ENTRE PUENTES
BISIESTO NEGRO
Mi suegra: una buena mujer, que en gloria esté, le tenía una tirria y una aversión a los años bisiestos, posiblemente venia la cosa desde tiempos de antaño, sin duda con influencias de leyendas o quién sabe si, con cerca de una centuria vivida, tuviese los conocimientos suficientes, de que dichos años bisiestos eran de algún modo ?gafes?, tenebrosos, amargos, cenizos o bien traían entre sus días, negras entrañas y por consiguiente las penalidades que habríamos de padecer durante el transcurso del bisiesto. Me ha venido a la mente sus inquietudes al respecto, y si viviera este momento por el que estamos pasando en estos primeros meses, sería del todo evidente que a la Sra. Araceli, no le faltaba razón y que los bisiestos son años llenos de penuria, tristeza y avatares como para estar escondidos.
Así está ocurriendo lamentablemente, este 2020, desde que apareció no tiene desperdicio, pues arrancamos con unas riadas impresionantes, que se llevaron por delante a numerosos pueblos y ciudades, arrasando el agua todo aquello que encontraba a su paso, entrando en viviendas, garajes y negocios, anegando las tierras de labor, y derrumbando carreteras, viviendas, coches y arbolado; o sea, toda una enorme tragedia, una enorme calamidad, que destrozo la vida y la hacienda donde algunos habían estado toda la vida, y en unos minutos, habían quedado a la intemperie. Las zonas fueron catastróficas, y hoy cuando apenas nos hemos recuperado del destrozo material y humano, cuando en unos meses, aún no se han secado las paredes, y nos hemos repuesto de la llamada - gota fría-, o eso dicen, nos encontramos de nuevo apegados al sufrimiento, ante un enemigo en este caso invisible, que está azotando gravemente, ahora con numerosos muertos, miles y miles de infectados graves, que hacen colapsar cuantos hospitales tenemos, sin darnos una tregua ni para proveernos del material necesario para asistir a la población con garantías, que incluso así tampoco ha podido evitar los contagios de médicos, y personal dedicado a paliar los efectos de este infecto traidor, llegado dicen de China, pero sabe Dios, donde broto este enemigo peligroso y mortal, que se ha ensañado brutalmente, con aquellos que tenemos los años precisos o sea, rebasamos los setenta. Después de la lucha sostenida, y de haber pasado por otras cuantas ?pestes?, de toda índole, nos vemos despojados, azorados, angustiados en estado de alerta y con el miedo de no poder vivir en paz, sosiego y tranquilidad, los que nos quede.
Ahora, confinados observamos perplejos, como mueren tus amigos, compañeros y conocidos, incluso sin el humano sentimiento de hacerlo rodeado y de la mano de los tuyos. Qué triste final, que desgarro y que dolor, deben sentir aquellos que están padeciendo, las familias y allegados de estos. Tanta lucha, para dejar un mundo, más justo, libre y en paz, no ha sido suficiente para terminar con dignidad. La cosa es verdaderamente penosa, triste, lamentable, e injusta.
En este encierro forzoso al que nos vemos sometidos, a nosotros los mayores, no nos da por hacer esas cosas que todos demandan y aconsejan, desde psicólogos, educadores o geriatras. ¿Cómo vamos a establecer esas rutinas que recomiendan? ¿Cómo vamos, a limpiar, ordenar clasificar nuestras estanterías y cajones? ¿Cómo reordenar y volver a aquellas cosas, que queríamos hacer con tiempo? Etcétera. Nosotros podemos colaborar en estas cosas, claro, ¡pero ya tenemos nuestras rutinas, ya tenemos casi todo en el orden y colocación que queremos, con orden o con desorden, nuestras cosas están ya situadas donde las vemos y tocamos cada día! Hoy que estamos en manos de los médicos, cobra especial significado su vocación? evocamos a la compasión que nace de la compresión y solidaridad hacia el dolor y el miedo que atenaza a sus semejantes con sentido ético y responsable, para atender y aliviar el sufrimiento y la enfermedad que nos cerca. Hoy más que nunca hemos de confiar en nuestra clase médica, en las enseñanzas de sus grandes maestros, estudios y practicantes de los valores humanos. Ellos habrán de iluminar la ruta que nos saque de este cruento y repugnante laberinto. Donde una vez resuelto: Nada será lo mismo- al tiempo-.
Fermín González salamancartvaldia.es blog taurinerías
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