Miércoles, 26 de enero de 2022
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Autobiografía no autorizada de la Semana Santa salmantina (V)
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Autobiografía no autorizada de la Semana Santa salmantina (V)

OPINIóN
Actualizado 17/03/2018
Jorge Moreno / El Norte de Castilla

Autobiografía no autorizada de la Semana Santa salmantina (V) | Imagen 1

Sin la venia, que estas memorias son alegales, haré una concesión a la nostalgia, a modo de sencillo tributo a lo que fui, y será a través de los pasos que estos días ya no se montan, de las hermandades que ya no saldrán y de los cofrades que ya pasaron a una vida mejor, eterna y resucitada. No son menos por ya no estar. Siempre serán. Siempre seré con ellos y gracias a lo que aportaron.

Si queréis haceros una idea de mis inicios, o de lo más antiguo que conservo, acercaos el Viernes Santo al estrado del Campo de San Francisco, efímero calvario urbano, y subid a venerar a Cristo Nuestro Bien. Fijaos también en los ladrones. Y luego en la Virgen, y en el San Juan, y en la Magdalena, que escoltan al Cristo de los Doctrinos. Todas ellas, vestigio de los pasos primitivos de la Vera Cruz, extraídos de la madera por artistas locales, entre los que no faltaba un Nazareno de Pedro Hernández, que debía ser muy parecido al que luego le encargaron otros cofrades, los de Descargamaría. Os animo a visitarlo en su ermita. Entre esos pasos que perdí, o que no llegaron, o que vi sustituir, o que dejaron de prestarme, añoro muy especialmente al Cristo de la Agonía de los Capuchinos y a la Dolorosa de las Agustinas, y sueño con el Yacente de Venancio Blanco. Me pregunto si algún día?

También me interrogo acerca de esos lugares que fueron tan míos y ya no lo son tanto. Pierdo ahora las Isabeles, en recortado peregrinar de madrugadas, como dejé de tener mi vértice septentrional en San Juan de Sahagún o mi punto de arranque para las visitas hospitalarias en El Carmen de Arriba. Sostengo mi relación con la Plaza Mayor, pero no se trata de un idilio precisamente, hemos vivido épocas mejores, y con la Catedral discuto más de lo que debería, pues soy consciente de que estamos llamadas a ser uña y carne y de que no siempre hacemos todo lo posible para conseguirlo. La Vera Cruz es mi epicentro, y lo querría siempre abierto, que a lo bueno estaba yo bien acostumbrada. Y aunque no se me pregunte, como esto se firma sin autorización, diré que museo no me hace falta y centro de interpretación? ¿acaso soy muy interpretable?

De lo que no dudo es de quienes conocí en persona. Fueron muchos. Cada autobiógrafo tendrá los suyos, cada historiador conocerá los principales, cada época guardará sus nombres en la letra dorada de los honores, en la gastada de los archivos y en la indeleble de los momentos cofradieros en los que se asienta la vocación y la tradición para los restos. Basten unos ejemplos: Ezequiel Parra relatando sus avatares del ayer en una entrevista inolvidable, el señor Antonio ensanchándose de orgullo al ver a su Lignum Crucis en su María Auxiliadora, Tere emocionándose cuando la Alegría se volvía para saludar su tesón, Carmen mimando los inicios de un joven cofrade azul que se atrevía con el Cristo de la cruz verde, Santi presumiendo de horquillero del Sepulcro, Julio seleccionando con esmero sus mejores diapositivas, Tomás limpiando el pie tras el beso, el beso eterno de la devoción y la amistad?

En la imagen, escena del Camino del Calvario ? frontal de altar de la Capilla de la Vera Cruz, Salamanca

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