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El conflicto de Oriente Medio

El conflicto de Oriente Medio

OPINIóN
Actualizado 31/08/2015
Francisco López Celador

El conflicto armado entre dos colectivos responde, por lo general, a las diferentes concepciones para afrontar un mismo problema. Agotados los procedimientos pacíficos, se llega al enfrentamiento violento que culmina con la victoria, no de quien está en posesión de la razón, sino del bando mejor armado. En el caso del conflicto palestino-israelí ?que viene de lejos- debemos añadir un componente difícil de cuantificar en términos militares: el fanatismo.

T[Img #410382]omar como pretexto la religión para dirimir cuestiones terrenales es, cuando menos, enmascarar el verdadero problema: la lucha por un territorio. En la antigüedad, los descendientes de Abraham creían ser los herederos de la Tierra Prometida, y es aquí donde se inicia el conflicto. Los musulmanes sostienen que, por ser descendientes de Ismael, son ellos los destinatarios de ese territorio; mientras que para el pueblo judío, como descendientes de Isaac, otro hijo de Abraham, ellos son los elegidos de Dios. Aquel primitivo espacio geográfico, que hoy llamamos Palestina, ha sufrido numerosos cambios en su estructura, su pertenencia y sus habitantes. A los Éxodos de los primeros tiempos siguieron sucesivas ocupaciones que, para no hacer exhaustivo este comentario, concretaremos en el final de la I GM, cuando se concede a Inglaterra el mandato sobre un territorio que comprendía lo que hoy es Israel, Gaza, Cisjordania, parte de los Altos del Golán y la actual Jordania.

La superficie ocupada por los judíos, así como su población, representaban escasamente el 10 % del nuevo territorio. Mirándose de reojo, musulmanes y judíos mantenían un impasse que lentamente iba deteriorándose a medida que nuevos colonos judíos distribuidos por todo el mundo, empujados por el creciente movimiento de rechazo a lo semita y por el poder financiero de un dominante lobby judío, volvían a "su" Palestina y compraban grandes superficies de terreno a los árabes de la zona. De esta forma comenzó a invertirse la proporción de fuerzas hasta que, terminada la II GM, tras la terrible experiencia del holocausto ,la Asamblea General de las Naciones Unidas proponía el establecimiento de un estado judío en Israel y un reparto territorial que no satisfizo a ninguno. Las constantes refriegas entre árabes e israelitas culminaron, un año después, con la Declaración de Independencia del nuevo estado de Israel, el 14 de mayo de 1948. Sólo un día después, la Liga Árabe (Egipto, Jordania, Siria, Líbano e Irak) invadió el territorio de Israel y así dio comienzo la primera guerra árabe-israelí.

Una vez más, se impone la lógica del empleo correcto de estrategia y táctica. El balance de fuerzas contendientes era tan claro de color árabe que hacía presagiar un rápido desenlace de la contienda a su favor. Sin embargo, el empleo adecuado de los medios, la correcta coordinación de esfuerzos y un tipo de combate más "a la europea", basado en la experiencia del reciente conflicto mundial, inclinaron la victoria del lado judío; en tal grado que, de haber explotado el éxito, habrían aniquilado el ejército egipcio y ocupado el Canal de Suez ?lugar estratégico para el resto de potencias- Por esta razón, la ONU decide intervenir en 1956 y establecer tropas que controlen el tráfico marítimo del canal. En 1957 el presidente egipcio, Nasser, solicita de la ONU la retirada de las tropas estacionadas en Egipto. En un claro ambiente pre-bélico, Egipto y, con él, el mundo árabe, con el respaldo de la URSS, acumula tropas en Sinaí , a lo largo de la frontera con Israel. El ejército judío, con el apoyo de USA, está perfectamente informado de estos movimientos. De nuevo Israel vuelve a hacer uso de algo tan importante en la guerra como es el factor sorpresa y, antes de comenzar los posibles ataques del mundo árabe, aniquila por completo la aviación del bando enemigo, antes de que despegue de los aeródromos. Una vez conseguida la superioridad aérea, "la guerra de los seis días" sirvió para que Israel ocupara la península egipcia de Sinaí y todos los territorios palestinos concedidos a los árabes en 1947.

La nueva situación geoestratégica concede a Israel una posición de ventaja a la hora de negociar los acuerdos de paz, y prosigue su plan de establecer colonos en territorios de Palestina, que ve cómo su población siente la asfixia de la falta de espacio y la sensación de vivir en territorio hostil. La derrota sufrida por Egipto y Siria resulta tan humillante para el mundo árabe que, cuando consiguen reponer sus respectivos ejércitos, comienzan una verdadera guerra de desgaste contra Israel, hasta dar lugar a la llamada Guerra del Yom Kipur, cuyo final no supuso alteración de la situación. Tras los Acuerdos de Camp David, Israel devuelve la península de Sinaí pero los territorios asignados a Palestina en 1947 se convierten ahora en "Territorios Palestinos Ocupados".

Las sucesivas resoluciones de la ONU exigen la retirada del ejército israelí de los terrenos acopados, y declaran ilegal el establecimiento de colonos en los famosos kibutz. La triste realidad es que el carácter vinculante de estos mandatos depende del poder de la nación afectada. En el caso de Israel siempre ha sido papel mojado y, por lo tanto, el problema persiste. Ante las reiteradas derrotas sufridas por el mundo árabe, el islamismo ha cambiado de táctica. La rebelión de los grupos palestinos contra la ocupación israelí ? Intifada- dio lugar a la creación de un movimiento político ?Hamas-que, tras hacerse con el poder en las elecciones, adopta la táctica guerrillera para hostigar a Israel con acciones claramente terroristas. Debidamente pertrechado por el mundo árabe, Hamas pasa a ser un "ejército civil" e Israel decide someter su territorio a un estrecho bloqueo que corta sus suministros y agudiza la asfixia del pueblo palestino. La lucha se radicaliza por ambos bandos ?el fanatismo-: el bloqueo tiene sus rendijas por las que entran los cohetes orientados hacia Israel; el "poder" de Israel le permite dotarse del "escudo antimisiles"; los túneles palestinos y algunos edificios con personal civil se convierten en verdaderos arsenales; en las continuas peticiones de alto el fuego cada bando pone como condición previa el total desarme del contrario?.Resultado, dolor y muerte ?en una vergonzosa desproporción-; por un lado, fanatismo por exponer al fuego a elementos civiles, por el otro, fanatismo por continuar los ataques sabiéndolo.

En esta cruel larga guerra por fascículos, estamos asistiendo hoy a un capítulo que, si el mundo no lo remedia, por desgracia no será el último.

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