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Ecos de Pascua

Ecos de Pascua

OPINIóN
Actualizado 25/04/2014
Juan Robles

Acabo de llegar de visitar la magna exposición sobre la obra del Greco, en Toledo. Una maravilla de creatividad, libertad, colorido y espiritualidad, de un hombre que buscó, que aprovechó lo que sus maestros habían ido consiguiendo en su trabajo pictórico, pero que después actuó según su propio ingenio creativo, alejándose cada vez más del realismo tradicional, jugando con la materia de su pintura manejada magistralmente por su pincel, y dejando atrás las ataduras a lo material para irse afirmando cada vez más en una maravillosa y trascendente espiritualidad religiosa y cristiana. No cabe duda que fue un hombre que se dejó tocar por el Espíritu, apoyado en la oración y formación teológica más sobresaliente del espiritualismo barroco procedente del ambiente del Concilio de Trento y de su reforma.

Por supuesto que es una extraordinaria manifestación del espíritu pascual y pentecostal que, partiendo del estilo iconográfico de corte oriental (él era griego, de Creta, isla entonces bajo el dominio político de la república de Venecia) y pasando por el colorido veneciano y la figura y forma romana de aquel momento, terminó en un estilo propio que fue afianzando en el ambiente español y toledano del siglo de oro español, finales del XVI y principios del XVII. Nos ha tocado vivir hoy una hermosa experiencia pascual, en medio de una concurridísima asistencia de "no hay billetes" para contemplar esta maravilla, jamás antes vista y que no será posible volver a ver en el futuro, debido a la concurrencia de obras procedentes de museos y colecciones particulares de todo el mundo.

Pero no quiero dejar de lado la extraordinaria experiencia pascual de la noche del sábado santo al domingo de Resurrección en la parroquia e iglesia de La Purísima, donde, además de la gran belleza del rito pascual, extraordinariamente preparado y participado por más de cuatrocientas personas, gozábamos con el bautismo y primera comunión de nuestra amiga Arina Esse, joven rusa de espíritu misionero, que participa en el grupo de jóvenes que se preparan para hacer una experiencia misionera en el verano del 2015 en el Perú. La Pascua, vida y Resurrección de Jesucristo, acercada hasta el día de hoy por el grupo de creyentes que forman la Iglesia de Jesús de Nazaret, se hizo verdaderamente presente.

El acontecimiento tuvo inesperadamente una sorpresa que, al menos por un momento, introducía en nuestra noche un toque de universalidad y ecumenismo. Mientras la comunidad parroquial salía a la calle con sus velas encendidas precedida por la luz del cirio pascual, una procesión similar atravesaba la misma calle por delante de nuestra iglesia, igualmente con velas encendidas y proclamando himnos de alegría pascual. Se trataba de la, en ese día concurrida, comunidad parroquial de la iglesia ortodoxa rumana instalada en la iglesia cercana de Santa María de los Caballeros. Feliz incidencia espaciotemporal y pascual, que no se quedaba en la mera coincidencia de este año entre los que señalamos la fiesta de la Pascua guiados por el calendario gregoriano y los que la siguen determinado por las marcas del antiguo calendario juliano, que regía en todo el mundo cristiano antes del quince de octubre de 1582. Igualmente se da la coincidencia feliz de que este año también los judíos han celebrado su pascua en estas mismas fechas.

Dos procesiones, dos manifestaciones de luz coincidentes en lugar y tiempo, que mostraban la fe y la celebración festiva del mayor acontecimiento de la Historia: la del reconocimiento de la vuelta a la vida o Resurrección de un mismo y único Cristo.

Ojalá que los ecos de la Pascua sigan resonando en esta misma línea de unidad, universalidad y ecumenismo, anticipando gestos de paz y de unidad entre todos los hombres de la tierra, y superando las múltiples divisiones, guerras y violencias de todo tipo que hoy todavía jalonan nuestro arreviejado y decadente mundo.

¿Podrán contribuir a esa misma esperanza las dos canonizaciones que el próximo domingo proclamarán la santidad y vida bienaventurada de los dos colosos de nuestro tiempo los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II? Dios quiera que así sea. Los ecos de estos dos hombres nuevos confiamos que van a marcar un paso adelante en la renovación de nuestro mundo en la línea de la nueva vida ganada por el Señor Jesucristo con el acontecimiento de su Resurrección y, en definitiva, de su Pascua.

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