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En Lima, por la Casona de Derecho
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En Lima, por la Casona de Derecho

OPINIóN
Actualizado 29/04/2020
Alfredo Pérez Alencart

En Lima, por la Casona de Derecho | Imagen 1Algunos compañeros y amigos de Facultad

Por esa Facultad de Derecho de la Universidad de San Martín de Porres, en la capital de mi Perú primero, hice grandes y buenos amigos. También tuve unos maestros de excepción, catedráticos todos de magnífica sapiencia y nombradía. Nos beneficiamos del hecho que buen número de ellos se habían jubilado de la Universidad Mayor de San Marcos, o bien eran Magistrados del Tribunal Superior de Lima o El Callao. Y allí estaban, por ejemplo, Luis Bramont Arias, José León Barandiarán, Guillermo Figallo Adrianzén, Ricardo Nugent, Luis Alberto Gazzolo, Fermín Chunga Lamonja, Luis Felipe, Almenara Bryson, Fernando Elías Mantero, Darío Herrera Paulsen, Alfredo Quispe Correa, Rubén Guevara Manrique, Gustavo Bacacorzo, Alberto Vázquez Ríos, un joven Felipe Villavicencio? en las asignaturas jurídicas, sin olvidar a los profesores de estudios generales, como el criminólogo Víctor Maúrtua, el historiador Marío Cárdenas Ayaipoma , el veterano político Urbino Julve, el experto en economía política Luciano Castillo Colonna o el educador y filósofo Johan Leuridan Huys, con quien hasta el día de hoy mantengo una entrañable amistad.

En Lima, por la Casona de Derecho | Imagen 2Trajtman Kizner, Olórtegui, Guevara Manrique (profesor), Alencart y Pacheco

Sobre Lima no he escrito ningún poema, ni durante los seis años que viví allí, ni en los 35 años que vivo en Salamanca. Pero el pasado mes de enero celebramos los sesenta años de uno de los buenos amigos de la Facultad: Roberto Marro Ibarra, quien es abogado en ejercicio en Zaragoza y fue Director de Inmigración del Gobierno Vasco durante algunos años. Como está casado con salmantina, aquí, en el Colegio Fonseca de la Universidad de Salamanca, celebramos sus primeras seis décadas, en compañía de muchas de sus amistades españolas, más Jacqueline, Charo , Sylvia, Sylvain y Laura, y otros dos compañeros de aquellos años: Ronald López Ordiales y Aldo Gutiérrez, quien además se ha tornado en mi generoso editor, bajo el amparo de Lancom. Ello me motivó a escribir el primer poema 'limeño' que reconozco, como le comenté en días pasados a Jaime Muñoz León, inmenso amigo-compañero de esos años universitarios y de toda la vida que siguió después, ya con su amada Claudia Tejada y sus dos vástagos.

Pensando en los amigos de esa promoción 1979-1984, a quienes muchas veces logra reunir la infatigable amiga Nery Huamanchumo, escribí este poema que ahora dejo conocer.

En Lima, por la Casona de Derecho | Imagen 3

EN LIMA, POR LA CASONA DE DERECHO

Siete lustros reposé en la memoria

esta ofrenda para mis buenos

amigos de la Facultad

Las auténticas amistades

están a salvo de las efímeras incandescencias,

de los yerros impávidos,

de la pólvora noctívaga que generan

las desolaciones.

En Lima absorbí toda la garúa fría

que ha existido, sin contar los ruidos

o el humo negro que aventaban carros y autobuses,

como los de la línea Cocharcas-José Leal,

por ejemplo.

Vuelo hacia atrás semejando al picaflor de mi selva,

recordando los seis años vividos

por esa ciudad empobrecida de bosques y ríos.

Recordar, amigos, es el oficio encendido

de quienes desdeñan los calendarios rapidísimos

y se aferran a días eternos, de esos que no acaban

de pasar hasta que sus carnes buscan

vestirse de resurrección.

Así vuelvo a esa Lima trepidante

donde también hice amigos en la Facultad de Derecho,

por la señorial casona de la avenida Javier Prado

que ya no existe, según me informan.

Debe ser cierto para muchos, pero cierro los ojos

y abro las compuertas del corazón:

entonces recupero rostros y voces, compañeros

y maestros, lecciones con códigos o manuales en el aula,

pero también muchos viernes disfrutados en el Superba

de la avenida Petit Thouars: certezas de lo cierto

empapando los arbotantes

de la memoria.

No se trata de sustituir la arena del reloj

ni de negar las canas que salpican o tiñen por completo

nuestras cabelleras.

No, no se trata enumerar logros y alegrías,

o de testificar cómo la vida hunde en nosotros

su estilete.

Para ustedes, por mi memoria congregados ahora

en la vieja casona, va mi abrazo indeleble

y sin distancias.

Lo que fue nuestro nos sobrevive,

amigos.

En Lima, por la Casona de Derecho | Imagen 4

Ronald López Ordiales, Serafín Martínez Gutarra y Alfredo Pérez Alencart

En Lima, por la Casona de Derecho | Imagen 5

A. P. Alencart y Jaime Muñoz León

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