Domingo, 19 de agosto de 2018
Ciudad Rodrigo al día

Pregón íntegro ofrecido por Emilio Hernández para la Peña El Farinato

CIUDAD RODRIGO | El pregón fue pronunciado a primera hora de la noche del Viernes, tras el Pregón Mayor

El último pregón del intenso ciclo que ha vivido Ciudad Rodrigo durante la última semana y media no fue el Pregón Mayor de Denis Rafter, sino el que desarrolló la Peña El Farinato a primera hora de la noche del Viernes, justamente a la conclusión del Pregón Mayor que había tenido lugar en el Teatro Nuevo, justo al lado de la sede de la citada Peña.

Este año, el pregón de la Peña El Farinato fue pronunciado por el fotógrafo Emilio Hernández. Aquí está el texto íntegro:

Reina y damas, miembros de esta peña, familia, amigos, conocidos y entusiastas de nuestro querido carnaval del toro, muy buenas noches a todos,

Antes de nada, Iván, muchísimas gracias por tus palabras, no sé ni que decir. La verdad, es que es un enorme placer tenerte como presentador, y más placer aún, es tenerte como amigo y compañero, en esta apasionante locura carnavalera en la que estamos involucrados, como es la asociación carnavaldeltoro.es.

Pero tengo que decirlo, eres un desgraciado, si me habías dejado el listón de pregonero demasiado alto, ahora vas y me dejas alto también el de presentador.

En fin, haremos lo que podamos, así que al lío.

Bueno, lo primero, pediros disculpas por mi pronunciación, intentaré pronunciar lo mejor que pueda y no acelerarme.

Pero me conozco y con los nervios q tengo me será complicado. Para no tener este problema, y que todos me entendieseis bien, le pedí al presidente de esta maravillosa peña, que me consiguiese un traductor simultáneo, pero por lo que huelo, se lo han gastado todo en pernicotes para el cocido de mañana….

¡Uff, qué bueno que está!.  Es grandioso ese cocido con el que nos deleitáis todos los años, a esta familia carnavalera de la asociación. Los sábados de carnaval ya no se entienden sin ese cocido.

Para mí, uno de los mejores ratos que paso en carnavales, así que espero que nos sigáis invitando muchísimos años más.   ¡Viva la peña El Farinato!

Algunos, los que NO me conocéis bien, os preguntareis que de que rayos voy disfrazado, pero si David os ha puesto el video, que le dejé para ir ambientando el momento, ya os lo podréis imaginar.

Si, voy de chirigotero-comparsista, que para mi son parte de mi precarnaval, ya que las chirigotas  me ayudan a pasar ese mono de carnaval, hasta la presentación de las coplas de nuestra querida Murga.

Pero podéis estar tranquilos, por mi bien, no sea que me linchéis,  no me voy a poner aquí a cantar, ni a hacer chistes, aunque ya que vengo de chirigotero , algo de crítica si tendremos que  hacer.

A muchos puede que os haya despistado con el disfraz, y seguro que me esperabais con la cabeza rapada y pintado de amarillo, rememorando aquel año del 2004, mi último de soltero, en el que me disfracé de Homer.

Pero cambié de idea, ya que me han dicho que el disfraz tenía que ser una sorpresa, y para un acto como este, debe ser algo más currado y personal, por eso este traje cuenta algo de mi, y la chistera, la cual os dejaré en prenda, cuenta la historia de esta peña a través de sus disfraces, incluido el de este año.

Pero sobre todo, por que si aparezco en casa con la cabeza rapada al 0, puede que mi señora me deje un  tiempo a pan y agua. Y eso si que es una razón de peso para no ir de Homer.

Me gustaría empezar mi pregón con un alegato al carnaval,

Hecho hará poco más de un mes por un miembro de esta peña para animar a sus compañeros a volver a disfrazarse un año más, dice así:

"Nuestro querido carnaval es una fiesta tradicional y popular.

