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¡Feliz Día de San Jorge 2020...confinado!

¡Feliz Día de San Jorge 2020...confinado!

OPINIóN
Actualizado 27/04/2020
Antonio Matilla

¡Feliz Día de San Jorge 2020...confinado! | Imagen 1

Por más que quisiera, que no quiero, no puedo escapar de la preocupación por la crisis de la Covid-19. Son demasiados los muertos cercanos y muchos los contagiados que conocemos personalmente. El Día de San Jorge es una de las fiestas principales de los scouts y la hemos celebrado de muchas maneras, según la época: en la clandestinidad, en plena Naturaleza, con un gran Encuentro urbano; yo mismo he asistido como invitado al Día de San Jorge en Navarra, en Zamora, en Irlanda, en San Pelayo de la Guareña, en Gargabete, en el Parque de los Jesuitas o en la Plaza Mayor, por no citar sino algunos lugares. Pero nunca lo había celebrado online y confinado?hasta este año.

Como cristiano que soy y estando en tiempo de Pascua, me viene a la memoria una expresión de San Pablo en la carta a los Romanos 8,28: "Para los que aman a Dios, todo les sirve para el bien". Las crisis hacen caer los palos de nuestro sombrajo, nos dejan a la intemperie, nos machacan, nos hacen sufrir?y no nos garantizan a priori que haya luz al final del túnel. Pero desde la experiencia de la fe, podemos estar seguros de que esta crisis puede ser una ocasión de gracia para salir crecidos, lo que no nos exime del compromiso personal, sino todo lo contrario. Y, en este sentido, podríamos hacernos dos preguntas: ¿Puede el Escultismo ayudarme a vivir mejor esta crisis de la Covid-19? Y, de cara al futuro inmediato y lejano ¿Qué retos plantea esta pandemia al Movimiento Scout, en general, y a mí como scout?

A mi modo de ver, la profunda raíz cristiana del Movimiento Scout nos hace caer en la cuenta de que el objetivo último del Escultismo es colaborar a la implantación del Reino de Dios en esta Tierra, con los ojos puestos en la consumación final de la Naturaleza y de la Historia, cuando Jesucristo entregue al Padre su Reino. Eso tiene consecuencias prácticas: la humanidad no somos los dueños de la Creación, sino que formamos parte consciente de ella, lo que nos ofrece la gran oportunidad de participar activamente en mejorarla, y nos confiere una gran responsabilidad con respecto al resto de nuestras hermanas, las criaturas, siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, que vivió en plena comunión con ellas y con Dios, lo que no es en absoluto incompatible.

Esa responsabilidad de tomar la propia vida en las manos y hacerse cargo de ella es algo que se aprende progresivamente a lo largo de los cinco tramos de edad del Programa de Jóvenes del Escultismo. Pero, a lo largo de los 112 años de Historia del Escultismo se ha demostrado varias veces que los jóvenes han aceptado bien esa responsabilidad. Solo dos ejemplos: recién fundado el Movimiento, la Primera Guerra mundial vació de educadores, obligados a ir a la guerra, los grupos scouts recién fundados. Es evidente que los propios chavales, que son protagonistas de su propia educación, sacaron adelante el Movimiento en aquella primera crisis, mucho más mortífera que la presente. Pero creo no equivocarme mucho si pienso que en el confinamiento de esta pandemia los niños y los adolescentes, con sus dificultades y sufrimientos, se han comportado responsablemente, ayudados por sus padres, que son sus principales educadores también en el Escultismo.

De cara al futuro, que se construye en el presente, tendremos que seguir debatiendo en profundidad si esta y anteriores pandemias son o no y en qué medida, consecuencia de una relación perversa con la Naturaleza, que nos ha llevado a explotarla sin misericordia y a no respetarla, provocando la intensificación artificial de un cambio en los climas de la Casa Común. Para revertir esta situación nos es muy necesaria la Ciencia, pero también un estado de ánimo y una actitud que creo, humildemente, el Escultismo está ya de hecho favoreciendo cuando ayuda a ver a los niños y jóvenes que la Naturaleza es obra de Dios y que debemos respetarla, pero no solo respetarla, sino amarla porque estamos en comunión profunda con ella. La vida en las grandes ciudades está provocando una separación real de la Naturaleza, lo que se nota, por ejemplo, en el aumento exponencial de las alergias e intolerancias alimentarias en los niños y en los jóvenes.

