Viernes, 21 de enero de 2022
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La realidad es tan confusa...

La realidad es tan confusa...

OPINIóN
Actualizado 03/11/2018
Pedro Morato

Y bueno... entre tanto hedor y mugre y deshonor, tanta reunión de versificadores de la nada, tanto ego desatado y tanto ripio que simula poesía, emerge limpia y clara la voz del escritor húngaro László Krasznahorkai, y pronuncia la verdad que la cabeza entiende y el corazón cobija: "La realidad es tan confusa... Mejor que la filtren los poetas". Y uno busca un poeta de hoy que filtre en sus versos y por sus venas la realidad que enloquece... Y no lo encuentra. Y uno va hacia atrás en el tiempo, hasta un poema que lo signó hace tantas vidas que ni el espejo recuerda, y encuentra en su memoria estos versos del gran José Hierro, mi muerto de este día de muertos, mi amigo y mi cordura, y la piel vuelve a erizarse con el violento azul escalofrío de lo verdadero, y hoy les presta a esos versos de muerto sin flores, este espacio más de ellos que de ninguno, para que filtren en su voz el hoy sin piedad y el ayer que confunde las brújulas, con la esperanza de que estos versos hermosos como la luz sean leídos este día de poetas a medio vivir, porque... la realidad es tan confusa...:

REMORDIMIENTO, de CUANTO SÉ DE MÍ, José Hierro, 1957.

«Tuve amor y tengo honor.

Esto es cuanto sé de mí»

CALDERÓN DE LA BARCA

I

Inútilmente fui

recorriendo senderos

entre mármoles.

Luz

de prodigiosa hondura.

(Toda la noche había

llovido. Al clarear

cesó la lluvia. Nubes

navegaban el cielo;

nubes blancas).

Inútil

fue recorrer senderos,

buscar tu nombre. Inútil:

no lo hallé.

Y recé una oración

por ti ?¿por ti o por mí?

Después te olvidé. Sean

los muertos los que entierran a sus muertos.

II

Estaba

tan olvidado todo!

Pero esta noche...

¿Por qué será imposible

verte de nuevo, hablarte,

escucharte, tocarte,

ir ?con los mismos cuerpos

y almas que tuvimos,

pero con más amor?

uno al lado del otro...

(Ilusión descuajada

del espacio y del tiempo

lo sé para mi daño).

Yo te hablaría lo mismo que hablaría,

si yo fuese su dueño

mi verso: con palabras

de cada día, pero

bajo las que sonara

la corriente fluvial

de la ternura.

Como se hablan los hombres,

conteniendo las ganas

de llorar, de decirse

«te quiero». Sin llorar

ni decirse «te quiero»,

que es cosa de mujeres.

Qué quedaría entonces

de ti, después de tantos

años bajo la tierra.

Dónde hallarte ?pensé

aquel día. No estamos

jamás donde morimos

definitivamente,

sino donde morimos

día a día.

III

Pero esta noche...

Te abrazaría, créeme,

te besaría,

te daría calor,

te adoraría. Haría

algo que es más difícil:

tratar de comprenderte.

Y te comprendería

te comprendo ya, créelo.

Nos va enseñando tanto

la vida... Nos enseña

por qué un hombre ve rota

su voluntad, y sueña,

y vive solitario;

por qué va a la deriva

en el témpano errante

arrancado a la costa,

y se deja morir

mientras mira impasible

cómo se hunden los suyos,

la carne de su carne,

su hermoso mundo...

IV

Son líneas sin sentido

éstas que trazo.

Yo mismo no comprendo

qué es lo que dejo en ellas.

Acaso sea música

de mi alma, arrancada

de modo misterioso

por tu mano de muerto.

Tu mano viva.

Yo pensé en ella, pero

era una mano muerta,

una mano enterrada

la que yo perseguía.

Inútilmente fui

buscando aquella mano.

Se estaba convirtiendo

en festín de las flores.

En vaho tibio para

empeñar las estrellas.

En luz malva y errante

que da su son al alba.

Estaría mezclándose

con la tierra materna.

Se hacía mano viva:

lo que es ahora.

V

Te abrazaría, créeme.

Te daría calor.

Te comprendo ya. Entonces

no era tiempo. Fue un día

de septiembre, en Ciriego,

?un cementerio que oye

la mar? el año mil

novecientos cincuenta.

Cuando vivías, eras

un extraño. Aquel día

entre mármoles, fui

buscándote, tratando

de comprenderte. Sólo

esta noche, de modo

inesperado, al fin

he comprendido.

Tarde,

para mi daño.

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