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Halloween en el Congreso
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Halloween en el Congreso

OPINIóN
Actualizado 31/10/2016
Higinio Mirón

La semana pasada insinuaba en estas páginas la conveniencia de que algunos políticos se quitaran la careta para poder apreciar su semblante sin engaños ni dobleces, y no tratar de esconder sus verdaderas intenciones. Después de finalizado el último debate de investidura, humildemente tengo que agradecer a muchos de ellos haber escuchado mi recomendación y, de esta forma, ofrecer todo un abanico de actitudes, lo suficientemente explícitas como para abandonar más de un titubeo.

Para ser sinceros, conviene aclarar que hemos observado entre los políticos distintas reacciones en el uso de la careta. Políticos hubo en los últimos días que propagaron, a todo el que quisiera escuchar, su intención de oponerse a la investidura de Rajoy, porque "no es no, y de ahí no me apearé nunca". Por la boca muere el pez y, de este grupo, más de uno ha tenido que ponerse la careta de "donde dije digo?." Sencillamente, han quedado como Cagancho en Almagro. A medio camino con los anteriores, otro colectivo, un tanto rajado, pretendió salvar los muebles con la careta de "por imperativo, abstención". Estos son los fácilmente maleables. En cualquier caso, estos grupos no son los más peligrosos.

En el apartado de los que conviene tener muy en cuenta, debemos incluir, en primer lugar a Pedro Sánchez, que, sin estar presente en la última sesión, tiene el dudoso honor de ser el máximo responsable de la delicada situación en que se encuentra hoy el PSOE. Disfrazado hasta última hora con la careta de socialista "pata negra" y escondiendo, al mismo tiempo, la artera maniobra de pactar con quienes tienen como meta la destrucción de España ?y del PSOE-, no ha tenido la valentía de mantener públicamente su decisión, como han hecho otros compañeros de bancada, y ha renunciado a su acta de diputado alegando su amor al partido; a ese mismo partido que ha dejado hecho unos zorros cuando más le necesitan todos los españoles. Se le ha caído la careta de socialista y ahora le aparece la que nunca abandonó: la del egoísmo, la obcecación y el odio. Quiere recorrer España con su propio cadáver a cuestas, cual nueva Juana la Loca. En la práctica, este nuevo cid madrileño, cabalgará al destierro con muy pocos de los suyos.

La casualidad ha querido que estos faustos coincidan con esa nueva celebración pagana del puente de los Santos, llevada a Norteamérica por los irlandeses y propagada hoy por todo el mundo anglosajón. Amigos de imitar lo pintoresco, también está tomando arraigo en España el fenómeno Halloween. Y, claro está, había que aprovechar la ocasión. A la tribuna de oradores del Congreso se subieron varios voceros, con el traje de payaso y la máscara característica de su respectiva especialidad. Así hubo payasos con la careta de payaso maléfico, esos que en cualquier otro lugar prohíbe la policía, pero que disfrutan de manga ancha gracias a la "cortesía parlamentaria", Por el atril desfiló una colección de cínicos, truhanes, rufianes y mafiosos, con licencia para mentir, insultar, ultrajar a las víctimas del terrorismo y desafiar a diestro y siniestro ?nunca mejor dicho-. Si la Presidencia entiende que no siempre debe concederse la palabra a quien se sienta aludido, es ella misma quien tiene la obligación de dejar bien sentado el principio de autoridad y dejar a salvo el honor de los agraviados. Se ha repetido hasta la saciedad que las conductas permisivas envalentonan a los infractores. Será que se tiene miedo a comprobar que el pueblo llano, honrado y pacífico está ansioso de ver una señal de firmeza, antes de que sea demasiado tarde.

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