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Teresa ilumina con su luz a San Martín del Castañar
NUEVA REPRESENTACIÓN

Teresa ilumina con su luz a San Martín del Castañar

LA SIERRA
Actualizado 15/08/2016
Redacción

La obra encierra todo un canto a lo extraordinario del ser humano y a aspectos desconocidos de la figura de Teresa de Jesús

Era un bosque de muy variados árboles donde la Naturaleza hacía tal alarde de riqueza, que hasta el mismo ser humano, reparó en ello, y quiso preservar estos parajes, al menos hasta donde su espíritu depredador le permitió, de esta esencia suya derrochadora para con todo lo que este nuestro planeta ofrece, y lo convirtió en reducto de reserva natural de la Biosfera. Pero tuvieron que pasar muchos siglos para que esto fuera así.

Tiempo atrás, mucho en realidad, había surgido aquí una pequeña villa, rodeada de montañas, ríos, fuentes, veredas, luces y colores estacionales que enmarcaban su exuberante flora y fauna, y que en alguna ocasión se envolvía en alguna que otra niebla, que la hacía más bella todavía. Por circunstancias de los hombres que por allí pasaron, y debido a ciertas creencias religiosas, recibió por nombre, en un punto de su historia, el de un famoso caballero del país vecino, al que adornaban valores de toda índole, y cuyas tierras francesas aportaron muchos de los repobladores de las nuestras, como es en este caso la sierra de Francia, que por ellos lleva su nombre.

Martín se llamaba este caballero, y fue elevado en aras de la religión católica hasta la condición de santo. Pero las gentes de la zona, empapadas de su entorno natural y las huellas de otros tiempos, volvieron los ojos a la evidencia, y rindieron también honores a una de las especies autóctonas más abundantes, el castaño. Así, la preciosa villa ha llegado a nosotros con el nombre de san Martín del Castañar.

Estos acontecimientos tuvieron lugar en época medieval, pero este pueblo, como la castaña, fruto del árbol que abundaba en el bosque que le dio su nombre, encerraba en su interior, bien salvaguardado por los "pinchos" de muchos acontecimientos previos, el tesoro de una abigarrada y prolífica Historia de otros hombres, de otros tiempos. En San Martín del Castañar, se pueden encontrar vestigios de diversas civilizaciones, lejanas en siglos y religiones, de la que en época medieval la bautizó de forma definitiva con el católico nombre con el que actualmente la conocemos. Curiosamente en su magnífica iglesia, que también lleva por advocación la del santo caballero, se pueden datar en el proceso de su construcción, intervenciones de muy distintas épocas, como la románica de su primitiva planta y muros, o la gótica del arco apuntado de una de sus fachadas y las nervaduras de su bóveda, hasta las más preeminentes huellas del XV, siglo en el que seguramente se reconstruyó.

Nuevos añadidos posteriores, en el Barroco o Neoclásico, la remataron. Sin embargo se ha conseguido un auténtico tesoro artístico, declarado Bien de interés cultural, que da fe de la belleza armoniosa que puede salir de la mano del hombre, si se entrega a la tarea de conciliar en equilibrio, las variedades que vienen de la mano de las distintas culturas que dejan su impronta a través de los siglos.

Que las gentes de este rincón eran respetuosas con su ancestral tradición, se ve en la magnífica estela de origen romano que permanece, como joya única en el tiempo, en la fachada principal de su iglesia, y en la que una leyenda nos da a conocer la existencia de una tumba de mujer, madre de un centurión romano que de esto nos habla en la inscripción. Por encima de ella, el signo de la luna creciente da fe de otras creencias paganas tan auténticas y fuertes en sus convicciones, como puedan ser ahora las nuestras.

La grandeza está en ver el respeto que los habitantes de estos parajes han tenido, permitiendo su conservación, con todas las civilizaciones que por aquí han pasado. Y aunque era difícil aportar otra huella de relevancia que quedara en la memoria de esta singular tierra, la obra de teatro 'Teresa, la jardinera de la luz', llega a San Martín del Castañar, en este "puente" de agosto, en el que los pueblos de la Sierra de Francia bullen en fiestas, con la intención de aportar su granito de arena a tanta singularidad y hermosura. Presentar a Teresa de Jesús siempre parece conllevar un marchamo de éxito, por lo que el personaje en sí encierra; pero con este montaje que el grupo de teatro Lazarillo de Tormes nos lleva ofreciendo a lo largo de tantos meses, se sabe que la apuesta por este éxito está garantizada.

En esta ocasión han sido los miembros de la HOAC (Hermandad obrera de acción católica), los responsables de que esta puesta en escena tuviera lugar en la iglesia de San Martín del Castañar. Es un marco en el que el respeto y la integración armoniosa del hombre con la Naturaleza, hace que volvamos los ojos con admiración hacia un grupo de gente que da a conocer con toda su energía, la perfecta conciliación entre dos ámbitos de los que nos han hecho creer que caminan por sendas opuestas, como son el de la religión católica y el mundo obrero.

