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Aristides de Sousa Mendes, historia de una desobediencia consciente
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EN EL CORAZÓN DE PORTUGAL

Aristides de Sousa Mendes, historia de una desobediencia consciente

SOCIEDAD
Actualizado 23/08/2017
Raquel Martín-Garay

La figura del que fuera cónsul portugués en Burdeos está más de actualidad que nunca debido a la próxima inauguración del Museo Vilar Formoso Fronteira da Paz, el sábado 26 de agosto

Junio de 1940, las tropas alemanas de Hitler invaden París. Lo que se consideraba imposible, sucede. Cae París. En la capital francesa se había refugiado un gran número de perseguidos por el régimen nazi. Habían ido llegando desde el este y el centro de Europa y habían recalado en París, después de hacerlo en Bélgica, Holanda o Luxemburgo, confiados en que el ejército alemán no llegaría, ya que se encontraban detrás de la Línea Maginot, la línea de fortificaciones que Francia había construido después de la Primera Guerra Mundial para proteger sus fronteras con Alemania e Italia.

La persecución había comenzado años atrás y la invasión alemana de Polonia el 1 de septiembre de 1939 había desatado la Segunda Guerra Mundial. Muchos judíos y ciudadanos que se sentían amenazados por sus ideas políticas comenzaron un éxodo que los empujaría, cada vez más deprisa, hacia la Europa más septentrional. Durante algún tiempo se sintieron a salvo en los Países Bajos o Bélgica, sin embargo, cuando el 10 de mayo de 1940 el III Reich invadió estos territorios entrando por el oeste, -sorprendiendo así a las tropas británicas y francesas, que esperaban el ataque por el centro de Bélgica, como habían hecho los alemanes en la Primera Guerra Mundial-, hasta los más optimistas comenzaron a preparar en serio su huída definitiva de Europa.

En mayo se rindieron los Países Bajos y Bélgica. El 14 de junio lo hacía París. Solo seis semanas duró la campaña alemana contra estos territorios. Si hasta la gran Francia caía, ¿dónde estarían a salvo?

Los más previsores y pudientes habían ido sacando su dinero hacia países americanos y muchos habían ya enviado a sus familias a Estados Unidos, Canadá o Brasil. Algunos de ellos, a su vez, en las semanas previas a la invasión, habían ido invirtiendo su dinero en diamantes, sellos u oro, lo que haría más fácil obtener liquidez en cualquier país por el que tuvieran que pasar hasta sentirse a salvo. Aristides de Sousa Mendes, historia de una desobediencia consciente   | Imagen 1

Otros muchos, sin embargo, se vieron sorprendidos por la invasión alemana del territorio Benelux el día 10 de mayo de 1940, que provocó que los bancos no abrieran en varios días, lo que les imposibilitó sacar su dinero y tener así que huir a toda prisa con poco más que lo puesto.

Entre los que huían había políticos, familias pertenecientes a la banca, pequeños comerciantes o profesionales liberales y miembros de familias reales. No todos eran ricos o poderosos y para muchos de los que lo fueron, su suerte había cambiado hace tiempo.

A partir de ahí comienza un éxodo frenético, siempre apenas dos pasos por delante de las tropas alemanas, que los empujará hacia el sur de Francia. Algunos aún llegarán a tiempo de embarcar en algún barco de los que partían desde las costas de Burdeos, pero estos puertos quedaron rápidamente cerrados. Llegado este punto, sólo les quedaba una opción para salir de la jaula de terror en que se había convertido el continente europeo, el último puerto libre del sur de Europa: Portugal.

Portugal se había declarado neutral el 2 de septiembre de 1939, pero llegar a territorio luso no era tarea fácil, pues había que atravesar España, que, devastada por la Guerra Civil, había adoptado el estatuto de no beligerante. La realidad era que ni a España ni a Portugal les convenía admitir refugiados, situación ésta que les podría complicar las cosas de cara al régimen alemán. Portugal era, por un lado, aliado de Inglaterra en la sombra y, por otro, suministrador de wolframio a los alemanes. Por estos motivos, las circunstancias para conceder visados por parte de España y de Portugal, incluso de tránsito, eran sumamente restrictivas. Sólo se les concederían a aquellos que ya fuesen poseedores de algún visado definitivo para entrar en otro país y que pudiesen probar que ya tenían los billetes de barco o de avión comprados.

