, 16 de enero de 2022
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Con mina o sin ella, los últimos de la fila

Con mina o sin ella, los últimos de la fila

OPINIóN
Actualizado 03/11/2018
Alberto D.

Soy de Yecla de Yeltes y me gusta mi pueblo y más todavía su gente. Ya escribí hace su tiempo un artículo con título parecido llamando la atención ante posturas poco críticas y de simple reacción inducida, sin aceptar tampoco sin más lo que cualquier empresa quiera en cualquier sitio y a cualquier precio. Y ahora vuelvo sobre el tema, yendo un poco más allá.

Lo primero que me viene a la mente son las manifestaciones contra el proyecto de la presa de Aldeadávila siendo yo estudiante de bachillerato en Salamanca y más tarde, ya con veintitantos años, en días cercanos a su inauguración por los años sesenta. Y se construyó. Y ahora no sé si la presa han traído riqueza a la zona o si la han destrozado, los vecinos lo dirán. Años más tarde participé en una macromanifestación en la Gran Vía ante el Gobierno Civil contra la amenaza mortal, que así lo decían "los de Madrid", que supondría para una extensa comarca de la provincia la instalación en Juzbado de la Planta de tratamiento de Uranio. Desaparecerían los Baños y Ledesma sobreviviría en supervivencia incierta. Quedaba anunciada la ruina para la zona si la Planta se plantaba. Y se plantó. Conservé durante años una gran fotografía de la marcha por la ciudad que publicó la Gaceta con un duro editorial ante la ruina casi total, afirmaba y juraba, que se nos venía encima, hasta que la tiré hace poco en una revisión de carpetas. Y digo lo mismo, que habrá que preguntar a los vecinos de Juzbado por los bienes y los males de la Planta sin dejar de mirar a ver si ha desaparecido, como se profetizaba, o no el vecino balneario de Ledesma y los campos y dehesas que conforman la zona. Es fácil de comprobar.

Y yo, que soy de letras puras y repetidamente, no soy quién para conocer y sopesar los perjuicios reales de estas dos iniciativas en el todavía hoy más pobre oeste salmantino ni sé cuantificar las ventajas económicas o sociales o laborales de esas dos incursiones empresariales citadas. Sí sé que las amenazas apocalípticas predicadas por grupos, medios afines e interventores políticos madrileños y similares no se han cumplido al menos en las formas anunciadas, porque se constataría a simple vista. Y a simple vista se ve más bien lo contrario.

También sé, y puede saberlo cualquiera que se informe medianamente y lea media docena de documentos, que son exageradas y más bien amedrentadoras, por medio falsas y medio verdaderas y por interesadas, aunque sean sólo ideológicamente interesadas, muchas de las opiniones, amenazas, previsiones, visiones y panoramas que a veces se transmiten para conseguir adeptos. No suele ser la gente muy crítica ni se le puede exigir que lo sea en esos niveles, y por eso ese tipo de fabulación funciona bien casi siempre. A la vista está por los wasaps y mensajes de facebook y similares que recibo diariamente.

Confieso que, aunque he leído mucho y he escuchado no poco sobre la mina a gentes de aquí y a personas de Madrid, no tengo argumentos objetivos para saber si la iniciativa de Berkeley es positiva para la zona, aun con sus innegables elementos de perjuicio, o si es negativa, a pesar de sus innegables elementos de beneficio. Pero sí sé que nuestras autoridades, las que tienen que velar por su gente y por su tierra, no han dado pasos para aclarar objetivamente las cosas, que unos y otros van a por sus intereses y el pueblo que se las apañe como mejor le parezca, salga engañado o perjudicado o beneficiado o cojo y manco o como sea. Ni la Junta ni la Diputación ni los ayuntamientos ni los alcaldes ni los concejales han estado a la altura de lo que debían haber hecho. Ni los que se han callado ni los que han salido de manifestación. Lo inteligente y eficaz para el pueblo se hace de otra manera. También es significativo el silencio de la Iglesia a ambas orillas del Yeltes.

Por eso y frente a la seguridad que manifiestan los que se manifiestan en manifestaciones no sé si esto se parecerá a Aldeadávila y Juzbado o si efectivamente ahora viene de verdad el lobo y nos come si no espabilamos.

Sin dejar de confesar admiración por el interés que ante esto han tomado muchos grupos, partidos y personas, que por cierto antes nunca se interesaron por la docena de ganaderos que quedan en Yecla ni por sus docenas y docenas de ancianos que medio solos allí siguen ni por las casas que van quedando vacías durante el año ni por la falta de buenas carreteras ni por la ausencia de cobertura digital ni por las conducciones de aguas ni por los accesos a los ríos ni por la revalorización de molinos y presas y pontoneras ni por la falta de iniciativas ganaderas o industriales que no hagan depender de las ayudas de Bruselas toda la economía del pueblo y más cuando ha decaído tanto la construcción de la que vivía medio pueblo, ni por la carencia de lo más mínimo como puede ser un guía para el aula cultural del castro o un arreglo general de caminos, fuentes y regatos, ni por dar vida y destino a la espléndida y vacía Casa Rural que ha sido el fruto absurdo de inversión oficial millonaria, etc., etc., etc? La lista es interminable en un pueblo de la desértica zona oeste de esta arrinconada provincia de la España pobre. Menos mal que las pensiones de las personas mayores salvan el presente. Y no es poco, porque futuro no hay.

Y de esto nadie parece hablar ni protestar ni hacerlo objeto de visitas de representantes ni de presencias e intervenciones de movimientos sociales ni de políticos ni de gestos de la Iglesia. Y sea lo que sea, los señores alcaldes y sus concejales de estos cuatro o cinco pueblos, sin futuro a medio plazo, han perdido una buena oportunidad para asegurar, en el caso de que la mina se imponga, ventajas y contrapartidas para casi todo. Si no sonara mal, diría que estos pueblos nuestros? "además de cornudos, apaleaos".

Es lo que casi siempre le acaba pasando a los últimos de la fila.

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