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Familia

Familia

OPINIóN
Actualizado 16/05/2014
Juan Robles

Ayer se celebraba el Día Internacional de la Familia, y esta semana está teniendo lugar la primera Semana de Pastoral de la Familia en la Diócesis de Salamanca.

El hecho familiar es un dato básico de la realidad humana, que con todo derecho ha de ser tenido en consideración. La familia, según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el

elemento natural, universal y fundamental de la sociedad. Y los cristianos le damos un valor básico para la constitución, afianzamiento y persistencia de la Iglesia.

En una familia nacemos y en ella somos naturalmente acogidos y apoyados para nuestro desarrollo hasta la madurez y la capacidad de independencia de la persona, lo cual tiene lugar como norma entre nosotros a partir de los 18 años.

De cómo se haya vivido en los primeros años en el seno de la propia familia depende el desarrollo posterior de la persona humana, con sus virtudes y sus defectos, y el afianzamiento o no de la autoestima y de la capacidad de madurez intelectual, afectiva, espiritual y relacional.

Si nos encontramos hoy con gente desorientada y perdida, con conductas poco recomendables y causando problemas en las relaciones de convivencia, será bueno preguntarnos qué tipo de familia ha estado o está detrás del desarrollo y educación de esa persona.

La familia, como consecuencia, juega un papel básico también en la convivencia entre personas y en la misma sociedad. Cuando nos encontramos con individuos incómodos o provocadores, e incluso que llegan a causar violencias y desórdenes de todo tipo, podemos preguntarnos también por la familia que sustenta, acoge, rechaza o desequilibra a esos miembros problemáticos de la misma.

Lógicamente, le generalización de personas de este tipo, que proceden por lo común de familias desestructuradas, tiene su reflejo en el funcionamiento de la misma sociedad, condicionando sus relaciones sociales, y hasta políticas o religiosas.

Y, por supuesto, las primeras que sufren las consecuencias son las mismas familias y los individuos que con ellas se relacionan. No puedo menos de tener presentes hoy a las familias de las niñas secuestradas en Nigeria, como fruto del fundamentalismo educativo y religioso de personas descerebradas que quizá necesitaron un apoyo familiar que no se les dio. O en las familias de los niños fallecidos o heridos y lesionados con ocasión del accidente del equipo de fútbol de Badajoz. Ahí quizá hay que considerar la situación familiar del que provocó el accidente, probablemente como consecuencia de su adicción a los estupefacientes de diverso tipo.

Y qué decir de la condición de la familia cuyos miembros han sido los causantes del asesinato de Isabel Carrasco. ¡Cuántos interrogantes nos podemos hacer sobre la formación, convivencia, inmadurez o corrupción moral de esta familia, como las de tantas otras que podríamos traer a consideración!

Tendríamos que ponderar si tenemos en el suficiente reconocimiento el lugar de la familia en nuestra sociedad: desde la consideración de la composición básica de la misma familia ?marido, mujer e hijos-, la falta frecuente de formación afectiva y sexual de las personas, los alicientes de consumo y de abuso sexual y de consumo de drogas y alcohol, la permisividad moral en tantos aspectos de la vida que desestabilizan y desestructuran al mismo matrimonio y a la entera familia, etc., etc., etc.

¿No deberíamos buscar dar un mayor apoyo a las familias, desde al ámbito económico, político, social y aun religioso? El día universal de la familia y la I Semana diocesana que sobre la misma se está celebrando, nos animan a reflexionar y a encontrar caminos de corrección de errores y desarrollo de aciertos en torno a este elemento fundamental de la sociedad.

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