Así las cosas, obtener cualquier tipo de visado era, de hecho y por unas u otras circunstancias, prácticamente imposible en aquellos días de finales de junio de 1940. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Portugal, -dirigido en aquel momento por el propio Presidente del Consejo de Ministros, António de Oliveira Salazar-, había emitido el 11 de noviembre de 1939 la Circular nº 14 donde se recogía expresamente este punto: "los cónsules de carrera no podrán conceder visados consulares, sin previa consulta al Ministerio, a los extranjeros de nacionalidad indefinida, impugnada o en litigio, a los apátridas, a los portadores de pasaportes Nansen y a los rusos;?a aquellos que presenten en sus pasaportes la declaración o cualquier señal de no poder regresar libremente al país de donde provengan; a los judíos expulsados de los países de su nacionalidad o de aquellos de donde provengan".

Esta circular prohibía la concesión de visados a estos grupos y obligaba a consultar con Lisboa, de forma preventiva, la emisión de cualquier tipo de visado.

Por aquel entonces, Aristides de Sousa Mendes ejercía como cónsul de Portugal en la ciudad francesa de Burdeos. Había nacido el 19 de julio de 1885 en Cabanas de Viriato, en el distrito de Viseu, en el seno de una familia perteneciente a la pequeña aristocracia rural. Su padre era juez y él estudió Derecho en Coimbra, al igual que su hermano gemelo, César. Al terminar la carrera y después de ejercer brevemente como profesor, se preparó para la carrera diplomática, como ya lo había hecho su hermano César. Aristides de Sousa Mendes, historia de una desobediencia consciente   | Imagen 2

En 1908 se casó con su prima hermana Maria Angelina Coelho. El matrimonio tuvo catorce hijos, que fueron naciendo en los diversos países en los que Aristides de Sousa Mendes ejerció como diplomático.

Fue cónsul de Portugal en la Guayana Inglesa, en Zanzíbar, en Curitiba, São Luís do Maranhão y Portalegre (Brasil), en San Francisco (Estados Unidos) o en Vigo (España), entre otros lugares. Se consideraba conservador y monárquico y fue sancionado por el Gobierno portugués por considerarlo hostil al régimen republicano, que había puesto fin en 1910 a la monarquía en Portugal. Varias veces fue llamado a consultas a Lisboa, pasaba un tiempo en situación de disponible y nuevamente era integrado en la carrera diplomática en un nuevo destino.

En 1929 le llega la oportunidad de ascender a un destino que le reportaría mayor prestigio y mayores ingresos, Amberes, en Bélgica. La antigua Antuerpia había sido desde hacía siglos un núcleo de asentamiento judío importante. La ciudad se enriqueció, en gran parte, gracias a estos comerciantes judíos y era sede de grandes firmas financieras y hogar de familias judías tradicionalmente pertenecientes a la banca. Hasta ese momento, la situación económica de Aristides de Sousa Mendes nunca había sido demasiado holgada; destinos consulares de segunda categoría y una numerosa familia a la que mantener. Pero Amberes suponía el ascenso a un destino consular de primer orden, con mucha actividad. Esta fue una etapa de prestigio profesional y social, en la que llegó a ser condecorado por el rey belga Leopoldo III.

Su estabilidad económica y su prestigio continúan afianzándose al ser destinado a Burdeos en 1938. Burdeos era un consulado importante y del que dependían también las delegaciones de Bayona y Toulousse.

Con la invasión de París, millares de refugiados llegan a ciudades del sur de Francia como Burdeos, Biarritz, Bayona, Toulousse o Pau.

La ciudad de Burdeos multiplica en pocos días su población. Se convierte en un caos, con personas deambulando de un lado a otro de la ciudad. Sin alojamiento, algunos ya sin ningún tipo de recurso, intentando encontrar algún trabajo temporal para ganar un poco de dinero que les permitiese comprar los eventuales visados. La sinagoga de la ciudad se llenó de refugiados judíos, que acudían cada día a la búsqueda de noticias y de ayuda. Según los testimonios que han dejado los que por allí pasaron en aquellos inciertos días, los trasportes ferroviarios se encontraban colapsados, con gente subiendo y bajando de los trenes. Además, los militares tenían preferencia para usarlo, la gasolina escaseaba y ningún hombre en edad de combatir podía abandonar Francia, tuviese o no nacionalidad francesa.

