Martes, 22 de septiembre de 2020

Fundão y Covilhã revalorizarán sus cuencas mineras con una nueva ruta turística

Senderos, galerías visitables y dos centros interpretativos en medio de un paisaje con gran valor ambiental y cultural, con grabados rupestres y un castro romano

El pueblo de Barroca (Fundão) con la escombrera de las Minas da Panasqueira al fondo/ Fotos: MARTÍN-GARAY

Los municipios de Fundão y Covilhã se han unido para poner en marcha un proyecto que revalorice el patrimonio minero existente en ambos concejos. La iniciativa “Tierras de Wolframio y de Estaño- Historia y Memoria de las Comunidades Mineras” pretende poner el foco de atención en la faceta minera de estos territorios, con su incidencia paisajística y social, que tuvo su mayor auge durante el periodo de entreguerras del siglo pasado.

En el suroeste de Covilhã y el noroeste de Fundão se dedicaron varios cientos de hectáreas a la prospección y explotación mineras, principalmente a la extracción de wolframio y estaño, así como otros minerales en menor medida.

Los derechos de los descubrimientos mineros efectuados en el paraje denominado Cabeço do Pião fueron protegidos por una cédula gubernamental en 1887.

La extracción en la Mina da Panasqueira comenzó en Barroca Grande (Aldeia de S. Francisco de Assis) en 1898 concedida a la Sociedad de Minas de Wolframio de Portugal y aún tiene actividad. El lavadero mecánico de Cabeço do Pião fue creado en 1904, dejando de funcionar a finales del siglo pasado. Todas las poblaciones circundantes vivieron en parte de la extracción minera durante largos periodos de la historia reciente.

“Tierras de Wolframio y Estaño- Historia y Memoria de las Comunidades Mineras” es un proyecto que se ejecutará en dos fases, en las que se pondrán en marcha dos centros interpretativos, uno en las instalaciones del antiguo lavadero de Cabeço do Pião (Fundão) y otro en Aldeia de São Francisco de Assis (Covilhã), cercanos uno del otro.

Además, se creará una ruta senderista, se adecuarán varias galerías para hacerlas visitables por el público y se dinamizarán algunas actividades que permitan conocer en vivo el trabajo diario de un minero. Todo ello, trabajado en combinación con los agentes turísticos de la zona.

Según informó a SALAMANCA AL DIA la cámara municipal de Fundão está previsto que esta nueva estructura turística se encuentre lista dentro de aproximadamente un año.

El proyecto pretende la revalorización patrimonial y ambiental de estos territorios de la Beira, así como la promoción cultural y turística vinculada a la minería, junto con la reordenación de las principales localidades dedicadas a la extracción minera, según comunica la cámara municipal de Covilhã.

La inversión está presupuestada en unos 900 mil euros, de los cuales 600 mil serán financiados por el Programa de Apoyo a la Revalorización Turística del Interior.

Aldeia de São Francisco de Assis (Covilhã) y Cabeço do Pião (Fundão) son puntos principales en esta iniciativa por encontrarse allí las Minas da Panasqueira y su correspondiente lavadero, el Lavadero del Río. Otras localidades vecinas como Barroca, Silvares o Lavacolhos, en Fundão; y São Jorge da Beira, Barco y Cortes do Meio, en Covilhã, tuvieron también protagonismo en la explotación minera de la región.

Estas minas se insertan en la cuenca central ibérica, en metasedimentos de esquistos abundantes en esta región, denominados Xistos das Beiras.

Desde el inicio de su funcionamiento a finales del siglo XIX hasta hoy, la mina ha pasado por diversos momentos y ha tenido algunos periodos de inactividad. Su explotación ha estado a cargo de varias empresas anglosajonas. Actualmente, los derechos de explotación de la Mina da Panasqueira están en manos de una empresa luso-nipona: Sojitz Beralt Tin & Wolfram Portugal, S.A.

La carrera armamentística emprendida por los grandes bloques británico y alemán desde la Primera Guerra Mundial hasta finales de la Segunda, convirtió a Portugal en el mayor productor europeo de wolframio, conocido en la época como “oro negro”, imprescindible para la fabricación de proyectiles, susceptibles de marcar la ventaja de un bando frente al otro.

