Allí donde hace tiempo estuvo el mundo
hoy aparece el tigre.
T. M. B.
El tigre ha concitado el interés del hombre desde el comienzo mismo de la humanidad: su andar pausado, felpudo; su elegancia y vistosidad, su donaire y fiereza han hecho que el tigre sea animal descollante de sagas, leyendas, fábulas y horóscopos. Los escritores no han sido ajenos a este deslumbramiento: Blake, Borges, Salgari, entre otros, dan buena fe de la relevancia del felino de marras en sus escritos; el croata Tomislav Marijan Bilosnic se suma a esta devoción literaria por el tigre, por sus innúmeros y personales tigres que recoge fieramente en libro que no podía llamarse de otra forma: El Tigre, finamente publicado en Salamanca por Trilce Ediciones en 2015, con traducción al castellano de la hispanista Zeljka Lovrencic, prólogo de A. P. Alencart y pinturas de Miguel Elías.
Muchos y variados son los tigres del croata tigre, del tigre croata, los hay para todos los gustos y propósitos, son tigres - tigres que dejan de ser para dar paso a otros tigres originales e impensables. Marijan Bilosnic propone un gran zoo de un solo animal polisémico, plural y diverso, se regocija siendo tigre y creando tigres que no son de papel, sino que viven en el papel, compitiendo con los coloridos animales que Miguel Elías dibuja y pinta con los colores que los tigres gustan de portar en pelaje, laya y jaez.
El poeta rescata a su tigre personal e intransferible de las intricadas florestas, de la selva recóndita, del soto ajeno, para trasladarlo a su casa de la calle de la Paz, sita en su Zadar natal; el tigre del escritor prontamente se encuentra a sus anchas, al saberse protegido de trampas, embelecos y cazadores. Se aprovecha el tigre del poeta y éste de aquél para - entre los dos, feliz y singular pareja ? deambular tanto por lugares de realidad como de ensueño. Uno y otro viajan lejos y seguido, el poeta viste al tigre de otras indumentarias y rarezas para dejarlo volar en el tiempo y en el espacio. Visitan gozosos los talleres de pintores - naifs o expresionistas - amantes todos del tigre y su figura; se trasladan igualmente a Bengala, Siberia y Borneo, al lejano Tigris para presenciar el origen mismo de la humanidad, cuando el trigo brillaba como el oro del tigre.
El tigre se guarece en versos propios y ajenos, se siente a sus anchas en las tapas duras de los libros que valora, se disfraza de luna para brindar un fulgor diferente a los versos del trovador, vaga libre, va y viene, sacia su sed de futuro y su hambre de prójimo, se disfraza de sí mismo, se convierte en mullida alfombra persa, aparece retratado como Zar imperial. En busca de hembra para aparearse seduce a la negra gata egipcia que le brinda placeres ancestrales y desconocidos como los que Cleopatra ofrecía al monarca en su lecho de amor.
En fin, los incontables tigres de Marijan Bilosnic rugen fuerte y claro, al unísono, en Salamanca como si estuvieran por siempre en su selva favorita en pleno mediodía de la ciudad dorada, porque como bien lo afirma el poeta: "El tigre es el hombre verdadero // El tigre es un gran poeta / sumergido en la luz del sol".
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