Domingo, 29 de marzo de 2020
Ciudad Rodrigo al día

Yo me crié mamando café portugués

Eugenio Cid Cebrián escribe en torno a la exposición Vaccearte que se inaugurará este sábado en el Museu do Côa

> A continuación ofrecemos un artículo escrito por Eugenio Cid Cebrián en torno a la exposición Vaccearte de arqueología, etnografía y arte, organizada por el Centro de Estudios Vacceos de la Universidad de Valladolid que se inaugurará el próximo 14 de diciembre en el Museu do Côa en Vila Nova de Foz Côa (Portugal)

A pesar de la barrera política que suponía la frontera portuguesa para la comarca mirobrigense, el País Hermano siempre fue una oportunidad de expansión en los tristes y restringidos años del régimen anterior. En Portugal descubrimos el infinito mar que para los continentales castellanos y leoneses, supuso romper la frontera de la localista y provinciana ruralidad; también  con el intercambio comercial surgió en nuestra comarca, un sector secundario-comercial inimaginable en otra zonas del interior peninsular; y así mismo, entre otras circunstancias,  nos veíamos sorprendidos con alguna frecuencia, por grupos de visitantes con quien disputar  partidos de futbol “internacionales”, o coloristas ranchos folklóricos y bandas de música, que provocaban tanta admiración como envidia, dada  su fácil excursión cultural, pues disponían de autobuses en los que rezaba: “a serviço do esporte e da cultura”, vehículo con que estaban equipadas  todas las “cámaras municipales” portuguesas.

En la década de los 50 en que me tocó pasar la infancia, transcurría la vida de manera inimaginable para los nacidos treinta años después. El régimen franquista, se autoabastecía económicamente dado el aislamiento internacional a que fue sometido hasta avanzado el año 51, y no eran pocos los productos de consumo cotidiano que escaseaban o no existían.

En esa situación, y desde mi limitada cotidianeidad, el café era la “estrella” del contrabando desde el País Vecino, dada su escasez en España.  Así llenó el anecdotario de La Raya con sucesos, historietas y vivencias, pues este producto comúnmente nos despeja todas las mañanas, levanta el ánimo a lo largo del día en los quehaceres cotidianos, incluso cataliza los encuentros humanos en tantas facetas: sentimentales, económicas y de ocio. Aún recuerdo el apreciado presente en viajes en Renfe a casas de familiares, o el agradecimiento a personas que vivían lejos de la frontera, y que consistía en un oloroso paquete envuelto en papel de periódico atado en cruz con un cordel, que portaba dos bultos de medio kilo de café El  Dromedario, en grano muy torrefactado y que se hacía roca por adherirse; precisemos que entonces no existía el plástico.

Portugal, aunque transitaba por otras causas estrecheces similares, sí se veía abastecida por sus colonias de ultramar, y a tal efecto, también recuerdo las piñas tropicales que aparecían por navidad, en momentos que el surtido de producto de mercado, no se parecía en nada al actual, pues, ni los transportes, prácticamente reducidos al lentísimo tren, ni la conservación con frio, tenían presencia en el avituallamiento cotidiano, que unían su efecto al aislamiento internacional en la escasez de mercancías.

Y también existía cierta diferencia de impuestos entre los dos países, que hacían deseables la adquisición de bienes en uno u otro lado de la frontera.

Estos recuerdos los traigo a la memoria, por la exposición que la Universidad de Valladolid ha organizado en nuestro entrañable País Hermano, y que a continuación les describo:

El próximo 14 de diciembre se inaugurará en el Museu do Côa en Vila Nova de Foz Côa, Portugal, la 10ª edición de la exposición VacceArte, con el título “Excisión en claro oscuro. Luces y sombras. Arqueología, etnografía y arte.” Muestra organizada por el Centro de Estudios Vacceos de la Universidad de Valladolid.

Muchos elementos de identidad hacen que esta exposición sea un hecho de gran relevancia cultural para la comarca de Ciudad Rodrigo y demás zonas rurales peninsulares, ya que los protagonistas de rango histórico de la muestra son por un lado piezas cerámicas del yacimiento vacceo de Pintia, de época prerromana y romana, muy cercano a Peñafiel (Valladolid), y el “arte pastoril” de nuestro entorno geográfico y de tiempos contemporáneos, representado en la colección de José Ramón Cid. El motivo de esta exhibición es la gran similitud en los recursos estéticos usados, por poblaciones tan diferenciadas temporalmente.

La “Excisión en claro oscuro. Luces si sombras” se refiere a la decoración “a punta de navaja” en forma de triángulos que hacían, tanto los pastores en corcho, madera o cuerno, como el antiguo pueblo vacceo, que ocupó el centro de la cuenca del Duero, incluido el este de la provincia de Salamanca, pueblo vecino de nuestros primitivos pobladores los vetones, que como ellos, eran de cultura celta.

 Las piezas procedentes de las excavaciones de Pintia que se conservan, son sobre material cerámico, dada la degradación de los materiales empleados por nuestros pastores, pero asemejan la misma técnica “a punta de navaja”, así como gran identidad en los motivos decorativos y los juegos con tal recurso.

Las piezas vacceas, unas 60, proceden en su mayoría de ajuares mortuorios, mientras las pastoriles, otras tantas, compuestas por ruecas de hilar, castañuelas, fiambreras de corcho, vasos de cuerno, pasadores de madera para collar de cencerros, gaitas salamanquinas, batidoras para hacer queso, bastones, morteros…… Todas las piezas destacan por su decoración de excisión en claroscuro, además de significativos motivos pastoriles.

Es esta la décima exposición de VacceArte, que en cada edición busca una temática distinta, y siempre se acompaña de una sección de obra artística actual, inspirada en la cultura de este pueblo, y que respalda, proyecta y da visibilidad a tan significado yacimiento, además de la colaboración con otra sección de la exposición, de obras plásticas del conocido humorista gráfico del periódico El Norte de Castilla, Rafa Vega (Sansón).

Y para acoger este evento el Museu do Côa en Vila Nova de Foz Côa, en el yacimiento hermano de Siega Verde, a orillas del rio Côa, hermano de nuestro entrañable Águeda.

Toca devolver la visita. Sigamos la tradición de los intercambios culturales. Si antes nos unía el café a través de la poco franqueable frontera, ahora nos une el agua de nuestros ríos que fluye libre.

Eugenio Cid Cebrián