La extracción de este metal perdió interés en Portugal por el descenso de la demanda europea a mediados del siglo XX y por la aparición de otros productores internacionales.

Todo el país cuenta con una gran riqueza geológica, pero particularmente la Beira. Este hecho tuvo impacto en su paisaje y en la evolución de las economías locales. Algunos modestos campesinos cambiaron su suerte vendiendo las pequeñas tierras que poseían a inversores extranjeros. Otros dejaron la agricultura por el oficio de minero.

Entre 1932 y el fin de la Segunda Guerra Mundial se dio el periodo de mayor actividad de estas minas, llegando a contar con cerca de diez mil trabajadores. Esta explotación produjo cientos de miles de toneladas de concentrado de wolframio.

Un decreto ley del gobierno portugués cerró todas las minas de wolframio en 1944. A partir de 1962 en la Mina da Panasqueira se inicia la producción de concentrados de cobre.

La ‘Tienda de Cristales’ de las Minas da Panasqueira sigue abierta al público (aunque ha estado cerrada desde marzo pasado hasta ahora debido a la pandemia). En ella es posible adquirir diversos minerales procedentes de la mina, de diferente tipología, dimensiones y valor. Entre ellos, la wolframita, casiterita y calcopirita, pero también otras piedras apreciadas por coleccionistas debido a su escasez o exótica belleza. Incluso, las minas dieron nombre a un mineral identificado por primera vez aquí a nivel mundial, la Panasqueiraite- CaMgPO4 (OH).

De Barroca a Barco, río y grabados rupestres

Las tierras de la parte noroeste del territorio de Fundão y la suroccidental del de Covilhã confluyen a la sombra del macizo central de la Serra da Estrela, que aquí se transforma en montañas suaves pobladas de vegetación. Montañas sucesivas y sorpresas sucesivas al final de cada curva, entre la Serra do Açor y la Serra da Gardunha, con el río Zêzere como hilo conductor.

La riqueza mineral del terreno es alimentada por la cuenca hidrográfica del Zêzere, nacido a pocos kilómetros, en las cumbres de la Estrela. A partir de aquí el río comienza a retorcerse en meandros hasta desembocar en el Tajo. La abundancia hídrica que proporcionan otros cursos de agua como el Gardunha, Meimoa o el arroyo de Paul alimentan su cuenca y estos bosques.

Donde acaba la Estrela comienza el Pinar Interior. Pasamos en pocos kilómetros de los casi dos mil metros de altitud a poco más de 300. La influencia atlántica muda por completo el paisaje. Comienzan aquí las Aldeias do Xisto (Pueblos de Pizarra), unidas por una red de carreteras de montaña y multitud de rutas, y separadas por un bosque constante.

Accedemos al pueblo de Barroca desde Fundão (EN238, a 27 km) pasando por Silvares. Construido de esquisto y cantos rodados, el caserío emerge de la tierra sin muchos afeites. La escombrera de las Minas da Panasqueira corona su silueta y el murmullo del río ejerce una atracción que nos conduce hasta la parte más baja del pueblo.

En este punto comienza una ruta circular (Caminho do Xisto- PR1 FND) de algo más de nueve kilómetros que nos elevará hasta el Lavadero de Cabeço do Pião. Por el camino nos encontraremos con los grabados rupestres descubiertos en el valle del Zêzere, en el paraje denominado Poço do Caldeirão (PR1.1), de la misma tipología y época que los del valle del Côa y Siega Verde. Como es un tramo que bordea el río es recomendable transitarlo solo en la época seca, desde finales de primavera hasta principios de otoño.

El lugar de Cabeço do Pião es un pequeño caserío donde existe un hostel y las instalaciones abandonadas de los almacenes y el antiguo lavadero. Enfrente se visualiza la montaña artificial formada por la escombrera de la mina.

También se accede a este recóndito y silencioso paraje en coche por un desvío después de atravesar la localidad de Silvares (EN238, a 18 km de Fundão), en una bajada que deja una potente imagen de vegetación, aldeas, yacimiento minero y río entre montañas con algún pico granítico hacia la parte lindante con la Estrela.

