donde me invitan, por ejemplo, mi vecina trabaja en el Centro Reina Sofía y he dado clase allí. Hago retratos? pero quiero hacer mi pintura, y no para vender cuadros, mejor venderlos, claro, pero de matemáticas y números nada?

¿En qué técnica te encuentras más cómodo? ¿En qué temas?

Sumi-e, acuarela, óleo? paisajes, retratos ¡Todo! No hay límites, es como vida, cada uno puede romper con ayuda, con fuerza. Quiero ver el paisaje, pintar el paisaje.

El cuadro que te gusta tiene agua que refleja los árboles ¿Qué sientes cuando ves ese cuadro?

Siento la protección de la belleza. Nadie pinta mejor el agua quieta.

Dicen que no hay maestro más cálido y cercano, más respetuoso y entregado que Shin Maruyama. Suyo es el dominio de una técnica ancestral traída por los monjes budistas zen al Japón, país fascinado por la belleza natural, por el gusto por la armonía y la delicadeza. La pintura de Maruyama, hasta con motivos típicamente salmantinos, es un paisaje del alma japonesa, de la tradición, la sabiduría budista, el equilibrio con el que mantiene quieto el pincel lleno de tinta. Es el más puro taoísmo frente al caos y a la prisa. Es la pura belleza condensada en una sola gota. Para Maruyama no es técnica, es sentimiento. Es conocimiento, el de su maestro, Daisaku Ikeda y sus enseñanzas diarias, su empeño por conseguir la paz, la armonía con el medio ambiente. La humildad del pintor ya hispano-japonés se inclina hacia el interlocutor, reverencia al maestro? sin embargo, ya es un maestro él con sus palabras, su actitud, su docencia serena, su absoluta generosidad hacia el otro. Dedicación y recogimiento, humildad y entrega. La pintura de Shin Maruyama en la hermosísima galería de los joyeros Méndez, espacio comisariado por Ricardo G. Núñez, es una invitación a penetrar en un mundo del que aprender todo lo que nos hace mejores. Y en la gota de tinta que encierra todo su universo, el pintor sigue su empeño en contener el agua, devolvernos el amor al arte y a la belleza. Ser un hombre bueno. Shin Maruyama.

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