Viernes, 20 de septiembre de 2019
Las Arribes al día

Críticas a las obras en la iglesia de Masueco por el soterrado de las lápidas funerarias del interior

El exalcalde de la localidad, José Vicente Blanco, considera que se destruirá una parte importante del patrimonio cultural, histórico y arquitectónico del municipio

La iglesia de Masueco de la Ribera data del siglo XVI

Bien conocida es la frase de Sancho a su señor don Quijote cuando le advirtió con aquello de que “con la Iglesia hemos topado”. Al exalcalde de Masueco de la Ribera, José Vicente Blanco, bien conocido por su lucha para la construcción de un puente sobre el Duero en este término municipal, le ha surgido un nuevo frente que considera no puede pasar inadvertido para la sociedad.

Las obras que pretende llevar a cabo la parroquia de Masueco en su iglesia de San Nicolás de Bari, para colocar un nuevo enlosado de granito dejando soterradas las lápidas funerarias originales que han guardado a los difuntos de esta localidad de hace 500 años, han llenado de indignación a José Vicente, pero sobre todo porque hasta el día de hoy no haya recibido contestación a su carta enviada el 27 de mayo pasado al Obispado de la Diócesis de Salamanca y en la que sugería otro tipo de soluciones.

Asimismo, el hoy vecino de Masueco, José Vicente, reconoce que con el inicio reciente de las obras, le fueron explicadas las actuaciones que se llevarán a cabo y la imposibilidad de acometer las obras de la manera que él entiende que deberían realizarse, explicaciones con las que se muestra en total desacuerdo, pues considera la obra no solo “es innecesaria sino además destructiva”.

Reproducción íntegra de la carta enviada al Obispado de Salamanca:  

“El motivo  de esta carta  es mostrar  mi tristeza  y disconformidad ante el hecho de querer  reformar el suelo  de la Iglesia de San Nicolás de Bari, en Masueco.  Dicha reforma   consiste  en tapar  todas las  losas  primitivas    y  las  antiguas   lápidas de  más de 500  años,  con  un  granito    moderno, dejándolas  sepultadas y condenándolas   al olvido;  una obra  no sólo innecesaria,  sino destructiva.

Durante el paso de mi vida en Masueco he visto realizar varias  reformas  en este templo,   algunas de ellas muy  necesarias,  como  el arreglo  del tejado después de hundirse,  -afortunadamente,     no hubo  que  lamentar   daños  personales,   al no  haber  nadie  en  su interior   en  aquel  momento-, cuando  aún yo  era  un  adolescente.   También  vi quitar el retablo del  altar porque amenazaba ruina.  Asimismo, he visto  quitar el antiguo altar de madera y sustituirlo por otro de granito para que  el sacerdote oficiara la misa de cara a los feligreses, no sin antes agrandar en superficie y altura esta zona de la iglesia. Recuerdo también   cómo se limpiaron las paredes del interior para dejar vista la piedra al natural  -aún sin  terminar-, en  la que  yo  mismo   colaboré, sobre un rudimentario andamio, al igual que lo hicieron gran parte de los vecinos.

Todas ellas,  reformas   que,  con  mayor o menor  acierto, han ido cambiando y, en algunos  casos, mejorando la imagen de este  monumento histórico del siglo XVI. Así llegamos al siglo XXI, en el que,  a la luz de los hechos  que se avecinan, si nadie pone remedio, parece que aún no hemos aprendido a valorar y respetar lo poco que  nos  queda  del  patrimonio cultural de nuestros antepasados, como entiendo que es también patrimonio   artístico municipal.

La propuesta  de unas cuantas personas no puede terminar con el alto valor cultural  y patrimonial de este templo, con nada menos que cinco siglos de historia. Ninguna persona que aprecie mínimamente el  valor de nuestro patrimonio histórico y cultural puede imaginarse un piso adosado y superpuesto de esta índole en ninguna de nuestras catedrales salmantinas, siendo incluso, el templo de Masueco, aún más antiguo.

Mi intención no es ir contra nadie, ni en general ni en particular, pues no me cabe duda de que todas estas reformas siempre se acometen con buena voluntad y la mejor  de las intenciones y, además,  de  poco o  nada puede servir la simple crítica o lamentación una vez que ya se han llevado a término.

Sin embargo, esta reforma aún está sin ejecutar, de modo que aún es posible paralizar una obra que, por las  razones expuestas anteriormente, puede acabar con cinco siglos de historia, ocasionando una pérdida irreparable. Desde mi humilde opinión, con el fin último de que esta reforma sea  respetuosa con  el  templo,    debería prevalecer el principio de preservación del patrimonio arquitectónico y cultural por encima de cualquier otra cuestión, de modo que, entiendo que resultaría más lógico acometer una remodelación que  consistiera en el nivelado de las antiguas  losas, al igual que se ha hecho en otros templos con características   similares al de Masueco. Por supuesto, ésta es sólo mi humilde  aportación como vecino de este municipio, convencido del valor histórico de la Iglesia de San Nicolás de Bari.

Soy consciente de que tendré más críticas que apoyos entre los vecinos, pero también como vecino y natural  de esta tierra,  me siento  en la obligación ética y moral de defender, pese a ello, la memoria de nuestros antepasados, la de quienes quedarán condenados al olvido al dejar sus lápidas bajo un simple suelo si nadie lo remedia y la de quienes con tanto fervor, esfuerzo y maestría labraron esas losas en las canteras de este mismo  pueblo”.