Antes de llegar a Silvares y después de pasar la localidad de Lavacolhos podemos acceder a otra de las comarcas mineras de la región, ahora ya en el concejo de Covilhã. Conforme nos aproximamos a Barco vislumbramos un bonito pueblo al otro lado de un largo puente sobre el Zêzere, a los pies de un montículo.

El pueblo trasmite una marcada esencia ribereña y serrana, y recuerda a su homónimo de Ávila en las faldas de Gredos. Barco tiene el aire de uno de esos antiguos lugares de veraneo de segunda residencia de proximidad.

La carretera que nos acerca desde Barco hasta Covilhã (EM513, 20 km) atraviesa una zona bastante poblada, con varias localidades casi unidas. El paisaje se vuelve cada vez más granítico y en las poblaciones que atravesamos comprobamos que aún resisten algunos ejemplos de industria textil en actividad.

El Zêzere deja estampas para recordar. La Grande Rota do Zêzere pasa por estos paisajes mineros (GR33, 390 km en total). Caseríos aquí y allá. Minería entre paisajes rurales. La población de estos pueblos pasó de la agricultura a la minería sin abandonar nunca completamente aquélla. Se trataba de sacar todo el provecho posible de la esencia de la tierra.

Viriato y la Argemela

En un territorio recóndito donde tenemos la sensación de estar fuera del mundo o mismamente en el embrión de éste, no es extraño que abunden historias y leyendas asociadas a la naturaleza. Los vientos que soplan desde los picos altos tejen historias donde se mezcla lo conocido y lo imaginario, en narrativas evocadoras de la vieja patria donde algún espíritu quedó preso eternamente entre las montañas.

Se sabe que los lusitanos se hicieron fuertes ante el avance romano en territorio beirão, donde tendrían varios campamentos estables. En otras localidades de la Beira cuentan también relatos sobre Viriato, el jefe del ejército lusitano.

En el monte de Argemela, sitiado por la Serra da Estrela y la de la Gardunha, se observan las ruinas de tres líneas de muralla que se consideran los restos de un castro romano.

Una doncella lusitana, prometida de un lugarteniente de Viriato, habría sido raptada y traída hasta la Argemela, sometida a tortura por los romanos con el fin de conseguir alguna confesión sobre la estrategia militar a seguir por los lusitanos. Los tormentos fueron en vano, pero se cuenta que sus lloros y lamentos quedaron para siempre atrapados entre estas cumbres. En el aire gime ella, -dicen aquí-. Argemela, no ar geme ela.  

Las minas de la Argemela fueron cerradas en 1960. Actualmente, vuelve a hablarse de ellas debido a las propuestas de extracción de litio, un asunto que ha provocado gran contestación social, con polémica entre defensores y detractores. En general, toda la región de la Beira se ha visto envuelta en la misma polémica, ya que el litio existe concomitantemente con otros minerales, aquí abundantes.

Un baño de bosque

Además del paisaje minero que actualmente aún encontramos, esta zona no ha perdido la fuerza de su paisaje natural, que se muestra evidente miremos hacia donde miremos.

Existe variada información sobre la actividad minera desarrollada en el siglo XX en la península ibérica, no solo en estudios científicos o sociológicos, sino también en obras de ficción.

Uno de esos ejemplos sería la ópera prima de la escritora superventas María Dueñas. En “El tiempo entre costuras” introduce en la trama de espionaje y contraespionaje vivida por la protagonista durante la fase portuguesa de la novela, a los nuevos ricos del wolframio de la Beira: “…Galerías, espuertas y camiones, perforaciones y vagonetas. Wolframio libre y wolframio controlado. Wolframio de calidad, sin cuarzo ni piritas. Impuesto sobre exportaciones. Seiscientos mil escudos por tonelada, tres mil toneladas por año…”

Con este nuevo proyecto turístico, la narrativa que se genere en torno a las minas será un elemento que complete el interés de los paisajes mineros y naturales de estas tierras de wolframio y estaño.