Si!  Es tradicional porque lleva muchos años celebrándose,

ha pasado  de generación en generación,

y cada generación la ha hecho más grande,

nosotros aprendimos a celebrarlo de nuestros padres,

y somos los responsables de pasar el testigo a nuestros  niños.

Es popular, es nuestra,  nació de la alegría de la gente de nuestro pueblo,

cuando llega el Carnaval entonamos nuestro himno  "Ya estamos todos aquí "

Porque es importante que todos estemos ,

todos somos importantes,

es requisito necesario para que haya Carnaval,

que estemos aquí, que salgamos a las calles y participemos,

que seamos generosos y que aportemos  todo lo que podamos.”

Pido un aplauso para la persona de esta peña que escribió tan magnificas palabras.

Me encanta, sobre todo la última parte, la de que todos somos importantes, y que todos, debemos aportar nuestro granito de arena, para que el carnaval sea aun mucho mejor. 

Y si, hay que reconocerlo, tenemos uno de los mejores carnavales del mundo, de los muy pocos en los que hay toros. Y de los pocos en los que hay fiesta las 24 horas de cada día de carnaval, aún recuerdo los años mozos en los que dormíamos como mucho tres horas diarias, llegábamos a casa a las 7:00 y a las 10:00 arriba para darme una ducha rápida y salir rápido para correr el encierro. Ahora soy más de vivir intensamente el día, y dormir intensamente por la noche.

Nos sentimos muy orgullosos de nuestro carnaval, pero si queremos seguir siendo uno de los mejores, necesitamos más que nunca cuidarlo. Y no solo me refiero a promocionarlo, si no a que tenemos que luchar por la calidad, en el cual:

Defendamos  nuestras tradiciones, como los maletillas, los tablaos y los pinos, elementos sagrados en nuestro Carnaval, que hacen únicas e importantes a nuestras fiestas. ¿Os imagináis un carnaval sin ellos? 

Necesitamos, un carnaval en el que se respete de manera ejemplar al toro, el gran protagonista del carnaval.

Por parte del ayuntamiento, buscando  siempre encierros con gran trapío.

Y por nuestra parte, respetando al toro, el gran protagonista de la fiesta.

Por ello pido, que respetemos el encierro para que los toros lleguen enteros a la plaza, para que en la prueba o capea, den el juego deseado, que es donde realmente se ve bien el potencial del toro y del recortador. Y para ello no recortemos en los encierros a los toros, ni los citemos cobardemente desde las agujas, y si disfrutemos de las buenas carreras de los mozos apurando delante de los astados. Y por supuesto, silbemos y abucheemos, a los que cobardemente citan al toro desde las agujas o burladeros, este comportamiento me parece lamentable y cobarde, a ningún taurino nos gusta ver golpearse a un toro una y otra vez contra el vallado o burladero.

Con los tiempos que corren, creo que no podemos andar con estos “juegos”, si queremos una larga vida de nuestro carnaval.

Debemos conseguir entre todos, como os decía un carnaval de calidad, que roce la perfección, y que turisticamente nos podamos aprovechar de el, siendo este, el mejor escaparate  de nuestra ciudad, ante los miles y miles de personas que nos visitan estos días.

Busquemos que los forasteros, no se vayan solamente con la idea de fiesta y desenfreno de nuestros carnavales, si no con la idea de haber conocido unas fantásticas y cuidadas fiestas, en un magnífico y precioso pueblo, del cual seguro hablarán maravillas, a sus conocidos para que estos quieran conocer nuestra ciudad, ya sea en carnavales, o en cualquier otra época del año.

El ayuntamiento debería pelear por conseguir la denominación de Interés Turístico Internacional, y potenciarla, ya que nos atraería aún mas a los medios nacionales para hacerse eco de lo que aquí acontece.

Aprovechémonos de las fechas en las que más gente nos visita, y abramos las puertas de las oficinas de turismo, y ampliemos aún más si cabe el personal de limpieza esos días para que luzca impoluta la ciudad.

