Miércoles, 19 de enero de 2022
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Reyes

Reyes

OPINIóN
Actualizado 09/01/2014
Juan Robles

Soy consciente de la ambigüedad de la palabra.

La primera evocación puede ser la no demasiado amable de los jefes de los actuales reinos o monarquías. Pero, evidentemente, no es ésa la acepción que me interesa poner a consideración ahora.

Es lógico que en estas fechas la expresión evoque también la fiesta de los Reyes Magos y la multitud de regalos que nos hacemos en estos días. Y eso con el peligro de nublar el sentido base de la fiesta de la Epifanía o manifestación de Dios a los Reyes Magos y, en ellos, a los paganos de todo el mundo, que esperaban al Salvador o Mesías en la época del Nacimiento de Jesús, como hemos recordado en los pasados días de la Navidad.

Es posible que los reyes y gobernantes de hoy vean como amenazadora la llegada de este Rey de vida y salvación, como temía el rey Herodes llegando a la locura de la matanza de los inocentes. Pero no es un Rey que amenace el poder y dominio de los reyes y poderosos de la tierra. Él es Rey de reyes y está por encima de todas las realezas y dominios humanos. No tiene ejércitos ni policía. Y sólo se impone desde la fuerza moral de la virtud y la justicia. En ese sentido sí es provocador su anuncio del reino de los pobres y pequeños en este nuevo reino de amor y del dominio de los derechos del hombre.

No es pues demasiado concordante todo el despilfarro de regalos inútiles que solemos hacernos en estos días, y que inmediatamente olvidaremos y enviaremos al cuarto de los objetos que no hemos pedido y cuyo consumo pasa a engrosar otros objetos de consumo que disimulan nuestras crisis y carencias verdaderas.

Por otro lado, los reyes o magos que proceden de la gentilidad ?quizá del sur de España, donde se situaba el lugar de Tarsis, cuyos reyes vienen a Jerusalén, según el anuncio del profeta Isaías- nos empujan a pensar en todos aquellos pueblos empobrecidos y olvidados de la tierra, que seguramente tienen la preferencia en este reino del nuevo Rey Niño, que a todos invita a aceptarlo y adorarlo, frente a los ídolos que nos esclavizan y nos dominan y a los que tan fácilmente adoramos y nos sometemos.

Aprovechemos la oportunidad de encontrarnos con el Rey de la libertad, que nos hace libres, reyes y señores a nosotros mismos, frente a los dominadores del mal que nos acechan continuamente y nos rodean por todas partes. Reyes sí, pero libres y servidores.

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