Martes, 19 de febrero de 2019
Las Arribes al día

Vitigudino rememora la batalla de San Antón de 1476

Una quincena de caballistas, entre ellas cuatro amazonas, participaron en las carreras celebradas en la Fuente del Obispo y en la cogida de cintas a las puertas de la iglesia

Una quincena de caballistas, entre los que se encontraban cuatro jóvenes amazonas, participaron en los actos de la fiesta de San Antón, celebración que encuentra en Vitigudino un significado más allá del estrictamente religioso, pues en este lugar hace 543 años se libró una batalla que cambiaría el curso de la historia.

Tras su recuperación en 2016, la fiesta de San Antón en Vitigudino se enmarca en los actos que a partir del 17 de enero de 1476 se organizaron en la villa tras la reyerta que tuvo lugar en la zona conocida como Las Trincheras –calle Trinquete– entre vecinos y una avanzadilla del ejército portugués, una victoria encabezada por Juan Maldonado, Señor de Moronta, y que a partir de ese momento comenzó a celebrarse con carreras de caballos, cogida de cintas y desfiles por las calles.

Y así, caballos y jinetes, rememorando aquella fecha, volvían de nuevo a las calles de La Gudina. El primero de los actos consistía en dar tres vueltas alrededor de la iglesia por parte de jinetes y amazonas que se congregaban minutos antes de las once de la mañana en la Plaza de España. Tras dar las tres vueltas de rigor a la iglesia, los jinetes tuvieron un convite de aguardiente y pastas por cortesía del Ayuntamiento.

Bajo los sones de los tamborileros, Afro Vicente y José Martín ‘el torero’, los caballistas se trasladaban al paraje de la Fuente de Obispo para participar y asistir a tres carreras de caballos cuyo recorrido estaba orientado hacia Portugal, como ordena la tradición.

Una vez celebradas las carreras y con el cuerpo alegre a base de licores, aguardiente, pastas y perrunillas, los participantes regresarán a las 13.30 horas a la Plaza de España para asistir a la bendición de animales tras la finalización de la misa, acto al que además de los caballos acudían las mascotas más populares, en su mayoría perros, aunque no faltó alguna que otra singular.

Finalizada la tradicional bendición de animales con reparto de panecillos de San Antón entre el público, pasadas las 13.45 horas tenía lugar la tradicional cogida de cintas, momento que congregó a decenas de personas que pudieron vibrar con los lances protagonizados por los caballistas. A continuación, el alcalde de la localidad, Germán Vicente, acompañado de varios concejales del equipo de Gobierno, procedía a la entrega de trofeos entre los caballistas. Los actos concluirían en el Asador Tino con una comida.

Orígenes de la fiesta de San Antón

La celebración de San Antón es una de las fiestas más significativas de cuantas se celebraban en Vitigudino, especialmente por su carácter histórico, pues no en vano, en el día de la onomástica del Patrón de los animales del año 1476 ocurrió en Vitigudino un hecho trascendental.

El 17 de enero cobró a partir de entonces un significado especial para los habitantes de Vitigudino. La victoria sobre una avanzadilla del ejército portugués en medio de las disputas por el trono de Castilla entre los seguidores de Juana ‘La Beltraneja’ e Isabel de Castilla, tras la muerte de Enrique IV de Trastámara, dio lugar a que ese día fuera colocado en el calendario por los vitigudinenses como uno de las más importantes -si no el que más- de los que hasta entonces habían vivido.

Desde esa fecha, San Antón fue culto de cofrades y mayordomos, también con celebraciones laicas en rememoración de aquella batalla comandada por Juan de Maldonado, Señor de Moronta, cuyo linaje alcanzaría tres siglos después el reconocimiento de la Corona al otorgarle el título de Marqués de Castellanos por los servicios prestados.

Uno de los actos centrales de este día era la carrera de caballos entre dos jinetes, pues no en vano, el Señor de Moronta, en reconocimiento a la determinación de los vitigudinenses, cuenta la leyenda que cada año regalaba dos de sus mejores monturas. Cada día de San Antón, Juan Maldonado montaba uno de sus caballos portando el estandarte que lució en la batalla –cuyo original se encuentra actualmente en el Ayuntamiento–, y ataviado con un fajín y armado con su espada, se paseaba por la villa.