Esta actitud y este estado de ánimo no es mero sentimentalismo romántico, tan de moda hoy en día, sino que el Escultismo lleva, poco a poco, en el corazón y en la mente de los jóvenes, a plantearse esta pregunta: ¿cómo puedo yo, en la práctica, dejar un poco mejor de como lo he encontrado este Mundo, de por sí maravilloso? A planteársela y a responderla en conciencia ayudado por el diálogo y la amistad con el resto de mi patrulla, de mi grupo. Es la pregunta por la vocación profesional que un scout debe responder siempre teniendo en cuenta a los demás, cómo poder servirles y ayudarles mejor, con un planteamiento altruista, en el que el otro es el centro. El otro es el más débil, pero también el amigo y el hermano e, incluso, el enemigo, al que me sale de corazón amarle porque, además, es la propuesta más inteligente, porque priva "al enemigo" de su razón de ser: el odio. En último término, para un scout cristiano, el otro es sacramente del Otro, de Dios, vaya. Y así, hasta ahora no es raro encontrar entre los jóvenes scouts vocaciones hacia la Medicina, la Enfermería, el Trabajo Social, la Educación, la milicia, la policía o la Guardia Civil; pero cualquier otra vocación puede encajar en el proyecto personal de vida de un scout, desde la más sublime a la más humilde, también la vocación sacerdotal, ahora escasa, pero no hace tanto tiempo abundante entre los jóvenes scouts. Y si, como ocurre muchas veces, los jóvenes no pueden trabajar en aquello que es su vocación, siempre su vocación será la de servir al prójimo en toda circunstancia y "en lo que de mi dependa", porque el realismo y el sentido práctico es un modo muy scout de vivir la profesión, un modo que genera satisfacción y aumento de la autoestima y minimiza la frustración.

Otra vocación relativamente abundante entre los jóvenes scouts es el liderazgo, eso que ahora se llama "Gestión de Recursos humanos" y, en el fondo, la vocación política, que es expresión de un proceso personal y de grupo que ha llevado al joven a descubrir la necesidad de vivir lo que los últimos Papas han descrito como "caridad política". He encontrado scouts en todos los partidos democráticos. En ese caso es muy importante que el joven que descubre la vocación de servicio en la política, no se despegue del todo de sus amigos, aunque estos sean ambulancieros o cajeras de supermercado, para que los valores sustanciales que le han impulsado no queden eclipsados por la ideología, que es necesaria, pero siempre, por definición, incompleta y parcial. También es muy importante que no pierda de vista el objetivo último, que, recordemos, es el Reino de Dios. En este sentido la Iglesia, a pesar de la mala fama de que "goza" entre algunos jóvenes, es un buen antídoto, porque en la Iglesia se puede vivir que solo Dios es Dios ?no hay ningún Kim Jong-un que pueda sustituirle- y que el prójimo, sobre todo el más débil, el descartado, tiene que ser el centro; a todos nos viene bien una comunidad en la que confrontar el riesgo de ser soberbios con la bondad y la santidad de "los santos de la puerta de al lado", como recuerda el Papa Francisco.

En opinión de algunos psicólogos y sociólogos, el actual confinamiento es ambivalente, pero está favoreciendo revalorizar dos instituciones muy importantes para los niños y los jóvenes: la pareja -o sea, el matrimonio- y la familia. Hay una dimensión muy propia del Escultismo que se verá seguramente potenciada en el próximo futuro, es la dimensión internacionalista, el anhelo de vivir una fraternidad universal, pero no etérea, sino trabajosamente construida por "mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas" ?como dijo Eduardo Galeano o San Juan Bautista de Lasalle, no lo sé cierto- pero que tengan claro el horizonte al que llegar y la fuente en la que llenar la cantimplora del alma: una Paternidad y una Maternidad comunes que nos convierten a todos en hijos y en hermanos. Es la Globalización del Amor que debe llevarnos a trabajar por construir una Civilización del Amor que contrarreste la Globalización del Mal y, así, cambiar el mundo. Ese amor universal, que debe y puede orientar toda nuestra vida personal, psicológica, afectiva, profesional, cultural, social y política necesita una cuna en la que nacer y un hogar en el que madurar para luego mantenerse operativo a lo largo de toda nuestra vida: el matrimonio, la familia, las comunidades intermedias, como puede ser la Iglesia, en sus múltiples comunidades, facetas y grupos, un ecosistema del Espíritu absolutamente rico en biodiversidad, pero sin monopolio, pues "el Espíritu de Dios sopla donde quiere" (cf. Jn 3, 8), como le dijo Jesús a Nicodemo, al que conocía bien: era muy listo, pero con grave peligro de caer en la soberbia espiritual.

Los scouts católicos sabemos que todo depende de Dios, pero actuamos como si todo dependiera de nosotros ?yo dentro del grupo de hermanos-. Dios y yo somos, de alguna manera los extremos de una ecuación cuántica: Dios necesita de mí, de cualquier scout, de cualquier cristiano o persona de buena voluntad, porque así lo ha querido y nos ha constituido como colaboradores suyos; pero yo necesito a Dios pues, como scout, a lo largo de años de formación y de experiencia, desde los 6 hasta los veintipocos, soy muy consciente de mi fragilidad y de mis límites. Por eso necesito la Gracia, la ayuda de Dios y del prójimo, de los próximos. De modo que "Por mi honor y con la ayuda de Dios prometo?"

Antonio Matilla, consiliario scout online.

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