El aguador ambulante fue una imagen cotidiana durante siglos en las calles de las ciudades españolas. Allí donde hubo fuentes y ciudadanos sedientos hubo aguadores. Para llevar el agua potable a las casas, muchos de ellos herederos de los esforzados "azacanes" de origen musulmán conocidos en Castilla por ese nombre de origen árabe, guiaban recuas de dos, tres o un solo burro, provistos de serones con cántaros hasta los soportales, patios o zaguanes de las viviendas donde los vecinos llenaban las tinajas, pilas o cacharros que allí guardaban.
Algunos llevaban su cántaro al hombro, siendo una imagen cotidiana durante siglos en nuestras calles, llevaban el cántaro con una mano y en la otra dos copas o vasos que ofrecían pregonando alguna copla.
Otros usaban un pequeño carro de madera con una o dos ruedas y dos patas de apoyo que lo estabilizaban cuando se detenían a descansar o servir a los sedientos.
Los aguadores, en algunos lugares, estuvieron cumpliendo su fundación hasta finales de los años 70, desarrollado su labor en aquellos lugares que carecían de agua y que por diversas circunstancias no podían acudir a la fuente pública más cercana.
La figura del aguador ha dejado un amplio mosaico en el arte, ejemplos en la literatura y reglamentaciones municipales.
FOTOGRAFÍAS
PRIMERA: Aguador (Botijero) en el Corrillo.
SEGUNDA: Aguadores en el paseo del Campo de San Francisco.J. Laurent (Fototeca del Patrimonio Nacional).
FUENTE: Salamanca en el ayer.