En aquellos días parece ser que es cuando se conocen "por casualidad" Sousa Mendes y el rabino Kruger, personaje que resultará relevante para el giro que va a dar la vida del cónsul. Por lo visto, Sousa Mendes ya había tenido algún encontronazo con el Ministerio de Asuntos Exteriores portugués, que había recusado alguno de los permisos que éste había solicitado para emitir visados a personas que se encontraban en las circunstancias recogidas por la Circular 14. Siendo así que el cónsul portugués parecía proclive a ayudar, encontró un día de mediados del mes de junio de 1940 al rabino Kruger por la calle. Se paró a hablar con él y éste le contó que era refugiado, que tenía mujer y cinco hijos y que no tenían dónde quedarse. Sousa Mendes le ofreció su casa. Un católico de buena posición le ofrecía su casa a un judío extranjero y refugiado que, por si fuera poco, acababa de conocer. Esta inmediata proximidad hizo que Sousa Mendes comenzara a preparar los visados para que el rabino y su familia pudiesen llegar a Portugal y de ahí partir para otro destino que les fuese más favorable.

Según los testimonios que han dejado, tanto el hijo del rabino Kruger como Regina Weiss, otra refugiada que se encontraba esos días en Burdeos y cuyo testimonio está grabado en la USC Shoah Foundation, fue ahí cuando Kruger le pide a Sousa Mendes no sólo visados para él y su familia, sino para todos aquellos que él conoce y que están en Burdeos en su misma situación. Aristides de Sousa Mendes, historia de una desobediencia consciente   | Imagen 3

No se sabe si esto es lo que hace que Sousa Mendes sufra algo así como una especie de estrés paralizante, dudas, un bloqueo absoluto. Uno de los hijos, Pedro de Sousa Mendes, ha contado cómo entre el 14 y el 17 de junio de 1940 su padre vivió lo que parece ser un bloqueo mental que lo dejó sin respuesta. Al parecer, un día subió a su residencia, que se encontraba en el segundo piso del edificio consular, encima de la oficina, y se encerró en su dormitorio. Pasó allí tres días. Tres días sin salir, sin hablar con nadie. Su familia y los funcionarios del consulado asistieron con preocupación a lo que parecía ser algún tipo de crisis nerviosa, de enfermedad repentina. La ciudad se colapsaba, el consulado se colapsaba y Sousa Mendes parece que también colapsaba en el momento menos oportuno.

De ese encierro de tres días dicen que salió totalmente renovado, vitalista. Se aseó y se arregló y llamó a todos a su despacho, comunicándoles que, a partir de ese momento, se emitirían visados para todos aquellos que lo solicitasen, sin preguntar nada. Comienza una expedición frenética de visados para entrar en Portugal, en pocos días se emiten más de treinta mil, en una época en la que no había medios tecnológicos, todo se hacía a mano. En los registros del consulado que han llegado hasta nuestros días, se ve cómo en los apuntes de esas fechas se comienza escribiendo todos los datos personales en los formularios y se acaba sólo garabateando nombres.

Todos los trabajadores del consulado, los miembros de la familia Sousa Mendes que se encontraban en Burdeos en aquellos días y un buen grupo de voluntarios salido de entre los refugiados, se dedican día y noche durante siete días a cumplimentar los documentos de visa para todos los refugiados cuyos pasaportes llegaban en sacos al consulado. Se recogían en la sinagoga y en los puntos de la ciudad donde se juntaban los refugiados y se devolvían en los mismos sitios ya con el visado firmado. Sousa Mendes sólo firmaba, durante días no hizo otra cosa que firmar uno tras otro todos los visados que le ponían delante, algunos ya en papel de carta. Simples papeles donde figuraba sólo su firma y el sello del consulado portugués. De los registros que han quedado se sabe que firmó por lo menos treinta mil, pero en el proceso por el que fue juzgado se le acusó de emitir de forma irregular treinta y ocho mil, de los cuales unos diez mil fueron para ciudadanos judíos.

Ente los que pasaron la frontera de Vilar Formoso con visado de Aristides de Sousa Mendes se sabe que estaban el archiduque Otto de Habsburgo y su madre, Zita de Habsburgo, la última emperatriz austro-húngara; varios miembros de la mítica familia de banqueros Rothschild, la familia ducal luxemburguesa, varios ministros del gobierno belga y otros muchos ciudadanos anónimos, judíos y no judíos.

