Lunes, 28 de septiembre de 2020

Por el Premio Reina Sofía, un brindis con Raúl Zurita

 Alfredo Pérez Alencart y Raúl Zurita (Salamanca, 2009, foto de Jacqueline Alencar)

 

Celebro el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana que acaban de conceder a mi buen amigo Raúl Zurita (Santiago, 1950), poeta-poeta a quien invité a Salamanca en el lejano año de 1991, para un acto en torno a su obra y dentro del Foro Iberoamericano que entonces organizaba la Universidad de Salamanca. Años después, en 2005, vino como poeta representante de su país para la Cumbre Poética Iberoamericana, que el Ayuntamiento me pidió organizar como acto previo a la Reunión de Presidentes y Jefes de Estado Iberoamericanos, celebrado en nuestra ciudad el mes de octubre de dicho año.  Otra vez, en 2009, él pidió que me sumara a la cena que en su honor se ofrecía tras un acto organizado por la Cátedra Chile de la Universidad de Salamanca. Y allí brindamos…

 

Tuvimos otros encuentros, pero ahora lo que interesa es el brindis por la alegría de este premio más que merecido. Me regocijo con este reconocimiento, y por ello transcribo y leo un poema suyo, contenido en su libro Anteparaíso:

 

Eugenio Montejo, Jacqueline Alencar, A. P. Alencart, Pompeyo del Valle y Raúl Zurita (Salamanca, 2005)

 

 

PASTORAL DE CHILE

 

I

 

Chile está cubierto de sombras

los valles están quemados, ha crecido la zarza

y en lugar de diarios y revistas

sólo se ven franjas negras en las esquinas

Todos se han marchado

o están dormidos, incluso tú misma

que hasta ayer estabas despierta

hoy estás durmiendo, de Duelo Universal

 

II

 

Los pastos crecían cuando te encontré acurrucada

tiritando de frío entre los muros

Entonces te tomé

con mis manos lavé tu cara

y ambos temblamos de alegría cuando te pedí

que te vinieses conmigo

Porque ya la soledad no era

yo te vi llorar alzando hasta mí tus párpados quemados

Así vimos florecer el desierto

así escuchamos los pájaros de nuevo cantar

sobre las rocas de los páramos que quisimos

Así estuvimos entre los pastos crecidos

y nos hicimos uno y nos prometimos para siempre

Pero tú no cumpliste, tú te olvidaste

de cuando te encontré y no eras más que una esquirla

en el camino. Te olvidaste

y tus párpados y tus piernas se abrieron para otros

Por otros quemaste tus ojos

Se secaron los pastos y el desierto me fue el alma

como hierro al rojo sentí las pupilas

al mirarte manoseada por tus nuevos amigos

nada más que para enfurecerme

Pero yo te seguí queriendo

no me olvidé de ti y por todas partes pregunté

si te habían visto y te encontré de nuevo

para que de nuevo me dejaras

Todo Chile se volvió sangre al ver tus fornicaciones

Pero yo te, seguí queriendo y volveré a buscarte

y nuevamente te abrazaré sobre la tierra reseca

para pedirte otra vez que seas mi mujer

Los pastos de Chile volverán a revivir

El desierto de Atacama florecerá de alegría

las playas cantarán y bailarán para cuando avergonzada

vuelvas conmigo para siempre

y yo te haya perdonado todo lo que me has hecho

¡hija de mi patria!

 

III

 

Allá va la que fue mi amor, qué más podría decirle

si ya ni mis gemidos conmueven

a la que ayer arrastraba su espalda por las piedras

Pero hasta las cenizas recuerdan cuando no era

nadie y aún están los muros contra los que llorando

aplastaba su cara mientras al verla

la gente se decía “Vámonos por otro lado”

y hacían un recodo sólo para no pasar cerca de ella

pero yo reparé en ti

sólo yo me compadecí de esos harapos

y te limpié las llagas y te tapé, contigo hice agua

de las piedras para que nos laváramos

y el mismo cielo fue una fiesta cuando te regalé

los vestidos más lindos para que la gente te respetara

Ahora caminas por las calles como si nada de esto

hubiese en verdad sucedido

ofreciéndote al primero que pase

Pero yo no me olvido

de cuando hacían un recodo para no verte

y aún tiemblo de ira ante quienes riendo te decían

“Ponte de espalda’’ y tu espalda se hacía un camino

por donde pasaba la gente

Pero porque tampoco me olvido del color del pasto

cuando me querías ni del azul

del cielo acompañando tu vestido nuevo

perdonaré tus devaneos

Apartaré de ti mi rabia y rencor

y si te encuentro nuevamente, en ti me iré amando

incluso a tus malditos cabrones

Cuando vuelvas a quererme

y arrepentida los recuerdos se te hayan hecho ácido

deshaciendo las cadenas de tu cuello

y corras emocionada a abrazarme

y Chile se ilumine y los pastos relumbren

 

Raúl Zurita y A. P. Alencart (foto de Jacqueline Alencar, 2005)