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Fernando Gil Villa, poesía de entretiempo en la Sala de la Palabra
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teatro Liceo

Fernando Gil Villa, poesía de entretiempo en la Sala de la Palabra

CULTURA
Actualizado 03/10/2018
Charo Alonso

El catedrático de sociología, ensayista y poeta aragonés, ha ganado el premio 'Álvaro de Tarfe' con Canción de entretiempo, poemario presentado por José María Muñoz Quirós

La Sala de la Palabra del teatro Liceo vuelve a ser Sala de la Poesía como lo quiso Pilar Fernández Labrador. Poesía de unos de los ensayistas más rigurosos y prestigiosos de la Universidad de Salamanca, porque Fernando Gil Villa, oriundo del aragonés Éjeme de los Caballeros, tiene en Salamanca su casa y es aquí donde ha desarrollada una obra marcada por la tenacidad y la excelencia académica. Ensayista reconocido, poeta de probada trayectoria, su labor poética ha sido destacada este año con el prestigioso premio "Álvaro de Tarfe", cuya edición anterior ganó el poeta abulense José María Muñoz Quirós, quien, según las palabras de Gil Villa "Hace el honor de presentar este libro".

Presentación, de poeta a poeta, que nace de la lectura detenida y del conocimiento. Para Muñoz Quirós, este libro que busca amores y lectores es un espacio sin tiempo que reflexiona sobre el secreto de la creación. Y es en la inteligencia, el lugar donde se debe entender y disfrutar de la poesía, como afirmaba Gil de Biedma, donde encuentra su universo personal el poeta aragonés. Poeta, que como todos los buenos, tiene una vocación de búsqueda y que indaga, según Muñoz Quirós, en ese ámbito de la creación, en una poética que explica el verso. Versos que no deben ser entendidos en su totalidad, sino gustados, apreciando en ellos ese algo inalcanzable que provoca la buena poesía.

Pocas veces tenemos la oportunidad de escuchar una presentación tan sentida y de tanta altura intelectual sin ser, a la vez, ininteligible para el público. Un poeta, Muñoz Quirós, afirma que Gil Villa pertenece a ese grupo de buscadores de la palabra que tan bien definía Rilke, de aquellos que se preguntan por el motivo de la inspiración y que reflexionan sobre la escritura. Una escritura, la de Gil Villa, que busca respuestas en el amor, posando su mirada inteligente sobre las cosas a la manera de Emily Dickinson con la que comparte su visión poética y ética. Para Muñoz Quirós, los ecos del poeta aragonés van de Pessoa a León Felipe, pasando por San Juan de la Cruz, por el mexicano Elizondo y el salmantino Aníbal Núñez y responden a esa posmodernidad tan especial que puede pasearse por la alta cultura, recalar en la infancia, volver a la tierra y a la vez, volar sobre los renglones a la manera de un águila. Ese animal totémico con el que compararon, en su primer libro de poemas de 1997, a Gil Villa.

Marcado profundamente por México, Fernando Gil Villa concibe la poesía a la manera de los aztecas, que definían al poeta como "el que sabe algo". Ese algo misterioso que nos acerca a Sócrates y que se regodea en el secreto y la sugerencia. Para el poeta, dueño también de un sentido del humor fino y acerado, hay que pedir transparencia a los políticos, pero no a los poetas, el poema debe dejar un sabor sorpresivo, un quiebro que nos devuelva a Emmerson o a la propia Dickinson con quien el autor tiene un diálogo constante. Diálogo convertido en versos breves y certeros, o largos y sugerentes que lee de forma exquisita su esposa, Maribel Hernández Miranda, poeta también quien bromea con el auditorio diciendo que su admiración por el libro no es fruto del afecto conyugal.

Una lectura detenida en los versos breves, plenos de sugerencia, de este libro premiado que conjuga, según el autor "lenguaje, pensamiento y secreto" y que se ofrece al lector como una experiencia de conocimiento y gusto por esa verdad reflexiva que convierte la vida cotidiana en un ejercicio de equilibrio entre la belleza y la eternidad que tejen la poesía. Una poesía que no pasa desapercibida entre la prisa diaria y la exigencia académica, una poesía que nos devuelve a la transcendencia? y todo con el deje aragonés, pleno de inteligencia, de talento y también, de finísimo humor, que caracteriza a Fernando Gil Villa? aquel que planea en los cielos más altos para mirar, tan de cerca, la vida de cada día? la vida entre dos tiempos: el de la eternidad y el de la belleza.

Texto: Charo Alonso

Fotografía: Alberto Martín.

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