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“Salamanca”, del puertorriqueño Francisco Matos Paoli

“Salamanca”, del puertorriqueño Francisco Matos Paoli

OPINIóN
Actualizado 04/08/2020
Alfredo Pérez Alencart

“Salamanca”, del puertorriqueño Francisco Matos Paoli  | Imagen 1

Francisco Matos Paoli en el Aula Miguel de Unamuno de la Usal, durante el Foro de Iberoamérica de 1991 (Foto de Jacqueline Alencar)

Francisco Matos Paoli (Lares, 1915 - Río Piedras, 2000) escribió muchos libros de poesía, de los cuales publicó en vida cerca de setenta, si las cuentas no me fallan. Pero bastaría su imborrable Canto de la Locura (1962) para situarlo en lo más alto de lírica de habla castellana de todos los tiempos. ¡Cincuenta y ocho años se cumplen del nacimiento de tan memorable creación poética, extraño fruto místico brotado en el Caribe hispano! Lo escribió un poeta que sufrió prisión y tortura por manifestarse contra el colonialismo norteamericano; un poeta que padeció locura y manicomio tras su paso por la cárcel y el posterior indulto; un poeta que tras su pronunciamiento nacionalista encontró la redención en el Cristo que es el único conocedor del Enigma.

Antes y después estuvo con la Poesía. Aquí destaco sólo algunos de sus libros publicados: Signario de lágrimas (1931), Cardo labriego y otros poemas (1937), Teoría del olvido (1944), Habitante del eco (1944), Canto a Puerto Rico (1952), Luz de los héroes (1954), Criatura del rocío (1958), Canto de la locura (1962), El viento y la paloma (1969), La marea sube (1971), La semilla encendida (1971), Rostro en la estela (1973), Variaciones del mar (1973), El engaño de los ojos (1974), La orilla sitiada (1974), Testigo de la esperanza (1974), Unción de la tierra (1975), Rielo del instante (1975), Dación y milagro (1976), Ya se oye el cénit (1977), Loor del espacio (1977), Rapto en el tiempo (1978), La caída del clavel (1979), Jardín vedado (1980), Los crueles espejos (1980), Sombra verdadera (1980), Hacia el hondo vuelo (1983), Vestido para la desnudez (1984), Los senderos ocultos (1985), Tradición del silencio (1985), Las pausas blancas (1986), La frontera y el mar (1987), El acorde (1988), Contra la interpretación (1989) o Las pequeñas muertes (1989).

Dejo conocer el poema que me dedicara en julio de 1991, cuyo manuscrito conservo con gratitud. También el instante que captara el fotógrafo venezolano Enrique Hernández D'Jesús, en compañía del poeta boliviano Pedro Simose y justo después que me entregara tal presente (A. P. A.)

“Salamanca”, del puertorriqueño Francisco Matos Paoli  | Imagen 2Salamanca y río Tormes. Foto de José Amador Martín

SALAMANCA

Para Alfredo Pérez Alencart

Salamanca: azul, oscura.

Piedra labrada, ocre-blanca.

Un adiós que se me arranca.

Y un orden de la aventura

que en su gracia me asegura.

El palpo, en ti consumado,

del río Tormes logrado.

Vine, vi, vencí. Mi anhelo

de antes me abrió tu cielo.

El río Tormes: mi vado.

Mi vado: estrella y rosa.

Y en Salinas: "luz no usada".

Y en Fray Luis: "la hora situada".

Y en Don Miguel, la patriada,

y la tierra de su nada

que es algo en profesión.

Añado esta canción

de mi Borinquen, frontera

de un mar que jamás se altera

y que es pensar de emoción.

Cervantes: antes, después,

dominando la entereza

de la lengua en que se empieza,

en que se está y se es.

Salamanca: ritmo, pez

y pan de la eternidad

en que va mi soledad

de isla hallando camino,

una fe en el destino

que nos une en trayectoria

de historia y de metahistoria.

de unción en la Piedra Misma

que en sus albores se ensimisma.

extrae Paz y da la Gloria.

“Salamanca”, del puertorriqueño Francisco Matos Paoli  | Imagen 3

Busto de San Juan de la Cruz y Catedral de Salamanca. Foto de José Amador Martín

Una eternidad que brilla

en la noche oscura, Juan

de Yepes, en talismán

de símbolo que se humilla

como la más fiel semilla

que halla a dios en lontananza

y que por siempre alabanza

un rayo que nunca cesa,

que es verdad y que es belleza,

que es el Ser que nos alcanza.

Salamanca, vena mía

que mana, aunque es de noche

para mi pueblo, en derroche

de mar que nos extravía.

Vengo a cargar la poesía

de un ritmo tan soberano.

Y en Salamanca, mi mano

Y traza el signo y lo valora

Y cuando promedia la aurora,

Y el palpito que ya es

un antes, un hoy - después,

una paloma bravía

que en la peña ya solía

anidar el maridaje

de este interior homenaje

en forma de profecía.

“Salamanca”, del puertorriqueño Francisco Matos Paoli  | Imagen 4Salamanca reflejada en el Tormes. Foto de José Amador Martín

Peregrino soy: el Tormes

baña la Piedra, la fía

en la suprema alegría

de sus hábitos conformes.

Y el sol, en tantas enormes

llanuras, da la cebada,

da el trigo, y la patriada

que busco en mi soledad

cuando imprimo la verdad

de una huella que se escancia,

en rosa estrella, en fragancia

habida en la libertad,

en ti fundo mi sendero

de ruiseñor en agraz.

El cuervo de Poe, el jamás

que me trae al retortero,

no existe en ti. Salamanca,

porque tú, como Martí

me ofrendas en frenesí

un fulgor en rosa blanca.

Mi casa, tan asombrada

de élitros de amor,

me hacen aprendiz ulterior

de una invisible mirada

que queda en ti revelada.

Y es misterio que en la mano

va cuajando el sol hermano

en avatar que anonada.

Dicen que la soledad

del Mar Caribe se inscribe

en tu Piedra que concibe

el fruto de la verdad.

Dicen que estoy en edad

de avanzar en Salamanca,

dar acá mi mano franca,

el sueño despierto mío

por el Tormes que es el río

trayendo la Rosa Blanca.

“Salamanca”, del puertorriqueño Francisco Matos Paoli  | Imagen 5Escultura de Unamuno. Fotografía de José Amador Martín

Alero de una paloma

que trasiega el aire puro

donde oficia un conjuro

que se asoma y no se asoma,

que es invisible en la toma

de realidad subvertida.

Porque en ti me va la vida,

Salamanca, y luego estoy

cultivando este hoy

en un recuerdo que olvida.

Sí, extraigo la sangre alerta

y el pensamiento vendrá

a herirme en lo que estará

como un mar que halla su huerta

en la divina y desierta

senda por donde han ido

los pocos sabios que han sido

luz venturosa, abierta.

Salamanca, traigo sed

del caribe, fuente mía

que mana en la profecía,

En esta oculta merced

del ritmo que da la sed

del agua tan expansiva,

tal excelsa, tan unida

a la lengua en que se halla

esta incoercible batalla

de trocar muerte por vida.

Salamanca, 18 de julio de 1991

“Salamanca”, del puertorriqueño Francisco Matos Paoli  | Imagen 6Pedro Shimose, Francisco Matos Paoli y A. P. Alencart, en la calle de Libreros, 1991 (Foto de Enrique Hernández D'Jesús)

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