Hacia el día 24 de junio, la enorme cantidad de refugiados con visado del consulado portugués en Burdeos que estaban pasando esos últimos días por la frontera de Irún llama la atención de las autoridades españolas. Rápidamente, el embajador de Portugal en Madrid, Pedro Teotónio Pereira es informado y decide viajar personalmente en automóvil hasta Burdeos, ante las flagrantes irregularidades que se están cometiendo en su consulado. Antes de su partida, informa a Lisboa, que acto seguido envía varios telegramas a Burdeos, conminando al cónsul portugués a que cese la emisión de visados inmediatamente.

También el hermano de Sousa Mendes, César, que en ese momento es embajador de Portugal en Varsovia, le advierte.

Pero Aristides de Sousa Mendes no recibe los telegramas. Se había trasladado a Bayona, delegación consular dependiente de la de Burdeos, cuyo responsable se había revelado frente a las órdenes de su superior jerárquico de emitir visados indiscriminadamente contraviniendo la Circular 14.

Sousa Mendes llega entonces hasta el puesto fronterizo de Hendaya/Irún, negociando personalmente el paso de los refugiados con la Guardia Civil española, ya que Portugal había comunicado a las autoridades españolas que diesen por nulos los visados emitidos por el consulado portugués. Aristides de Sousa Mendes, historia de una desobediencia consciente   | Imagen 4

El día 26 de junio regresa a Burdeos, donde el embajador Pedro Teotónio Pereira lo espera y le adelanta la noticia: ha sido suspendido y es llamado a consultas en Lisboa urgentemente.

Acata las órdenes, pero antes emite sus últimos visados y otorga la protección diplomática de la que aún goza a cientos de refugiados que atraviesan con él la frontera.

Es sometido a un proceso disciplinario en el Ministerio de Asuntos Exteriores en el que es acusado de desobediencia al emitir treinta y ocho mil visados de forma irregular.

El 4 de julio declara en el proceso el embajador portugués en Madrid, que manifiesta haber encontrado a Aristides de Sousa Mendes en su viaje a Burdeos "perturbado, fuera de sí". Afirma no tener duda alguna de que el cónsul ha perdido la razón.

Sin embargo, en el momento de defenderse, Sousa Mendes no sigue esta línea y declara: "puedo haberme equivocado, pero si me equivoqué no fue con intención, habiendo procedido siempre según los dictados de mi conciencia que, a pesar del agotamiento nervioso que sufrí y sufro todavía por el exceso de trabajo soportado, pasando semanas casi sin dormir, nunca dejó de guiarme en el cumplimiento de mis deberes, con pleno conocimiento de mis responsabilidades".

Como consecuencia de este proceso es inhabilitado, su sueldo reducido a la mitad y queda en situación de reserva durante 12 meses. Aún así, seguirá recogiendo refugiados en su residencia familiar de la Casa do Passal, en Cabanas de Viriato, hasta que puedan salir de Portugal. Tal es el caso de los tres ministros del destituido gobierno belga que, desde la Casa do Passal, emiten un manifiesto por el que declaran a Bélgica como nación independiente y crean un gobierno belga en el exilio.

Parece que es en esta época, ya en Portugal, cuando pronuncia su famosa frase "no participo en matanzas, por eso, desobedezco a Salazar".

A la finalización de este periodo, no obstante, no recibe los emolumentos acordados y es expulsado definitivamente de la carrera diplomática.

Con todo, confía en ser restituido en sus derechos y poder volver a ejercer una vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Así pues, en 1945 escribe sendas cartas a Salazar, al Presidente de la Asamblea de la República y a varios diputados. En esos escritos intenta justificarse y alega ser inconstitucional la pena impuesta. No desistió, afirmando también la inconstitucionalidad de la Circular 14: "En resumen, la actitud del Gobierno de Portugal fue inconstitucional, anti-neutral y contraria a los sentimientos de la Humanidad y, por tanto, indiscutiblemente contra la Nación". No consigue nada.

Entonces, intenta ejercer como abogado, pero la Orden de los Abogados le impide el acceso. Tampoco consigue ejercer de profesor.