Ya que desde el ayuntamiento, han llegado al techo presupuestario que pueden destinar al Carnaval, y los gastos ocasionados son cada año mayores, es hora de que den un paso adelante, tanto la hostelería como las peñas  y asociaciones, y se involucren unos y otros a colaborar con nuestro, su carnaval.

Así como los mirobrigenses, también debemos espabilar, y poner nuestros granito de arena, y  empezar todos a disfrazarnos, dándole un salto importante de calidad, que no solo valen las cómodas y coloridas cazadoras de las peñas. Un ejemplo de buen hacer, es esta peña, que llevan desde el 97 disfrazándose, además lo hacen siempre con trajes confeccionados perfectamente por ellos, siendo de los primeras peñas que se disfrazaban, ya que por aquellos años eran muy pocas las que lo hacían.

Y otra de las partes del precioso alegato, la que me parece más importante, es en la que dice, que debemos transmitir, el sentimiento carnavalero, de generación en generación.

Esto, a los que vivimos en Ciudad Rodrigo, nos es muy fácil, pues nuestros hijos, lo maman desde  bien pequeños en el colegio o en la calle, jugando a los toros durante todo el año, y adquiriendo los conocimientos del carnaval a través de sus padres y abuelos, durante el carnaval y precarnaval. 

Pero desgraciadamente, cada vez somos menos los que apostamos por residir en el pueblo, y nos vamos a lo cómodo, ya que es más fácil buscar trabajo por cuenta ajena fuera, que crear trabajo por cuenta propia aquí.

Y es por eso, que es importante que los farinatos en el exilio con hijos pequeños, se vengan siempre al carnaval acompañados de sus hijos, que no los vean como un estorbo que les impida pasarlo bien, si no que entiendan que ese sentimiento carnavalero, debe ser parte de ese legado, que deben dejarle a sus hijos.

Yo agradezco a mis padres, que me inculcasen ese sentimiento carnavalero, y que desde bien pequeño, me llevaran con ellos a todos los saraos carnavaleros.

Aún recuerdo, aunque sea vagamente, aquel año en el que se celebró el domingo de piñata en la Caridad, o de la alegría en la peña de mis padres junto a la fuente de la plaza del Conde, con sus ponchos hechos con una especie de manta de tiras. O de los ratos que pasábamos en las ferias.

Pero de lo que si mi acuerdo, como si fuese hoy, era como de niños disfrutábamos Rober y yo, viendo los toros en casa de Petri, de como nos sentábamos con las piernas colgando, en el último balcón de la calle Madrid antes de la entrada en la plaza, a ver pasar el encierro y lanzándoles serpentinas con la intención de acertar a meter alguna en los cuernos de algún astado, oye y aunque parezca imposible, más de una recuerdo que si pusimos.

De ahí, de ver a los toros tras los mozos, desde ese privilegiado balcón, me debió venir mi pasión a ese tramo final del encierro, en el cual me encantaba correr.

Me acuerdo de cómo bailábamos en el balcón que daba a la plaza, al son de las charangas, o de la chica rubia del balcón de al lado, que hoy en día increíblemente, es la madre de mis hijas, y que por cierto sigue siendo la rubia guapa del balcón de al lado, ya que ella sigue yendo a “su” balcón y yo al “mío”.

Pero es que el de Petri, el “mío”, me trae los recuerdos de mi infancia, y para mi un carnaval sin pisar por esa casa sería un carnaval al que le falta algo.

Ya de jovenzuelo, y con el sentimiento carnavalero bien arraigado, como la mayoría de grupos adolescentes, hicimos nuestra propia peña, junto a los compañeros de clase. Peña Límite la llamamos, por que llegábamos al viernes de carnaval y teníamos todo menos el nombre, y alguno dijo, “si es que siempre andamos al límite con todo, hasta para el nombre”.  Qué buenos recuerdos de aquella primera peña, aquel bloque de pisos recién construidos del tío Benito, el de los pates. En el bloque estábamos 4 peñas, una por piso, aquello era una locura para un grupo de adolescente de 15 años.

Y hoy, 25 años después seguimos siendo los mismos, además claro está de las incorporaciones de las mujeres y los niños.

