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El acoso de la cifra
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El acoso de la cifra

OPINIóN
Actualizado 11/04/2015
Alberto D.

Lo escuché hace unos días en una tertulia de radio y no estoy seguro de si hablaban del acoso de la cantidad o del acoso de la cifra, que viene a ser lo mismo en este caso. Es algo imparable. En todos los espacios de la vida humana se impone la cantidad, la estadística o el porcentaje. ¡Oh tiempos aquellos en los que el grupo humano no sabía contar y nada era mío ni tuyo! Eran los dorados tiempos de aquel paraíso que cantaba Don Quijote en su noble discurso sobre la edad de oro mientras apretaba en su mano un puñado de hermosas bellotas ante un grupo de cabreros (parte I, cap XI). Y no es que esté mal contar, hacer encuestas, valorar el tanto por ciento, buscar rentabilidad, recontar adeptos, seguidores, feligreses o votantes.

Pero no me quito de encima un cierto desasosiego cuando viene el vaivén de las cifras del paro como si sólo fueran cifras para marear la perdiz de turno o cuando en las víctimas de la llamada violencia "de género" (sic) el informante sólo valora la comparación con las del semestre anterior o cuando en un acto religioso se respira tranquilo o se pone cara de preocupación al oír el número de asistentes o cuando nos inunda la lejana catarata de cifras sobre subidas y bajadas de valores en las bolsas de por ahí o cuando, más grave aún, ante los hambrientos o muertos por desnutrición limitamos nuestra reacción al asombro ante la cifra ? Y así hasta el infinito.

Y sigo pensando que está bien contar y puede ser hasta sano, pero si se abusa suele llegar a ser enfermizo y compulsivo, de forma que acaba ocultando la totalidad y el sentido. Es un desvío que se nos cuela, sobre todo últimamente, en casi todos los huecos de la vida humana. Y se nos va perdiendo - en conversaciones, reuniones, noticias, programas? - el qué y el cómo, el porqué y el para qué, el de dónde y el hacia dónde? y nos quedamos con el cuánto y a veces con el cómo por puro morbo impuro. Con escasísimas diferencias ahora toda la prensa me parece amarilla, aunque quizás es por mi daltonismo... Y lo mismo me sucede con casi todos los boletines de noticias y los llamados telediarios. ¡Y pensar que el viejo El Caso desapareció porque parecía deshonesto y sin interés!

Con la pequeña y humilde experiencia que traen los años, cada vez veo con menos dudas la extraña pobreza de la existencia cuando se reduce a cuánto y cómo, sin nada más acá y más allá, por mucho que, y cito textualmente, las ponderaciones sean objeto específico de determinación por parte de una técnica multivariante. Bueno, creo que es mejor dejarlo. Por ahí llegamos muy cerca y ni siquiera doblamos la esquina. Así nos va. Pocas veces las fuentes de pensamiento y de información en una sociedad han sido de tan cortos vuelos. Recuerdo ahora a Juan Salvador Gaviota?

Seguiremos acosados por el prurito de la cantidad y de las cifras. Hablando de eso, he contado las líneas escritas, he llegado a la 31 y es obligado poner el punto final.

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