Ha publicado las novelas 'Tan alto el silencio', 'El paisaje vacío' (Premio de Novela Jaén, 2001) y 'El carillón de los viento', así como del libro de relatos 'Hijos de Caín'. Es autor también de un relato de viajes, Cinturón de cobre y Al otro lado de la
![[Img #76123]](https://img.salamancartvaldia.es/simg/imgf/2014/08/img_76123.jpg)
Ricardo Martínez Llorca ?transformarse, aunque sólo sea por unas semanas, en jardinero.
Por Charo Ruano
Decir Ricardo Martínez Llorca es decir viaje, aventura, él dice sueños de trotamundo? Sus libros nunca dejan a nadie indiferente, te golpean, te hieren, te duelen o te acarician. Novelas como Tan alto el silencio, El paisaje vacío (Premio de Novela Jaén, 2001) y El carillón de los vientos, así como del libro de relatos Hijos de Caín. Relato de viajes, Cinturón de cobre y Al otro lado de la luz, y de un libro de perfiles vinculado al mundo de la gran montaña, El precio de ser pájaro. Durante los últimos años ha colaborado con diversos periódicos y revistas. En la actualidad continúa ejerciendo como crítico literario en Quimera y articulista en el blog de viajes La línea del horizonte (www.lalineadelhorizonte.com). También ha participado como profesor en la Escuela Contemporánea de Humanidades y ha dirigido una pequeña colección literaria ilustrada, Clásicos con figura.
Este verano quiere? transformarse, aunque sólo sea por unas semanas, en jardinero.
.-En verano se hacen cosas distintas?
Mi trabajo me condiciona: estoy obligado a coger las vacaciones en verano. De otra forma, no sé si haría cosas distintas. A no ser que consumir helados tuviera mucho peso en las variaciones de la vida cotidiana.
En verano y de vacaciones sí se hacen cosas distintas y, lo que es más, lo bastante fundamentales como para justificar seguir viviendo: permites entrar en tus días y tus noches otras conversaciones con los amigos; das pie a regresar a la naturaleza; lees sin fruición; te ves obligado a volver a aprender a aburrirte y redescubres que el aburrimiento es un tesoro escondido.
.- Dónde piensa fugarse este verano?
Me gustaría no fugarme, no huir. Tardé en aprender a no esconderme poniendo kilómetros de por medio, sumando kilómetros a mi biografía. Es cierto que en verano, más que en el resto del año, expresamos nuestro deseo de alcanzar la única meta universal, el único podio común a todos los hombres, que es el descanso. Si te fugas, sabes que ese descanso tiene fecha de caducidad.
Esta vez no creo que busque los destinos que siempre me han llamado la atención, no creo que viva un par de meses en el tercer mundo. Me iré allí donde me siento querido, donde puedo ser jardinero, donde la literatura volverá a ser un hogar.
.- Su mejor recuerdo de una de estas fugas
Mis mejores recuerdos son memorias sensoriales. Algo que últimamente me está costando recuperar y no sé si lo lograré. No hace tanto cuando uno partía se largaba de casa, del trabajo, del país. Se reinventaba. Tocaba los techos de la pasión por el viaje cortando vínculos. Esa plenitud se nos está negando. Ahora la gente viaja sin salir de casa, conectados al smartphone, a las redes wifi, pensando en presumir al colgar tal o cual foto en su perfil de facebook, teniendo prisa por hacer llegar a los de siempre, a través de twitter, su proeza exhibiéndose junto al Taj Mahal o las playas de Jericocoara.
Mi mejor recuerdo tiene que ver con las veces que conseguí sentir que había conquistado la soledad, emocionándome, al mismo tiempo, al darme cuenta de lo amplio que es el planeta.
.- Y el peor, ese momento en el que tuvo verdaderamente miedo?
No he tenido que dormir con la navaja debajo de la almohada en ninguna ocasión. Siempre evité situaciones de conflicto. No me gusta demasiado ni el concepto de turista ni el de viajero. Y no soy un reportero de guerra. Con la palabra con que me encuentro más cómodo es con la de visitante.
Ahora bien, por mencionar un hecho, recuerdo que en la embajada de Rusia en Zambia me dieron mal la información y me presenté en el aeropuerto de Moscú sin visado. Tardé 48 horas en conseguir salir de allí y no lo hice sin sobornar a un funcionario.
.- Y qué está escribiendo ahora
Aventuras. Me encuentro cómodo en ese terreno. He intentado escribir ficción para denunciar la inmovilidad, la mala invención de Caín que termina en neurosis de asfalto y cemento, pero no he conseguido que saliera un texto decente. No creo que lo vuelva a intentar. Prefiero vivir dentro de relatos en los que convivo con lo que amo: aire, sol, agua, nieve, bosque, cuchillares de piedra.
