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Terrorismo y guerra

Terrorismo y guerra

OPINIóN
Actualizado 30/11/2015
Lorenzo M. Bujosa Vadell

Estamos en precampaña electoral, nadie lo duda. Tenemos opciones electorales bastante diversas. Tampoco creo que sea discutible. Pero aun así llaman la atención los escasos vuelos del debate público. Estamos más en la huera propaganda electoral que en la publicidad imprescindible para que el electorado elija con conocimiento de causa, y se active de este modo el mecanismo de representación política, que demasiadas veces se ha olvidado en cuanto el elegido de turno ha conquistado su escaño.

[Img #491742]Hasta ahora al común de los mortales parece haberle interesado más el baile de la vicepresidenta ?cuasi impecable, por cierto-, el desfile de guaperas diversos ?para gustos hay colores- y la negativa a debatir en vivo y en directo del propio Presidente del Gobierno, que renuncia a la discusión constructiva, para luz del confuso votante que de momento está entre el voto en blanco o cualquiera del resto de opciones. Con escasa fe en general, como muestran todos los indicadores, y sobre todo el principal de todos: la conversación a pie de calle o en la tertulia del bar.

En este contexto de desconfianza, de agarrarnos al clavo ardiendo de que parece que estamos superando por fin la eterna crisis, lo que más me llama la atención es que se decidan aparcar temas para después de las elecciones generales, por pura y descarada estrategia electoral. No niego que no sea discutible lo que acabo de afirmar, pero si hay algo de verdad en ello, entonces ?pánfilo de mí-, no he entendido nada.

Pero ¿no estaban las campañas, y su extensión inevitable: las extensas precampañas, para poner sobre la mesa los grandes problemas y ofrecer opiniones fundadas sobre cómo afrontarlos, a fin de que el elector entregue de manera consciente el poder político que le corresponde como ciudadano a aquellas personas con cuyo diagnóstico, con cuyas ideas, y sobre todo, con cuya promesas electorales, uno sintonice mejor?

Pues por lo visto los que saben de esto mucho más que yo, entre otras cosas porque están en primera línea de la representación pública, entienden que hay cuestiones ?y decisiones- que se puedan aparcar hasta enero, para no enturbiar las frágiles mentes de los votantes, que se les pueden asustar a la menor, y quitarles el puñado de votos que les dé la supervivencia. Insisto: no pánfilo, repánfilo debo ser, porque esto no es lo que me explicó José Luís Cascajo en las clases de Derecho Político, en los ochentipocos?.

Se sufre obviamente el síndrome de la guerra de Irak, y se prefiere la curación en salud: evitar arriesgarse a decisiones incómodas, que puedan recordar manipulaciones políticas que han visto nuestros propios ojos, y tratar de parar el tiempo, mientras se está jugando al mus con los gobiernos aliados para que tampoco insistan demasiado en reclamar la ayuda que merecen.

He escrito en otras páginas que al terrorismo no se le gana con guerras. El presidente de los Estados Unidos de América que nos metió en la "vorágine heroica" de intelectual tenía poco y de gran estratega menos. Y encima ha demostrado que su insano discurso se contagia rápidamente hasta a los que se supone que tienen una ideología distinta. Hollande habló de guerra en el primer minuto en que salió a hablar, a los franceses y al mundo, tras el atentado más horrible que ha sufrida esa ciudad que a todos nos es tan cercana.

El caso es que estamos ahora mismo ante un panorama algo más complejo que el contexto que nos azoraba a principios de siglo, y ante el cual algunos hablaban de guerra y otros dieron, en la medida en que pudieron, una respuesta inteligente, tranquila y más o menos efectiva, como sin ir más lejos, los propios españoles. Pero ahora hay elementos distintos: hay territorios inmensos en mano de la más cruel barbarie. Hablo en plural: no sólo me refiero a partes de Siria y partes de Irak. El Sahel está tomado por radicales que nos odian a muerte.

Es obvio que la respuesta bélica debe ser la última de las soluciones, pero a pesar de las precamapañas, campañas y postcampañas, hay que tomar el toro por los cuernos, saber distinguir casos y cosas, y valorar entre todos que no podemos quedarnos parados viendo en los noticieros cómo ocurren las masacres, una tras otra, en nombre de paraísos improbables.

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