Miércoles, 19 de enero de 2022
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Ser eco en las piedras

Ser eco en las piedras

OPINIóN
Actualizado 23/11/2018
Entresierras, Revista Digital

No conozco a nadie, nacido, "vivido", o visitante, que no se quede prendado. Nadie que no se enamore a primera vista. No conozco a nadie que haya pisado estas calles y no haya quedado extasiado con su presencia.

Salamanca impone una mirada distinta. Se adueña del alma de quien la mira, de quien la ve, de quien la pasea. En ritmo apresurado también abduce, y no se mira al suelo, sino al infinito, a las páginas de historia escritas en sus piedras, al saber cincelado y esculpido en su ritmo vital, en su trayectoria.

Esta tarde, muchos ciudadanos de la Bella Dorada hemos vivido un privilegio. Disfrutar admirar y beber extasiados un documental llamado "Unamuno en Alto Soto de Torres".

Cuando conoces hace unos días que se proyectará un vídeo con fotos antiguas de Unamuno, ya imaginas un festín de deleite. Pero cuando estás allí, en el Teatro Liceo, y comienza la proyección? La primera carta, el primer mensaje que recibes, son unas siluetas catedralicias que recortan Salamanca en un fondo de anaranjados, con la imagen del rostro de Unamuno en blanco y negro detenido en el cielo. Y te empiezas a preparar, porque ya sabes que José Amador Martín está detrás. Después escuchas la voz en off con el precioso y riguroso guion y los textos seleccionados por el gran Francisco Blanco Prieto, tan polifacético y con un recorrido vital tan pleno que va desde la Química y las Ciencias Naturales hasta sus cualidades como miniaturista, escultor, pintor, poeta, e investigador de la figura de Don Miguel y escritor de varios libros sobre su trayectoria, que comparece en esta ocasión como presidente de la Asociación de Amigos de Unamuno, que está esparciendo su buen hacer con eventos y muy especialmente a lo largo de este año en que se conmemoran, junto al VIII Centenario de la Universidad, las funciones que desarrolló en ella este rector, escritor, poeta, pensador, que tan llena vida tuvo entre sus calles.

A partir del guion de Blanco, José Amador Martín comienza un trabajo de recopilación de imágenes en filmotecas, y a conformar un esqueleto que da soporte a la trayectoria del rector vitalicio en nuestra ciudad. Nos tiene muy mal acostumbrados. Él como nadie capta el alma de las piedras y las transmite directamente al corazón. Nuestra ciudad dorada, llena de pinceladas y crestas de historia llama la atención en cada esquina, nos riega de belleza, detalle a detalle que acelera el ritmo al corazón. Pero José Amador no ve con ojos terrenales. Hay vida infinita en su mirada. Tanta vida, que impregna la imagen de alma y traspasa el objetivo, cómo logra que una cámara de fotos en sus manos cincele la piedra, cómo es posible con un clic contarte tanta historia de un objeto, cómo se puede dar más relieve al relieve, cómo se puede hacer más negro lo negro, oscurecer tanto la sombra para resaltar el detalle, cómo transmitir el ánima de los arcos, de la niebla, del reflejo, el brillo de la lluvia, cien por cien poesía al corazón, dar tanta vida al amanecer y tanta fuerza al ocaso. El documental es pura belleza. Pregunto quién eligió la música que lo recorre, y volvemos al mismo hacedor, dominando todos los lenguajes y haciendo que las lágrimas afloren de neta emoción.

Unamuno estaría orgulloso de tan magnífica labor; Don Miguel, la persona, daría las gracias por cumplir su petición. Ser eco en las piedras, recoger su alma y devolverla hecha belleza. Libar los relieves y los amaneceres, dar lenguaje a lo bello con palabras y en silencio. Un documento, para la historia, de la vida personal y profesional del gran pensador, legado eterno para honrar su memoria desde su ciudad amada que pone en nuestras almas este tándem tan bien orquestado. Unamuno para la posteridad, hecho eco en las piedras.

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