Tengo un par de proyectos abiertos, uno de ficción, siguiendo la estela de Hijos de Caín, y otro sobre uno de los grandes exploradores de la historia. Espero llegar a puerto no tardando mucho. Me fatiga estar varios años pendiente de la disciplina que es escribir una novela.
.- La literatura de viajes y de aventuras "extremas" está de moda o siempre ha estado ahí y ahora le hacemos más caso o menos vaya usted a saber
Tal vez no sea difícil vivir una vida épica. Hay que saber mirar a la que cada uno se construye y seguramente encuentre épica en su día a día. Aunque no se dé de bruces con la batalla. Pero es casi imposible lanzarse a experimentar una epopeya. Lo más parecido a esa forma de felicidad viene a través del cine. O de las series de televisión de las cuales, debo confesar, no sigo ninguna. Pero la literatura te ofrece la epopeya en formato portátil. Se escribe muy poco de este género, y lo poco que existe queda tapado en las mesas de novedades por el edredón de los gruesos libros al uso, muchos de ellos manuales de lo cotidiano, aunque se presenten en formato novela negra.
He tenido rachas en las que para no parecer autista leía ese tipo de obras. No volveré a caer en la tentación. No sé qué leen los demás. Sé lo que me gusta leer a mí. Yo seguiré haciéndole caso a la gran aventura.
.- Da la impresión de que se refugia usted en la literatura de viajes, en la aventura extrema, para no meterse en otras aventuras interiores, que le resultarían más dolorosas o más difíciles
Sin duda más difíciles. Pero no más dolorosas.
Hay mucha aventura interior en Richard Burton, en Joe Simpson, en el Duque de los Abruzzos. Al menos tanta como en las obras de Tolstoi o Stendhal. Lo que ocurre es que el tipo de seísmo que provocan en mi diafragma me resulta igual de intenso, pero más dulce. Puede ser menos real, porque está menos a mi alcance, pero me ayudan a reclamar el derecho a la ilusión.
.-Qué libro ha leído últimamente que le ha dejado sin aliento
Sin aliento, lo que se dice sin aliento, es un reto demasiado alto para la literatura. Pero he vuelto a leer El enamorado de la Osa Mayor, de Piasecki, donde el hombre encuentra su identidad al aire libre. Una maravilla. También he releído el que puede ser el mejor cómic de la historia: Watchmen. Me impresiona cómo Alan Moore fue capaz de meter todo un mundo ahí dentro. Entre lo nuevo, destacaría Naturaleza Vírgen, de Robert Macfarlane, un canto a los rincones verdes junto a las ciudades.
.-Y qué nos recomendaría para leer este verano
Novelones. Es el momento de los novelones de siempre, Balzac, Tolstoi, Stendhal. Algún grueso volumen de cuentos de Chejov. Para mí el verano es tiempo de clásicos. A lo largo del curso escolar bastante tengo con mantenerme al día de lo que ponen las editoriales en las librerías.
.-A qué autor, a qué libro vuelve siempre
A Conrad y a Stevenson. Cada vez más a Stevenson. Lo que más lamento del escocés es haber leído toda su producción y algunos libros varias veces. Del polaco también. Pero cada vez admiro más la literatura para todo y todos. A Stevenson se le puede leer en cualquier momento. Hace falta tener una buena tarde para afrontar a Conrad.
En cuanto a libros de viajes, la gente del mundo literario suele ponerle en segunda fila, pero creo que el mejor autor al que acudir es Paul Theroux. Hacer que parezca fácil no es tan sencillo.
Y luego hay una serie de autores de distancia corta a los que me gusta acudir para leer todos los días uno o dos párrafos, como García Márquez o Manuel Vicent.
¿Debo añadir algún cómic? De nuevo Watchmen. Y Calvin y Hobbes, que tanto ayudan a soportar el mundo.
.-Planes para el verano que se acerca
Dormir, leer, escribir, estar con los amigos y ese sueño de siglos que ya va siendo hora de poner en marcha: transformarse, aunque sólo sea por unas semanas, en jardinero.
Charo Ruano
Ricardo Martínez Llorca (Salamanca, 1966), escritor, profesor y con sueños de trotamundos, ha publicado las novelas Tan alto el silencio, El paisaje vacío (Premio de Novela Jaén, 2001) y El carillón de los vientos, así como del libro de relatos Hijos de Caín. Es autor también de un relato de viajes, Cinturón de cobre y Al otro lado de la luz, y de un libro de perfiles vinculado al mundo de la gran montaña, El precio de ser pájaro. Durante los últimos años ha colaborado con diversos periódicos y revistas. En la actualidad continúa ejerciendo como crítico literario en Quimera y articulista en el blog de viajes La línea del horizonte (www.lalineadelhorizonte.com). También ha participado como profesor en la Escuela Contemporánea de Humanidades y ha dirigido una pequeña colección literaria ilustrada, Clásicos con figura.