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Vacaciones

Vacaciones

OPINIóN
Actualizado 04/07/2014
Juan Robles

Los meses de julio y agosto, en el hemisferio norte, suelen ser meses dedicados al descanso y a las vacaciones. Decir de vacaciones no quiere decir que sea tiempo de no hacer nada. Pero sí un tiempo de cambio de escenario y de relaciones.

No todo el mundo tiene la oportunidad y la posibilidad de tomarse unas vacaciones. O porque el trabajo no se lo permite, y menos en estos tiempos de escasez y de recortes. O porque hay que trabajar más, sustituir a los que toman vacaciones y no son repuestos por otro trabajador, teniendo entonces que asumir, además del trabajo propio , el de los compañeros. Pero aun así tenemos vacaciones, aunque sean más cortas o partidas en dos tiempos distantes entre si. Y aunque no podamos salir al extranjero, y a lo mejor ni siquiera a acercarnos a las playas y haya que aprovechar la oportunidad del turismo rural o de interior. Viene bien, por otro lado, para conocer otras tierras y otras gentes diferentes de las nuestras, y conocer sus tradiciones, su arte y su cultura.

No estaría mal aprovechar nuestras escaseces para caer en la cuenta de que muchos no pueden tomar vacaciones, simplemente porque no trabajan y, por tanto, están de vacaciones permanentes. Otros no las pueden tener porque les faltan medios económicos o tienen que ocuparse de los niños o de los enfermos.

De todos modos, podemos agradecerlo si es que nosotros sí podemos tener vacaciones. Y entonces convendría aprovecharlas: para estar con otros, especialmente enfermos y necesitados, quererlos y servirlos; para tener tiempos de silencio y descanso, que se puede aprovechar para reflexionar, leer, ver videos tranquilos, escuchar música? E incluso se puede, y conviene, hacer tranquilamente un tiempo de oración o unos ejercicios espirituales. Dios no tiene vacaciones. Y espera que lo acompañemos y demostremos que queremos tratar con Él como padre , esposo, amigo o hermano.

Las vacaciones, por tanto, pueden contribuir a oxigenar el cuerpo y la mente, y si se plantean bien, son meses para recuperar fuerzas.

Para un creyente, además, el tiempo de descanso tiene una referencia en Jesús de Nazaret. Él nos enseña a vivir de forma armoniosa y equilibrada. Es revelador el texto del Evangelio de San Marcos, en el que se narra una jornada del Maestro de Nazaret (Mc 1, 21-38).

El elato evangélico describe la estancia de Jesús en la sinagoga, desde la que se desplaza a la casa de Pedro para comer; y al atardecer cura a muchas personas de sus enfermedades. Y el texto continúa: "De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración."

Y en otros pasajes consta no solo el ejemplo del Maestro, sino la invitación que Él hace a sus discípulos: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco». Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario" (Mc 6, 31-32).

Jesús, pues, aparece necesitado de la casa de sus amigos, y acepta las invitaciones que le hacen. También se va a la orilla del mar, pasea por la ribera, sube al monte, pasa la noche en descampado?

Jesús nos dio ejemplo de vida, y no estaría mal imitarlo y poner remedio a nuestras formas agitadas, hacendosas, compulsivas de vivir, y saber introducir en nuestra agenda los llamados "espacios verdes", que no sólo significan descanso físico, sino también relación contemplativa, amorosa, orante.

Feliz tiempo de descanso, y si no sales de casa por lo que sea, intenta introducir algún cambio de ritmo y de relaciones, procura intensificar la dimensión teologal, trascendente, para no quedar atrapado en la inercia o en los hábitos nocivos.

¡Feliz verano!

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