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Otra Navidad
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Otra Navidad

OPINIóN
Actualizado 02/01/2015
Juan Robles

2015-01-02 00:00:00

Cuando vivíamos en tiempos de nacional catolicismo, todo en la Navidad giraba en torno a la Misa del gallo, al Año Nuevo y los Reyes. Se comían turrones y se cantaban villancicos. Se adoraba al Niño con ofrenda económica incluida. Había regalos de Reyes para los niños. Todo giraba en torno a la dimensión religiosa cristiana de estas fiestas.

Con el tiempo, al llegar el pluralismo religioso, e incluso el laicismo, las fiestas navideñas permanecen, pero se olvida el sentido original cristiano y todo se laiciza y se abandona el recuerdo del nacimiento del Niño o de la adoración de los pastores y los Reyes.

Con todo, sigue habiendo, o seguimos habiendo muchas personas que nos esforzamos por mantener el sentido tradicional religioso, y vivirlo lo más espiritualmente posible, incluso subrayando la práctica litúrgica que relata y celebra lo fundamental del misterio cristiano en la Navidad.

Todos los años celebramos las fiestas navideñas. Y, sin embargo, no hay rutina ni acostumbramiento. Cada año la Navidad tiene un sentido nuevo. Y hay algún aspecto que recibe el subrayado de las celebraciones y colorea el sentido del vivir cristiano del momento.

Para mí fueron muchos años los villancicos y la música de Navidad lo que centraba mi atención y mi gozo, bien por el canto de los coros o de las comunidades sencillas de mis parroquias y aun de mi familia, o las músicas y los programas religiosos de la radio y la televisión. Por supuesto, no podía faltar, a ser posible si el tiempo daba para ello, la audición y contemplación del concierto del Año Nuevo.

Este año mi Navidad es bastante diferente. Y no sólo la mía, sino la de aquéllos con los que convivo y celebro estas fiestas de Navidad. Incluso las vivimos con un sentido en cierto modo contradictorio.

Sólo quiero hacer referencia a dos acontecimiento que han coloreado este año mi vivencia de la Navidad. Dejo un poco de lado la presencia de cerca de cien belenes en mi delegación diocesana de misiones, con abundantes visitas, o la cadena de amigos de whatsup de los colaboradores y voluntarios de las misiones, que se hacen eco de lo que estamos viviendo y celebrando, y aun lo comparten por ese sencillo medio de comunicación.

La primera referencia que colorea mi Navidad este año es el hecho de vivir, trabajar y celebrar yo como capellán en el hospital de los Montalvos, estando cerca de los enfermos, en muchos casos terminales, y aun terminados cada día, y de sus familias. Así es obligado relacionar la vida del Nacimiento del Dios hecho hombre con la muerte del hombre débil que termina su vida en este mundo y pasa a celebrar la fiesta de Navidad en el cielo. ¿Es posible vivir esta contradicción? Por supuesto, estamos tocando el misterio de la vida y de la muerte. Y para los que tenemos fe, es fácil unir la adoración del Dios presente en los enfermos y en los débiles que pasan por graves situaciones de sufrimiento. Navidad de los que sufren, de los que mueren, de los que comienzan a vivir una nueva vida que no acaba.

El otro acontecimiento es parecido. Este año me ha tocado celebrar el tránsito de dos compañeros sacerdotes que vivían en mi misma casa o residencia sacerdotal diocesana. Pero la Navidad del momento, del centro de las fiestas, ha sido la muerte prácticamente repentina de una voluntaria de la delegación de misiones. Maestra, miembro del Instituto Secular Siervas de Jesús, cristiana activa y comprometida en parroquias rurales, ayudando a algún sacerdote que atendía varias parroquias, o dedicada en su última parroquia, María Mediadora, donde se implicaba en los coros, en las catequesis, en el grupo misionero, en el movimiento de Vida Ascendente, o incluso gastando horas y entusiasmo en el teléfono de la esperanza.

Su muerte repentina nos ha marcado, ha dado color a nuestra navidad de este año. Era amiga, compañera de trabajos, animadora de la vida cristiana, alegre, feliz, contagiante, de una rica vida humana pero sobre todo de una vida de fe, a la que hacía honor incluso con su nombre, puesto que se llamaba Fe y la ponía en práctica continuamente. Navidad en el cielo. Desde ahora tenemos un ángel más. Una nueva adoradora o pastora en el portal del recién nacido. Gracias Fe, por esta nueva Navidad.

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