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Cambio
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OPINIóN
Actualizado 05/06/2015
Juan Robles

La vida es cambio. Donde hay cambio hay vida. Lo que no cambia está muerto. En las últimas elecciones a comunidades autonómicas y ayuntamientos, se puede decir que ha habido cambio. O mejor, que se ha manifestado en los resultados de las elecciones que nuestra sociedad ha cambiado. Habrá que analizar en qué consiste el cambio que ha tenido lugar en nuestro ambiente social y que obliga a nuestros partidos a tener que dialogar y pactar para que haya gobiernos de coalición y no gobiernos de mayoría absoluta y dominante.

Desde luego que los cambios no son siempre para mejor. Pero hemos de admitir que lo que la sociedad o los ciudadanos expresan en las urnas es respetable, al menos, si es que no queremos decir que es lo mejor. Puede haber equivocación en los cambios, pero siempre se pueden reparar los errores, y se puede recuperar en nuevas elecciones la situación anterior.

[Img #324285]En estos tiempos nuestros se cambia fácilmente de opinión. Los principios fijos y permanentes apenas son ya sostenidos por nadie. Incluso vemos que nuestros dirigentes o líderes de los partidos cambian frecuentemente de opinión y de mensaje en pocos días y según los vientos que soplan a favor de una u otra postura, de modo que les resulte útil la opinión para lograr los fines que se proponen y el rendimiento más efectivo, por ejemplo en votos. Y se pacta hoy con quien se había dicho que nunca se pactaría.

Estamos en una sociedad débil y cambiante a pasos agigantados. Los principios religiosos no son precisamente cambiantes. Aunque se puede cambiar el lenguaje o modo de expresión del mensaje que se quiere proponer. Por eso, para la comunidad religiosa, en nuestro caso para la Iglesia Católica, una sociedad permanentemente en cambio como la que tenemos, es altamente incómoda, y no es fácil encontrar el lenguaje más conveniente. Y, sin embargo, no hay más remedio que buscar lenguajes sencillos, frescos y fácilmente comprensibles.

Es el camino que ha puesto en marcha nuestro Papa Francisco. Él sí que ha significado un cambio verdaderamente notable en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad. Y el lenguaje que él utiliza es el lenguaje más fácilmente comprensible, el lenguaje del amor a los más pobres, olvidados o abandonados y marginados. Ya decía el Papa Pablo VI que en nuestro tiempo la gente acepta más fácilmente a los testigos que a los maestros.

Los cambios afectan, desde luego, a nuestro país, pero con la crisis de Grecia, por ejemplo, y no sólo por eso, el cambio afecta a toda Europa. En lo económico. Pero también en lo social. Muestra de ello es toda la manifestación, cada día más incontenible, de la llegada multitudinaria de inmigrantes, que buscan acomodo en el interior de nuestras sociedades desarrolladas, o acomodadas y egoístas.

El cambio se manifiesta de manera todavía mucho más trágica en las manifestaciones violentas de los yihadistas, en los abusos de corrupción en los manejos económicos, véase los asuntos de nuestros propios corruptos o de los corruptos del fútbol en los manejos de la Fifa. Habría que añadir los tráficos de armas o de drogas, y los abusos del tráfico de personas, o los tratos esclavistas en multitud de empresas de trabajo en nuestras fronteras y fuera de ellas. O los manejos en torno a las realidades de la vida, desde el aborto hasta la eutanasia, o el abandono al que se ven avocados multitud de ancianos, o de jóvenes que no se encuentran reconocidos o que no encuentran objetivos que justifiquen la lucha y el esfuerzo personal que les lleve a la consecución de fines que dignifiquen todas las dimensiones de su vida.

¿Cambiamos para mejor? ¿O estamos cambiando hacia pendientes de desequilibrio y despeñamiento por las pendientes de la inmoralidad de nuestras sociedades? No quisiera yo caer en un pesimismo profundo. Creo en la posibilidad de la regeneración de la propia vida y de todas sus manifestaciones, tanto las biológicas y materiales, como las morales, así como las dimensiones más humanas del espíritu y las dimensiones superiores, incluidas las religiosas.

Confiemos en el cambio. Creamos y apostemos por la vida y todas sus manifestaciones. Bienvenido el cambio si nos empuja hacia una superación humana y social, o lo tomamos como apuestas o retos que se nos presentan y nos estimulan hacia metas superiores y mejoras existenciales. Adelante el cambio. Y siga la vida.

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