Pintan bastos en uno de los rincones más hermosos de la charrería. El existente entre dos hermosos pueblos de la ribera del Yeltes, entre Retortillo y Villavieja, a quienes han engolosinado con algo tan antiguo como pan para hoy que será hambre, pobreza y muerte para el mañana. Todo por culpa de unas minas de uranio que van a transformar esos parajes, para perder su esencia actual de ser una postal de la naturaleza y que ahora han condenado a morir.
Los han condenado por no saber abrir las vías con un futuro más digno y propio, acorde con su belleza, como podía ser el turismo rural, tan de moda en esta época. Ahí era donde deberían haber diseñado los pilares de su próximos años, jamás en una mina asesina de uranio en el que han vendido la calidad de su vida por cuatro asquerosas pesetas que serán hambre, pobreza y muerte dentro de no mucho tiempo.
Esas minas asesinas van a llevar, además, mucha miseria. Como cuando las miles de personas que llegan cada año a su famoso balneario dejen de hacerlo, porque nadie busca turismo de salud al lado de unas minas de uranio. La gente ya no es tonta, aunque hayan abusado de la crisis para comprar voluntades a precio de calderilla. Porque la realidad de ese balneario (que es de los mejores de España) es que, ante la falta de clientela por las minas, los muchos de puestos de trabajo que genera en la actualidad comenzarán a perderse, hasta que llegue al día que, lo que fue un palacio de la salud, cierre definitivamente sus puertas arruinado por las minas de la muerte. Y después todos correrán y acordarán de esta bestialidad por facilitar la creación de las minas de uranio (¡qué bestialidad!) en uno de los rincones rurales más bellos de España.
Lo que es el dinero, junto a sus derivados de las mentiras y las manipulaciones que trae. Por una miseria de euros han engañado a las gentes en este regalo envenenado como son las minas de la muerte diciéndoles auténticas tonterías. Como que las encinas serán reimplantadas en su mismo lugar cuando se acaben las prospecciones, cuando la realidad es que a una encina, roble o alcornoque, que son los árboles de esos parajes, le toca las raíz y muere sin posibilidad alguna de volver a prender.
Tampoco saben que para lavar el uranio habrá balsas de ácido sulfúrico a cielo abierto y que nadie ha explicado a las gentes. Porque eso es peligrosísimo, no hay más que ver el ácido de las baterías (que estaba rebajado con agua destilada) cuando caía una gota sobre la ropa o sobre la piel lo dañino que es. Ni han explicado tantos dramas como traerá la mina que llega como regalo envenenado de una empresa australiana que se escuda en la crisis para medrar. De una empresa a la que le da igual que dentro de unos años los jóvenes de Retortillo, Villares, Villavieja? mueran de los terribles cánceres que provoca el uranio. Porque ellos buscan su beneficio sin importantes la realidad de unas gentes a las que están engañando. Ni de matar uno de los rincones rurales más hermosos del país por un regalo envenenado que no traerá más hambre, pobreza y miseria para el mañana.