Hoy en día no tenemos local, pues preferimos pasar el día en la calle, aunque bueno, por los largos ratos que pasamos en el rincón del Sanatorio, podríamos decir que esa es nuestra peña. (Qué mejor peña, que un museo del carnaval, en el que te dan de beber y de comer)

Cuando con 17 años me fui de Ciudad Rodrigo a León, el precarnaval era insufrible ante la ausencia de noticias, ya que entonces no teníamos aún medios locales  en internet, por lo que me iba según salía del instituto, a la biblioteca a ver que decían La Gaceta, El Adelanto y el Tribuna.

Con 18 años, entré en el ejército, y me metieron en un super grupo de elite, preparado para la acción, al cual llamaban gastadores, pero que a la hora de la verdad, realmente lo único útil que hacíamos era desfilar haciendo acrobacias con el chopo, cual majorettes con su bastón.

Y ese sentimiento carnavalero tan arraigado dentro de mi, me hizo chuparme miles de flexiones, si he dicho bien, miles,  por culpa de la roja gargantilla de San Blas. Y es que en esa superunidad de élite, cuando hacíamos instrucción, había que ir uniformado de manera impecable, y la jodía gargantilla, al lanzar el chopo al aire dándole vueltas una y otra vez, se me acababa saliendo por fuera del pañuelo, constantemente, por lo que cada vez que mi superior me la veía fuera, (la gargantilla, no seas malpensados) 50 flexiones, que me hacía. Osea, que al cabo de la mañana, me podía hacer como unas 500 flexiones por la jilipollez de tener puesta la gargantilla, ahora con el tiempo, me doy cuenta de lo absurdo que era, pero con 18 años, para mi, hacerme quitarme esa gargantilla, era como renegar de mi carnaval. Y eso por encima de cadaver.

Pero bueno lo peor del ejército no era eso, era que mi unidad no podíamos pedir días libre para venir el lunes y martes a carnavales, por lo  cual el domingo siempre tenía que ir al médico pues me entraba una gastroenteritis que me impedía ir a currar el lunes y el martes. Siempre colaba, ya que el miércoles llegaba a Madrid, con una cara de muerto, que me decían que me hubiese cogido algún día más para recuperarme. Hasta que un año, al llegar al cuartel me llamó el capitán, no me digas como, pero tenía en la mesa la gaceta del martes, en la que yo salía en primera plana entrando a la plaza. Aún la tengo guardada de recuerdo, de los 14 días de arresto que me cayeron. Menos mal que ese año dejé el ejército, que si no acabo mal, a costa del carnaval.

A partir de ahí, siempre dejé claro desde el primer día, en los trabajos que tuve, que me daba igual cuando me daban las vacaciones, que solo quería tener fijas las vacaciones de carnavales.

En 2008, regresé a vivir a ciudad Rodrigo, ahora ya con mujer y una hija de unos meses, que mejor sitio que nuestro pueblo, para ver crecer a mis hijas. 

Al poco de llegar al pueblo, me junté con unos cuantos locos, con el mismo sentimiento carnavalero que yo, y con ganas de aportar algo al carnaval. Nos habíamos conocido a través del foro de la web carnavaldeltoro.es que había creado para promocionar el carnaval, Jose Luis, el de Ono. Recuerdo cuando este venía a contarme alguna de sus locuras carnavaleras, y yo le contaba las mías.  Fueron los comienzos de esta asociación, bendito aquel foro, que nos acabó juntando y del que salió por ejemplo el campanazo o el toro del antruejo, entre otras cosas.  Y lo que nos queda, por que por ganas de hacer no será.

Ese sentimiento carnavalero que heredé de mis padres, me hizo probar la droga en carnavales, no os asustéis, que no me estoy refiriendo a esas sustancias prohibidas en las que estáis pensando. Me refiero a la droga de correr delante de los toros,  pero además no me anduve con drogas blandas, me fui directamente a la más fuerte, a la que conocía desde chico, empecé a correr los toros en la calle Madrid, os aseguro, que es una droga que engancha, es un subidón de adrenalina, aún me pongo nervioso solo de recordarlo.

