Miércoles, 08 de abril de 2026
Volver Salamanca RTV al Día
Miguel Blanco y la Big Band de la Universidad de Salamanca, pura magia
X

CONCIERTO EN EL JUAN DEL ENZINA

Miguel Blanco y la Big Band de la Universidad de Salamanca, pura magia

Publicado 01/12/2014

Es un placer oír la voz de Marian Fonseca y escuchar la máquina perfecta de la Big Band, escribe en su crónica de la velada Charo Alonso

[Img #162513]

Se divierten. Bajo la dirección de Alberto Palomares, la Big Band de la Universidad de Salamanca es un conjunto de músicos entusiastas capaces de de abordar todo el espectro del jazz con esa alegría que transmiten los intérpretes que aman la música y comparten con el público la alegría de tocarla. Fruto de las primeras agrupaciones de jazz, una Big Band es un conjunto de quince músicos o más propia de toda escuela e institución educativa norteamericana que, en este caso, están unidos bajo la advocación del Servicio de Actividades Culturales de la Universidad de Salamanca. Sus conciertos y su objetivo de presentar al público universitario y general todos los aspectos del jazz son bien conocidos, sin embargo el concierto que la formación ha ofrecido el domingo 30 de noviembre en el Teatro Juan del Enzina se convirtió en un raro privilegio para los espectadores. Primero por ocupar un lugar que, tras su remodelación es una de las salas más hermosas e íntimas de la ciudad, y segundo, por los cantantes y músicos invitados, entre los que destacó el compositor y arreglista Miguel Blanco.

Para el público que conoce bien a la formación de músicos universitarios, el placer de oír la voz de Marian Fonseca y escuchar la máquina perfecta de la Big Band estaba asegurado, sin embargo, el concierto tuvo mucho más. Fue un regalo asistir a la sucesión de excelentes cantantes y sobre todo, a la actuación de quien es uno de los músicos más solicitados por las orquestas de todo el mundo, Miguel Blanco. A la voz profunda, negra, de Victoria Mesonero, a la interpretación de Ned Rasmussen y Cristofer Hernández y a la delicadeza de Margherita Silvie, le siguió la actuación de un Miguel Blanco en estado de gracia que no solo dirigió a los músicos, con un protagonismo constante de la percusión y de instrumentos inusuales como la flauta travesera o el oboe, sino que nos devolvió el gusto por la elegancia de un músico capaz de hacer que cada instrumento suene único y capaz de integrarse en sus arreglos y composiciones. Profundamente ecléctico, Miguel Blanco, dedicado a la enseñanza, a la composición y que ha participado en trabajos de Omara Portuondo, Lucrecia, Armando Manzanero, Miguel Ríos y Fito Páez, convirtió el concierto en un acontecimiento único lleno de salsa, ritmos afroamericanos, jazz y sobre todo, pasión por la música. Esa pasión compartida desde el público de esta sala universitaria casi llena a despecho de un domingo desapacible.

La Big Band salamantina crea adicción, es cierto, sin embargo, en este concierto con Miguel Blanco la música ha tenido una dimensión más amplia, más plena, más rápida, conscientes todos del privilegio de ser dirigidos por un músico sobresaliente al que mis amigos músicos, Fernando, Antonio, Loren y Carlos, escuchaban con ese entusiasmo que solo conoce quien ha tocado en público y sabe bien que únicamente se transmite cuando existe ese gusto inenarrable de estar en armonía con los otros. Músicos haciendo música con un placer que se contagia a un público que asiste a la maestría de una formación excepcional que se deja llevar por una mano diferente y certera. Músicos oyendo música con el mismo placer. Y la Big Band cada vez más grande, como uno de los logros sobresalientes del Servicio de Actividades Culturales de la Universidad de Salamanca.

Charo Alonso