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El miedo te mantiene despierto pero es altamente inflamable
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El miedo te mantiene despierto pero es altamente inflamable

OPINIóN
Actualizado 21/08/2020
Fernando Castaño / Natalia Robledo

No todos los jóvenes van en el mismo saco. De hecho, tengo una amiga de veintipocos que lleva confinada desde febrero, por decisión propia y por responsabilidad con la sociedad a la que pertenece. Aunque al final mi amiga tenía un abuelo que se subía a los tejados, hasta que murió, en perfecto estado de salud, por culpa del confinamiento. Su luz se fue apagando por la falta de alicientes.

Hay mayores que en la residencias preguntaban si en España había otra Guerra, porque no entendían que sus seres queridos dejaran de visitarlos. Poco dice de nosotros como sociedad si el principio de supervivencia se convierte en un absoluto. Imagínense si los sanitarios se hubiesen dejado llevar por ese absoluto y se hubiesen ido a trabajar desde casa. O el conjunto de valientes para los que no hubo teletrabajo, que mantuvieron España en mínimos, pero funcionando.

El confinamiento forzoso del país El miedo te mantiene despierto pero es altamente inflamable | Imagen 1fue una medida dolorosa pero no fue una decisión difícil. Con esto quiero decir que era la respuesta con menos desgaste desde el punto de vista político, que de hecho tomó un comité de expertos secreto que luego no existía.

El mayor temor de un político, hasta el punto de hacerle temblar las canillas, no es el Covid, sino la opinión pública, o sea, ustedes. Por eso siempre vamos a tender a seguirles la corriente.

Dicen los politólogos, encuesta en mano, que el votante puede llegar a perdonar que se le mienta y engañe, pero jamás perdonará que le corrijas y le lleves la contraria. Perdón por la franqueza pero en esta incongruencia tienen ustedes su propio trocito de responsabilidad.

Cuando nos sorprendió la pandemia no había plan. En ese momento estábamos completamente a oscuras. Pero los ciudadanos, como es natural, exigían soluciones inmediatas. ¿Se acuerdan cuando las autoridades públicas contaban que la forma de prevenir un virus que se propaga por las vías respiratorias era ponerse guantes de plástico? Ahora es fácil ver el absurdo, pero que levanten la mano enguantada en látex los que se dieron cuenta. Al final tuvo que venir el Hospital de Vigo a impedir el acceso con guantes, por resultar antihigiénicos.

Ahora que corremos riesgo cierto de perder la vida, y la bolsa, y estamos asustados, deberíamos por propia conveniencia usar más la cabeza y menos la bilis.

El confinamiento forzoso fue la medida adoptada por unanimidad por los países desarrollados, con lo que podemos afirmar con alivio que no fue una decisión a locas, ni tampoco a tontas, como la de los guantes.

Pero ojo, eso no significa que debamos pontificar ni dejarnos convencer de la superioridad moral de dicha medida, que antepone salud a economía. El político debería de cambiar su lenguaje y aprender a ser más preciso, y sobre todo alejarse del tremendismo puritano que no conduce más que a acrecentar la confusión.

El confinamiento no salva vidas, si acaso evita muertes. También provoca otras. Si creen que las cuentas salen a favor pueden equivocarse. Con esto no me refiero solo al abuelo de mi amiga, sino a los 6.000 niños que a diario y por encima de la estadística murieron en el planeta durante la paralización del primer mundo por no tener acceso a alimentos y a medicamentos. Según UNICEF la mayor crisis de mortandad infantil desde la 2ª Guerra Mundial. Multipliquen por cada día confinados y verán que salen millones de vidas.

Entre los países que no eligieron confinarse los tenemos de 2 tipos: los que escondieron la cabeza como el avestruz y los que se creyeron el quijote. Los primeros, con potencias médicas como EEUU y Reino Unido, tuvieron que corregir y desdecirse mal y tarde.

De los segundos solo conozco a Suecia, que a pesar de ser ricos y poder permitirse hacer un confinamiento como es debido, eligieron la solidaridad por encima de la salud. Pensaron en el daño que a la parte del mundo menos favorecida causaría la parálisis económica. Si es una epidemia mundial también es un problema sueco, se dijeron. Durante lo peor de la pandemia mantuvieron incluso sus fronteras abiertas, aunque lo hicieron para nada, porque entonces no había viajeros, ni ganas de serlo. Le dieron un nuevo significado a la expresión hacerse los suecos. Como poco han dado ejemplo de los que los psicólogos llaman resiliencia y que está ahora de moda y suena muy técnico, pero que es lo que se llama de toda la vida sobreponerse a la adversidad y tirar de frente.

Pero no se confundan, la falta de miedo no te convierte en un valiente sino en un inconsciente. El miedo te mantiene alerta y hace que quieras sobrevivir, y como decía el boxeador más famoso de todos los tiempos, Rocky Balboa, es como un fuego que te va quemando por dentro, si lo controlas bien, entrarás en calor, pero si llega a dominarte te quemará a ti y a todo lo que te rodea. Por eso mismo añadía Yoda que el miedo lleva a la ira, y la ira conduce al lado oscuro. Cada vez que usted se indigne hasta la inflamación sea consciente que el siguiente efecto en la Fuerza es generar opinión pública y la siguiente, la acción de los políticos.

Causa y efecto, porque los políticos acabamos de decretar el cierre por sorpresa del ocio nocturno. ¿Cree usted que dicha decisión se debe sólo a criterios sanitarios o han tenido que ver las imágenes en los medios de irresponsables en alguna discoteca? Pregúntense si han generado frustración y rabia en la ciudadanía, porque si es el caso tengo otra pregunta para ustedes: ahora que también se prohíbe fumar en la calle, ¿qué es más peligroso para usted un fumador o un corredor? El corredor expulsa su aliento a varios metros de distancia. Ya adivinarán cuál será el siguiente paso. Pero hay otro camino.

Si hacen un poco de memoria se acordarán de la historia de Aylan, aquél niño sirio que se ahogó en las costas del Egeo, y cuyo trágico final motivó una oleada de solidaridad y sensibilidad por todo el mundo, forzando a los gobiernos de los países de las naciones desarrolladas a comprometerse con el problema de la inmigración. La opinión pública es también una fuerza de humanidad y amor al prójimo si se usa debidamente.

Usted mismo forma parte de esa fuerza. Por eso le pido que antes de abrir su facebook o su twitter, tómese un respiro y recuerde lo dicho: el miedo lleva a la ira y la ira conduce al lado oscuro de esa Fuerza arrolladora llamada opinión pública. Lo políticamente correcto en la Edad Media era quemar judíos, herejes y brujas. Mis convicciones me llevan a creer que hemos evolucionado desde entonces. Queda aquí mi granito de arena, espero les haya servido de ayuda ante ese miedo que nos mantiene despiertos pero resulta altamente inflamable.

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