No deja de resultar cuanto menos curioso, que hayan elegido para esta convivencia de verano, el antiguo campamento visigodo de La Legoriza, pues era un asentamiento minero de carácter metalúrgico, que los visigodos instalaron en la zona, dada la alta demanda de armas que las siempre presentes guerras entre pueblos exigían en aquella época. Pero no sólo se trataba de una explotación minera, sino que también tenían lugar tareas agropecuarias, talleres textiles, curtidos de pieles, elaboración de utensilios de todo tipo; era pues toda una infraestructura de producción de los elementos necesarios para el buen funcionamiento de una población. Un auténtico canto al trabajo. En la actualidad este asentamiento se ha transformado en otro de carácter lúdico, y que gracias a la buena interacción de la gente que allí convive, hace posible el entendimiento en el poblado.

De carácter lúdico es sin duda también 'Teresa, la jardinera de la luz', pero encierra todo un canto a lo extraordinario del ser humano, y a aspectos desconocidos y muy cercanos a nosotros de la figura de Teresa de Jesús. Conscientes de esto, miembros de la HOAC, que ya han disfrutado de esta obra, han querido, aprovechando estas jornadas de ocio, compartir con las gentes del pueblo este trabajo de Lazarillo de Tormes. Una monja carmelita, ser humano antes que santa, enamorada de un Jesús de Nazaret, hombre en la tierra antes que Dios, nos puede dar una idea del sencillo misterio que encierra el amor que funde lo humano y lo divino.

Es la misma sencillez, amor y respeto que han sabido guardar las gentes de este pueblo anfitrión, hacia todo lo que allí ha dejado huella, y conjugarlo para crecer y conservar y no destruir. Muestra de ello son sus casas de entramado de materiales de la zona, que con ideas mudéjares, han aunado piedra, ladrillo, mampostería y madera para crear una arquitectura popular reflejo de su personalidad sencilla y conciliadora. Frente a éstas, encontramos otras, hechas sólo de piedra con escudos nobiliarios que reflejan el poder civil y religioso de algunas familias. Teresa de Jesús, también sufrió las injusticias del poder de su época, y aunque de familia privilegiada, se posicionó con las gentes de "arquitectura popular", que en algunos casos ni techo tenían o morían de hambre. Y a las mujeres en concreto, los seres más infravalorados de aquel mundo, les enseñó a conocer el amor infinito de su amado Jesús y peleó por esos caminos para crear casas donde pudieran ser libres, los conventos.

En la breve presentación que el productor Javier de Prado hace de este montaje, donde siempre subraya la importancia de que sea representada en los altares de las iglesias, por la energía secular que encierran, nos da unas pautas sobre lo que ha supuesto la elaboración del guión por parte del afamado dramaturgo Denis Rafter, pues esto nos pone en situación frente a las claves en las que se va a desarrollar la obra. Desde la presencia de un púlpito, un órgano del que saldrá música renacentista de la época de nuestra monja, hasta el vestuario primorosamente confeccionado con telas y hechuras de aquel XVI español, consiguen llevarnos de forma casi automática a la iglesia del convento de Alba de Tormes, donde se desarrolla la acción que se pone ante nosotros.

Y se tiene la sensación de que Teresa se mueve por el escenario a través de los diálogos entre sus hermanas carmelitas y el inquisidor que sobre ella, les pide explicaciones. Explicaciones que van creciendo en seguridad y fuerza conforme avanza la obra y que consiguen que el padre dominico baje de su altura privilegiada para ponerse a los pies de la luz y la verdad de Teresa. Capaz de ver a Dios entre pucheros, hubiera sido feliz en la artesana panadería de San Martín. Habría sonreído ante lo que sólo son restos de su muralla medieval, porque las humanas siempre acaban por caer, y ante su Dios no son necesarias. Verla acusada de forma despiadada por la Inquisición a lo largo de la representación, a pesar de lo cual sus hermanas la mantienen irreductible ante los acontecimientos, nos lleva a pensar en que el auténtico castillo inexpugnable, no es el que está al lado de la iglesia, sino la fortaleza de esta monja, que a diferencia del primero, que albergó en su interior una cárcel de presos de la Inquisición, consiguió ver a ésta siempre de frente sin sucumbir a su poder.

La antiquísima plaza de toros de esta localidad fue en su tiempo la plaza de armas de este bello castillo, pero las únicas que usó Teresa de Jesús a lo largo de su dilatada y luchadora vida fueron las palabras. Las usó con la belleza de unos pases de capote cuando le hablaba de amor a su Dios en las poesías que le dedicó. Fue diestra en sus muletazos epistolares para transmitir sus pensamientos, sentimientos y quejas ante cualquier persona que fuera menester, incluido el mismísimo rey Felipe II.

Y por supuesto dio una elegante vuelta al ruedo con los trofeos de su vida en la mano como deja patente en todos los libros que escribió, en los que cuenta a sus hermanas y a todo aquel que a ella se acerque en cualquier tiempo, sus intensas experiencias de vida, ya sea por esos caminos del mundo que le tocó vivir, como en el suyo interior donde sólo cabía un hombre, y ese Hombre se llamaba Jesús. A una mujer que dio espacio a todo en su vida incluido por supuesto la risa y la fiesta, San Martín y la HOAC le dedicaron una ovación en la que no faltaron los bravos. Y es que 'Teresa, la jardinera de la luz' se merece también un ¡olé!

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