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Reciben sepultura en el Cementerio mirobrigense cinco de los asesinados en Castillejo en 1936

Juan Luis López, sobrino de uno de los asesinados, pidió que “todos los que siguen en las cunetas tengan un entierro justo”

Silvestre López López, Ángel Cerezo Hernández ‘El Cerezo’, Vicente Díaz Sáez ‘El Jabonero’, Antonio García Herrero y Antonio Campano Rodríguez ‘El Confitero’, cinco de los siete asesinados en Castillejo de Martín Viejo en los inicios de la Guerra Civil Española, cuyos cuerpos fueron exhumados el pasado mes de marzo de la fosa común en la que habían sido enterrados, recibieron por fin digna sepultura en la mañana del sábado en el Cementerio Municipal de Ciudad Rodrigo, 85 años después de su muerte.

Para que este momento haya sido una realidad ha sido necesaria la contribución de la Asociación Salamanca Memoria y Justicia, la Sociedad de Ciencias Aranzadi, la Junta de Castilla y León, el Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, y especialmente el interés de Juan Luis López Rubio, sobrino de Silvestre López López, único de los asesinados de los que por el momento se han encontrado familiares, que asistieron al emotivo acto llevado a cabo en la zona de nichos del camposanto mirobrigense.

La presidenta de la Asociación Salamanca Memoria y Justicia (ASMJ), Luisa Vicente, fue la encargada de guiar lo que ella misma definió como un acto “sencillo pero emotivo, sobre todo para la familia de Silvestre”, resaltando que “es de admirar que [Juan Luis López] haya mantenido el deseo de su padre de que su hermano volviese a descansar a su tierra, de donde nunca debía haber salido”.

Los restos de Silvestre López, junto a los de los otros cuatro asesinados que se ha logrado identificar, fueron introducidos en un mismo nicho cedido por el Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo. Según explicó la teniente de alcalde del Consistorio, Beatriz Jorge Carpio, “cuando la ASMJ se puso en contacto para solicitar un nicho no pudimos mirar a otro lado; por justicia había que cederlo para darles la sepultura que las circunstancias les negaron hace mucho tiempo”. La teniente de alcalde deseó que “sigamos caminando hacia la concordia y la sepultura sea su descanso eterno”.

En el acto, en el cual interpretaron tres piezas musicales José María Sendín Bautista y Mario de la Cruz, también tomó la palabra Juan Luis López Rubio, quién muy emocionado dio las gracias a la Asociación y al Ayuntamiento, además de pedir que “todos los que sigan en las cunetas tengan el entierro justo que hoy se le va a dar” a este grupo de cinco personas, esperando que “de una vez por todas sigamos adelante en el camino de recuperar a los nuestros”.

Juan Luis López Rubio recibió de manos de Luisa Vicente el estudio antropológico que ha hecho de los restos de su tío la Sociedad de Ciencias Aranzadi, encargada de la exhumación por iniciativa de la Asociación Salamanca Memoria y Justicia. Asimismo, se entregó a Juan Luis López Rubio una copia de los documentos históricos que ha encontrado la Asociación sobre lo ocurrido, entregándose también al Ayuntamiento una copia del expediente del proceso.

Parte de esa documentación histórica fue leída en el Cementerio mirobrigense por Luisa Vicente, quién también se encargó de explicar en primer lugar “cómo hemos llegado hasta aquí”, recordando que fue en 2007, gracias a una subvención del Gobierno de España, cuando empezaron a intentar recuperar restos de asesinados en la Guerra Civil. Como primeros pasos, fueron hasta Ferrol a digitalizar una serie de expedientes, además de recorrerse los registros civiles, contando con la ayuda para ello en la comarca mirobrigense de Mónica de Quevedo.

Dentro de esta búsqueda, encontraron 7 actas de defunción en Castillejo de Martín Viejo, de asesinados en tres fechas diferentes del verano de 1936. Tras ello, empezó el trabajo de averiguación de sus identidades, logrando saber que cuatro de ellos, Silvestre López López, Ángel Cerezo Hernández ‘El Cerezo’, Vicente Díaz Sáez ‘El Jabonero’ y Antonio García Herrero eran de Ciudad Rodrigo (la quinta persona enterrada en la mañana del sábado, Antonio Campano Rodríguez, se acaba de identificar hace escasas fechas revisando el padrón de Ciudad Rodrigo de 1935).

Para poder poner en marcha una exhumación, es necesario que lo pida un familiar, algo que hizo en este caso Juan Luis López, quién solicitó que se exhumase a su tío, llevándose a cabo la operación gracias a una subvención de la Junta de Castilla y León. Esa exhumación fue “fácil”, según Luisa Vicente, ya que estaba recogido con bastante precisión el lugar donde habían sido enterrados en el acta de defunción levantado el 11 de agosto de 1936 de los primeros cuatro asesinados.

Luisa Vicente dio lectura a buena parte del acta de defunción, así como del posterior edicto que cerró el proceso de investigación de lo ocurrido, decretándose que no había culpables: “se entierra y se silencia”. De igual modo, se dieron a conocer testimonios de familiares de los asesinados recogidos en aquel momento, y por último, un comunicado en que encima se justifica su muerte, quedando por lo tanto sin justicia hasta este momento, expresando Luisa Vicente que “es hora de empezar a hacer justicia aunque sea con estos actos”. El acto se cerró con la introducción de las cinco cajas con los restos de los fallecidos en el nicho, donde se ha colocado una placa con todos sus nombres.

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