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El que está por venir
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Primer domingo de Adviento. C

El que está por venir

OPINIóN
Actualizado 29/11/2015
José Román Flecha

[Img #490604]"En aquellos días y en aquella hora suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en el tierra". Este oráculo de Dios que se encuentra en el libro de Jeremías (Jer 33, 14-16) nos introduce hoy en el tiempo del Adviento. Este es el tiempo de la espera y de la esperanza

? De la espera de un futuro que nos desvela un horizonte en el que se puede vislumbrar el derecho y la justicia. No la justicia de los que se apoyan en el poder del dinero y de las armas para arrogarse el derecho de "ajusticiar" a todos los que consideran como enemigos de sus ideales o de sus intereses.

? Y de esperanza, porque el mismo oráculo nos anuncia que ese horizonte no es fruto de las estrategias humanas. Es un puro don de Dios. Por eso el texto concluye con unas palabras que nos invitan a elevar los ojos a lo alto: "En aquellos días se salvará Judá y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: "Señor ?nuestra- justicia".

EXHORTACIONES

En el evangelio que se proclama en este primer domingo de Adviento, Jesús anuncia que habrá signos en los astros, angustia entre las gentes, estruendo del mar y hombres que quedan sin aliento, agarrotados por el miedo ante lo que se le viene encima al mundo (Lc 21, 25-36). Pero esta profecía incluye tres exhortaciones que conviene leer en sentido inverso:

? "Estad despiertos". Si nos mantenemos en vela podremos llegar a discernir los signos de los tiempos y aprender el profundo significado que encierran para nosotros.

? "Tened cuidado". Si perdemos la esperanza en el futuro, nos dejaremos emborrachar por el vicio y el dinero, que nos ofrecen en el presente una seguridad ilusoria.

? "Alzad la cabeza" Si levantamos la vista solo para lamentarnos no habremos conseguido mucho. Levantamos los ojos para descubrir la liberación y al Liberador.

De hecho el texto evangélico de hoy no promete algo sino la llegada de Alguien: "Manteneos en pie ante el Hijo del hombre".

ACTITUDES

En la segunda lectura de la misa de hoy leemos un trozo del primer escrito cristiano: la primera carta de Pablo a los fieles de la ciudad de Tesalónica. En este mensaje, el Apóstol subraya tres actitudes que acompañan a la esperanza:

? Rebosar de amor mutuo. Esta es la verdadera actitud del cristiano ante los demás. No se puede esperar al Señor viviendo en la indiferencia, y menos aún en el rencor.

? Pedir la fortaleza. Esta actitud nos sitúa ante nosotros mismos. Nuestra debilidad nace de nuestro acomodo y nuestra poltronería. Sólo la austeridad nos hará fuertes para esperar.

? Mantenerse irreprensibles ante Dios. Esta tercera actitud nos lleva a examinar nuestra conciencia ante Dios. El conoce nuestro corazón y nuestra verdad más oculta.

- Señor Jesús, conocemos las instrucciones que en tu nombre nos han entregado tus apóstoles y ha conservado para nosotros una larga tradición. Concédenos la fuerza para llevarlas a cabo, de forma que esperemos ardientemente tu venida y la preparemos con nuestro compromiso diario. Ven Señor Jesús. Amén.

José-Román Flecha Andrés

ACCIÓN DE GRACIAS

El último jueves de noviembre en los Estados Unidos se celebra el Día de Acción de Gracias. Los que tantas cosas hemos copiado de aquella sociedad, ya podríamos imitarla también en este espíritu de gratitud.

La acción de gracias brota del corazón de quien no se siente merecedor de los favores que recibe. Cuando la persona alardea de haberse hecho a sí misma sin ayuda de nadie no podrá ser agradecida. Al máximo dará gracias de forma rutinaria cuando le cedan el paso o le sirvan a la mesa.

Si esto ocurre en las relaciones humanas, puede también encontrarse en el ámbito religioso. Nuestros mayores pronunciaban con frecuencia la expresión "Gracias a Dios". No la repetirá conscientemente quien no crea en Dios o quien piense que Dios ha de estar agradecido a sus fieles. De hecho, son muchos los que piensan que al creer le están haciendo un favor a Dios.

Se nos olvida que todo lo hemos recibido. De Dios recibimos la vida y el amanecer de cada día. La posibilidad de colaborar con él en la obra de la creación y el deseo de compartir con los demás los bienes que vamos creando a lo largo de la vida.

Además son dones de Dios esa capacidad de creer en los demás y ser creídos por ellos. Esa tenacidad para esperar un futuro mejor y ese gozo de saber que alguien espera algo de nosotros. Esa alegría de poder amar y de saber que somos amados por alguien.

En los salmos se proclama con fervor: "Es bueno dar gracias al Señor y tañer para tu nombre, oh Altísimo, proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad" (Sal 92,2-3). Quien ha experimentado la cercanía bondadosa de Dios no puede menos de ser agradecido

Heredero de lo mejor de su pueblo, Jesús da gracias a Dios antes de repartir los panes, como un anticipo del rito tradicional que cumple fielmente antes de entregar el pan y el cáliz a sus discípulos. El que así da gracias a Dios, espera que los leprosos curados por él den gloria a Dios, pero solo uno de ellos vuelve para mostrarse agradecido .

Conocemos el corazón agradecido de san Pablo y su deseo de que los cristianos presenten a Dios sus peticiones y súplicas, acompañadas de la acción de gracias. La oración de gratitud, junto con la de intercesión, mantiene unidas a las comunidades cristianas.

Finalmente, el Apocalipsis nos dice que la oración de gratitud no queda limitada a esta vida terrena, sino que forma parte de la liturgia celestial. Si la gracia de Dios hace que el presente anticipe la gloria prometida, también la gratitud trasciende las fronteras del espacio y del tiempo.

El Papa Francisco suele repetir las tres palabras que hacen posible la vida en el hogar: "Permiso, gracias y perdón". En realidad las tres palabras demuestran que una persona ha superado su egoísmo. La gratitud hace posible unas relaciones humanas armoniosas y fecundas. El cristiano sabe, además, que un corazón agradecido pregusta ya desde ahora la gloria eterna.

José-Román Flecha

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