El salmantino se dejó la oreja en el tercero de la tarde y sufrió una luxación con el sexto que lo llevó a la enfermería
![[Img #80361]](https://img.salamancartvaldia.es/simg/imgf/2014/08/img_80361.jpg)
Plaza de toros de El Bibio, Gijón. Feria de Begoña, quinta de abono. Media entrada larga. Toros de La Quinta, de impecable presentación y bella hechura.
El Cid (verde oliva y oro): oreja y oreja.
Fernando Robleño (blanco y plata): oreja y dos orejas.
Javier Castaño (marino y oro): palmas tras aviso y silencio.
Amargo final para Javier Castaño en su tarde de Gijón, corriendo a la enfermería después de romperse un dedo en el trasteo al sexto de menos franca intención. El salmantino ha sufrido una luxacion interfalanquica en el cuarto dedo de la mano izquierda. Todo ocurrió al rematar una serie, cuando el toro se le metió por dentro, quedándose enganchado el dedo entre el estoque y la muleta.
Lo soportaría de otra forma el charro de haberle cortado al tercero las orejas que se dejó con la cruceta después de amarrarle al toro el morro a la arena. Le hizo surcos al albero el de La Quinta persiguiendo la muleta de Castaño, de mejor dibujo que ajuste, de más largura que rotundidad, pero con ligazón y ritmo que nacía del burel.
No precisaron fusil los cárdenos de La Quinta, porque al bravo le da toreo a quien le nace de dentro. Encierro de triunfo grande, de expresión inmensa con la pañosa en la mano para quien tiene cosas que decir. Hoy las dijo Robleño porque dejó su fusil para sentirse artista, porque se olvidó de la guerra para abandonarse en la cara, ralentizar corazón y pulso y llorar los naturales como se llora el flamenco. Y hoy recordó que un día soñó que esto era torear...