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Misioneros
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Misioneros

OPINIóN
Actualizado 31/07/2015
Juan Robles

Hace unas fechas partían para el poblado naciente de Santa Sara, en Piura (Perú), cuatro jóvenes y tres educadores de la pastoral juvenil diocesana. Allí van a tener contacto con una misión viva, y a ofrecer los servicios constructivos, educativos o religiosos que les reclamen. Y a su vez, están dispuestos a aprender y enriquecerse con las experiencias vitales, familiares, educativas y de vivencia religiosa de que están dotados los moradores de aquellas tierras latinoamericanas. Estarán un mes, y luego regresarán para unirse al encuentro de jóvenes europeos que se realizará en Ávila entre los días 5 y 10 de agosto, con los que compartirán su nueva experiencia evangelizadora, como lo harán después durante el curso con sus compañeros habituales de la pastoral juvenil y universitaria. Son multitud de jóvenes españoles, en torno a dos mil sólo en Madrid, que realizan esta interesante experiencia misionera a lo largo de los meses de verano.

[Img #350084]A lo largo de un mes, una profesora de la Universidad de Salamanca viajará a la República Dominicana para acompañar a jóvenes estudiantes universitarios que permanecerán en aquellas tierras entre tres y seis meses para enriquecer con la experiencia de cooperación su propio proceso de desarrollo y maduración. Es otra dimensión de colaboración misionera, al menos por parte de la monitora profesora que les orienta y acompaña.

En pasado omingo 12 de julio, las diócesis de Salamanca y Ciudad Rodrigo celebraron en Alba de Tormes la Jornada de los Misioneros Diocesanos, en recuerdo y solidaridad con los más de doscientos misioneros que han salido de nuestras tierras, y en agradecimiento y homenaje a los familiares de dichos misioneros. El agradecimiento es obligado, teniendo en cuenta la generosidad de los mismos, renunciando a la presencia y cercanía de sus familiares y socios religiosos, pero al mismo tiempo resulta estímulo para que puedan animarse otros posibles jóvenes o no tan jóvenes, que quieran responder a las llamadas de colaboración que siguen llegando desde las tierras de nueva evangelización y de creación de nuevas iglesias.

La mayoría de nuestros misioneros, en torno al 70%, trabajan y realizan su entrega generosa en el continente americano. Cerca del 30% lo hace en África. Y el resto viven y expresan su gestión de solidaridad en el gran continente asiático. Ellos ofrecen lo mejor que tienen a estos pueblos, generalmente jóvenes y en vías de desarrollo, pero a su vez se enriquecen con las no pocas virtualidades que esos pueblos tienen y comparten con los que los visitan.

Unos trabajan en la educación y alimentación de los niños, y en la formación y defensa de las mujeres. La enseñanza y la salud son los medios en los que desarrollan su labor gran parte de nuestros misioneros. Los hay que realizan obras de desarrollo social, otros están en labores administrativas e incluso en tareas de gobierno de sus propias instituciones.

Son admirables las obras de colaboración y desarrollo que llevan a cabo los misioneros. Y su obra es reconocida por todos los hombres de buena voluntad, aunque no participen de su condición de hombres creyentes y cristianos. Es una obra fruto del amor y la solidaridad que, con un mínimo de recursos personales, económicos y morales, realizan obras de reconocido valor y eficacia. Junto con la obra de Caritas, es la de los misioneros una institución reconocida y generalmente bien aceptada.

Los misioneros no están solos en sus labores de servicio y entrega en tierras lejanas, ajenas a nuestro mundo occidental. Ellos cuentan con la comprensión y el seguimiento de sus familiares y paisanos, y de sus propias comunidades de origen, que los conocen, siguen sus trabajos, progresos, y a veces fracasos, que les son propios. Desde el conocimiento teórico de las concepciones teológicas de la misión, hasta las campañas de difusión de sus tareas y de reclamo de colaboración espiritual, moral y aun económica.

La misión sigue. Y ni el verano ni las vacaciones la paralizan. Al contrario, ofrecen una oportunidad de renovar el compromiso de los misioneros y con los misioneros. Y Salamanca está comprometida en la marcha adelante de esa meritoria obra misionera.

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