Está claro que no podemos elegir los acontecimientos que marcan nuestras vidas, pero sí podemos elegir la forma de enfrentarlos: podemos enfadarnos con el mundo por tener tan mala suerte, podemos estar agradecidos por las pocas o muchas cosas buenas que nos ocurren, podemos deprimirnos? o podemos hacer lo que decían nuestros abuelos, "al mal tiempo buena cara", y tomarnos las cosas con el mejor sentido del humor de que seamos capaces en cada momento.
Cuando aplicamos el humor a las situaciones negativas lo que hacemos es encararnos con nuestros miedos más básicos y reírnos de ellos en su cara. Nuestros miedos nos frenan. Nuestro humor frena nuestros miedos y nos ayuda a superarlos para poder seguir creciendo. De hecho, cuando uno deja de reírse de sí mismo es cuando empiezan a hacerlo los demás.
Y es que por lo visto en situaciones de estrés, miedo o provocación, nuestro organismo libera una hormona que inunda el cerebro: el cortisol. Algunas funciones del cerebro como la razón, la reflexión, la prudencia y la compasión quedan temporalmente
bloqueadas y nuestro cerebro emocional toma el control, se vuelve incapaz de regular nuestras emociones o de gestionar la diferencia entre sus expectativas y la realidad. Generalmente la respuesta que elegimos es la lucha porque nuestro cerebro produce adrenalina y dopamina, dos hormonas que producen bienestar y adicción. Por eso nos "engancha" tener razón.
Pero si ponemos en práctica lo que intentaron enseñarnos de chicos, eso de pensar antes de actuar, si lo hacemos bien y elegimos tener pensamientos positivos, nuestro organismo liberará oxitocina, que es una hormona que nos proporciona el mismo placer que la adrenalina pero que aumenta nuestra capacidad para confiar y abrirnos a las opiniones de los demás.
Lo bueno es eso, que tú puedes regular tu producción de oxitocina y la de las personas que te rodean, es cuestión de práctica y de retroalimentación. Como todo en la vida, cuanto más practicas, más fácil resulta, y cuanto más ejemplo das, mejores respuestas recibes. La situación contraria la comprobamos a diario, cada vez que permito que mi cortisol responda por mí y me alboroto, quien tengo enfrente se alborota también y se produce el efecto bola de nieve hasta que uno de los dos tiene la suficiente sangre fría como para parar en seco. Pues al revés también funciona: si cuando alguien te incomoda, le respondes con sentido del humor, lo más probable es que esa persona se relaje y se acabe riendo.

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