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Metamorfosis del barro
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Metamorfosis del barro

OPINIóN
Actualizado 07/12/2018
Entresierras, Revista Digital

La arcilla duerme un sueño de años en un suelo especial esperando unas manos expertas capaces de extraerla, de ir mezclándola con agua y de pasarla por un tamiz para quitar imperfecciones, permitiendo que repose en una pila para que se vaya evaporando el líquido sobrante. Poco a poco se recoge este barro y se va dejando que el aire siga haciendo su trabajo. Pasa por una amasadora para quitar posibles burbujas, y luego son manos maestras las que lo manipulan enérgicamente hasta que queda moldeable, delicadamente suave, en un trabajo de cuidado y amor que ya ve el resultado final.

Los ojos del alma que la piensa eligen la cantidad de arcilla apropiada al tamaño de la pieza que se modelará, bien centrada en el torno, que en su girar y girar hará el milagro de levantar la pella con las bellísimas posturas con las que las manos del alfarero la va acariciando para dar la forma deseada, y que la convertirá en cuenco, tibor, orza, ánfora, vasija, lebrillo, albarelo, alcuza?

Cuando la pieza ya tiene nombre, pasa a la solera, donde se deja secar y se lija para que sea más perfecta aún. Y después, va al horno, una prueba de fuego, tanto que puede superar los mil grados, de la que saldrá airosa si todos los procesos anteriores se han realizado con maestría.

Una vez fría, se baña en un líquido blanco que forma una capa sobre la que se pintará con mezclas de sustancias que deben tener las cantidades precisas para lograr los acabados deseados, bien centrada en la torneta para su decoración, y con la mano experta apoyada en una caña para controlar mejor cada uno de los trazos perfilados con el pincel.

Ya decorada, se coloca en soleras para otra cocción en el horno, esta vez seguramente a casi mil grados. Y, de nuevo, si todo el proceso ha sido el adecuado, la pieza está terminada.

Durante siglos, la alfarería ha permitido a nuestros ancestros desarrollar un uso práctico, guardar semillas y grano relacionados con el cultivo, siembra y recolección, posibilitar con vasos, platos y enseres realizar tareas domésticas y de conservación de alimentos, siendo secada al sol, posteriormente cocida, decorada presionando semillas, esmaltada, según las épocas por las que ha ido atravesando la humanidad. Poco a poco pasó a tener un uso más decorativo hasta llegar a fases más ornamentales.

El origen de la cerámica de Talavera de la Reina se sitúa en época romana, evolucionando con gran influencia posterior de etapas musulmanas. Es a partir del siglo XVI cuando alcanza su mayor auge, traspasando nuestras fronteras. Pasa por diferentes fases según sean sus decoraciones con mariposas, helechos y golondrinas, con tres colores o polícroma, en tonos azules, con detalles alcoreños, guirnaldas, encajes, representando a la patrona de la ciudad, la Virgen del Prado, evolucionando con figuras vegetales, animales o humanas? Sus máximos exponentes son artistas como la saga Ruíz de Luna, a cuyas obras se destina gran parte de un museo.

Uno de los aspectos más sorprendentes de la ciudad es el uso urbano de la cerámica talaverana. Puede contemplarse en interiores, como en la Basílica del Prado (llamada "Capilla Sixtina de la cerámica", en cuyas paredes, también por fuera, se recogen escenas de la historia sagrada), o como el zócalo de las escaleras del Ayuntamiento. También puede apreciarse en exteriores, en las fachadas del teatro Victoria, de la estación de tren, del antiguo edificio de correos hoy convertido en Centro Social "Jaime Vera", el Vía Crucis del casco histórico, los puentes del Parque de la Alameda, los jardines del Prado y la Plaza del Pan, decorando templetes, bancos, fuentes y cenefas.

Además, la ciudad de la cerámica acoge "Atémpora", del 21 de Septiembre de 2018 al 27 de Enero de 2019, una exposición ambiciosa que recorre 6000 años de cerámica en Castilla-La Mancha, en cuatro sedes que son edificios emblemáticos, un recorrido sin parangón por una de las más difíciles artes decorativas, que desde 2015 es declarada Bien de Interés Cultural.

En Talavera de la Reina este ancestral oficio se va adaptando a los nuevos tiempos, a nuevas formas y retos, a exploración constante, como los que llevan a cabo los expertos de los distintos alfares y los profesores y alumnado de la Escuela de Arte que exponen en "Atémpora" obras de vanguardia fruto de sus 35 años de existencia.

La labor imparable de la cerámica sigue dando grandes nombres, entre los que cabe destacar a Carlos Garrido y a Antonio García Cerro, maestros con el arte del pincel tanto en pintura tradicional como en el dificilísimo "lienzo cerámico", con distintos trabajos de impecable factura, así como en murales de más de mil azulejos como el de los pescadores. En él, Cerro vierte tanta sensibilidad y exquisitez en su composición, en sus trazos y en el simbolismo reflejado sobre el paso del tiempo, que hace reflexionar sobre las huellas que vamos dejando en la naturaleza y el amor que debemos mostrarle. Un lugar en el que el tiempo queda retenido, legado para la posteridad, dando placer a nuestros sentidos -también a los del alma, porque son piezas de tal belleza que nos hacen estremecer-, logrando la metamorfosis del barro y haciendo que se convierta en crisálida.

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