Con sus recursos muy mermados por tantos años sin ingresos, por la numerosa familia y por su proverbial hospitalidad que había dado refugio a tantos en su propia casa, se ve obligado a comenzar a vender las tierras heredadas de la familia en su comarca natal. Poco a poco va vendiendo también los muebles y, finalmente, la Casa do Passal es vendida en subasta pública debido a las numerosas deudas que acumulaba.

Su hermano gemelo César también sufrió represalias por el comportamiento de Aristides. Estando de embajador de Portugal en Polonia, en agosto de 1940 fue mandado regresar a Portugal. Permaneció a disposición durante cinco años, hasta que en 1945 fue destinado a México y después a Cuba. En 1947 le trasladaron a Suiza, donde permaneció hasta 1950, año en que volvió a Portugal y se jubiló.

El castigo explícito fue para él, pero implícitamente alcanzó a toda la familia. Estaba muy preocupado por el futuro de sus hijos y quiso que saliesen de Portugal. Los mayores empezaron a marcharse a Estados Unidos, algunos no regresaron nunca. Luego continuaron los demás, también a Estados Unidos, Canadá y Bélgica. En pocos años Angelina y Aristides estaban solos, arruinados y rechazados por todos los que antes habían sido sus amigos.

Sus colegas diplomáticos le retiraron la palabra, también alguno de sus paisanos de Cabanas de Viriato, que cruzaban de acera para no tener que saludarle cuando lo encontraban en la calle. En una dictadura el mayor castigo es el miedo; la miseria, el rechazo social, el aislamiento.

Con su comportamiento salvó a millares de judíos y refugiados políticos en pocos días y en esos pocos días arruinó toda su vida. Una quiebra económica y social. Pero nunca se arrepintió, al menos, no lo hizo públicamente, sino que cuando pudo defenderse se reafirmó en su desobediencia consciente, elegida. Le pusieron en bandeja una vía a la que podía haberse agarrado como tabla de salvación: el estado de enajenación mental transitorio, pero no la usó.

Junto a su mujer y sus hijos más pequeños fue a vivir a Lisboa, donde la comunidad judía les ayudaba económicamente y les permitía hacer uso de su comedor social. Todos sus hijos acabaron por marcharse y Angelina murió en agosto de 1948.

Aristides de Sousa Mendes sufrió un accidente cerebro-vascular en su apartamento de la calle Berna de Lisboa y fue ingresado en el Hospital de la Orden Terceira, un hospital benéfico que asistía a las personas sin recursos. Allí murió el 3 de abril de 1954 a los 68 años.

Fue enterrado en Lisboa y posteriormente sus restos se trasladaron al panteón familiar de Cabanas de Viriato, donde hoy es visitado por descendientes de los refugiados a quienes concedió visado en 1940.

La Sousa Mendes Foundation se creó en Estados Unidos por descendientes de judíos que habían logrado escapar de Europa gracias al visado que el cónsul de Portugal les firmara. Desde hace varios años organizan un viaje a Europa, al que llaman "On the Road to Freedom", y realizan el mismo camino que sus antepasados para llegar a Portugal desde Burdeos.

La contribución a la Historia de Aristides de Sousa Mendes empezó a ser reconocida en Estados Unidos, Canadá, Francia e Israel. En 1966 la Yad Vashem lo proclamó "Justo entre las Naciones". También le fue otorgado el título de Ciudadano Honorario del Estado de California. Muchas calles por todo el mundo llevan su nombre. En 1986 el Congreso de los Estados Unidos hizo una proclamación reconociendo "su acto heroico".

Hasta los años ochenta no comenzó a ser reconocido en Portugal. El Presidente de la República en ese momento, Mário Soares, pidió disculpas públicas a la familia y el Parlamento lo ascendió a rango de embajador a título póstumo.

Sus hijos nunca volvieron a vivir en Portugal. Hoy en día ninguno de los catorce hijos que tuvo con Angelina está vivo. Sus nietos y bisnietos siguen esparcidos por todo el mundo, al igual que los de los refugiados que salvó.

Aristides de Sousa Mendes, el portugués que salvó a miles de judíos y refugiados políticos y vivió su propia diáspora.

"Prefiero desobedecer las leyes creadas por los hombres antes que incumplir las leyes dictadas por Dios", Aristides de Sousa Mendes.

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