No me hace falta ni siquiera cerrar los ojos,

para sentir lo mismo que si estuviera allí,

 esos momentos de tensión,

 sintiendo el frío de estas mañanas de febrero,

el sonido del reloj suelto, retumbando dentro de mi.

El tañir del reloj suelto se acelera,

marcando que ya han salido de los corrales.

En menos de dos minutos estarán encima,

necesito saltar, soltar los músculos aún dormidos

de la fiesta del día anterior,

Realizo giros de cintura para activar todo el cuerpo,

Pero cada vez siento el cuerpo más agarrotado.

Poco a poco, la marea de gente empieza a venir, primero algunos andando, poco a poco algunos ya corriendo,

yo me coloco ya en mi sitio,

subido en el escalón de la óptica de Vasconcellos,

desde ahí, veo la bóveda,

Puedo ver como la gente del registro empieza a saltar,

Los que saltaban ya empiezan a correr,

reconozco muchas de las caras

Pienso: “viene toro, viene toro”.

Desde mi escalón, puedo ver como viene el encierro.

Ya los veo. Bien, viene el buey bizco justo por delante,

tras el, cuatro toros, no me ha dado tiempo a verlos bien,

lo mismo solo eran tres.

Me digo rápidamente para mi,

“solo hay que dejar pasar al bizco”,

este siempre en el cine Madrid acelera y deja detrás

un buen hueco para disfrutar delante del toro.

Ya están aquí, no hay marcha atrás,

bajo de mi escalón, y de golpe ya estoy en plena carrera,

Intento echarme a un lado, pero el bizco como siempre,

no lo pone fácil, se hace con todo el ancho de la calle, obligándome a ir rozando la pared,

enseguida llego al ensanchamiento del cine,

ahora si,  puedo dejar pasar al bizco,

y puedo meterme enseguida entre el y los toros,

estamos los tres de siempre,

la calle madrid se vuelve a estrechar,

ya solo hay una salida, hacia delante.

vamos voceándonos, unos a otros

¡templamos, templamos! ,¡aguantar, aguantar!

 

El primer toro, va con la cara arriba buscando al bizco,

ya no lo ve, ahora somos nosotros sus guias,

vamos disfrutando de la carrera,

y los nervios han desaparecido,

ahí están detrás de nosotros con la cara arriba, siguiéndonos allá donde fuéramos.

Cogemos la ligera curva de izquierdas que hace la calle,

Y los toros al ver la claridad de la plaza, se aceleran,

aceleran cada más, tanto que no nos dan más las piernas,

apretamos los dientes y gritamos a los que están entrando en ese momento en la plaza, ¡sitio, sitio!,

y el sitio inexplicablemente en forma de abanico, se hace, Echas la última mirada atrás, justo antes de pisar la arena, y si, ahí sigue, lo tienes justo detrás tuyo,

no puedes girar ni a izquierda, ni a derecha,

Caerías a esa velocidad en la arena de la entrada,

solo queda ir de frente, y pisar bien para no caerte,

ya está, cruzas la plaza y de un salto estas en el tablao.

Miras a la plaza, y te das cuenta de solo eran tres toros, ósea, quedan otros tres, a por otra carrera.

Pero lamentablemente los ligamentos de mi rodilla, un soleado día de esquí, partieron en mil pedazos, y mis condiciones físicas a la vista está, ya no han vuelto a ser lo que eran.

Y si a esto le sumas, que en casa te espera una familia, empiezas a pensar con la cabeza, y no con el corazón, por eso, el día que un toro en un acelerón al ver la luz, te adelanta justo a la entrada de la plaza, decides dejar de correr, y hacer caso a tu familia. Los carnavales para mi, desde entonces ya no son lo mismo.

Ahora que he dejado esa droga, me obligo a mi mismo a hacer fotos, no por mi trabajo, que no es para nada rentable, si no para que no me entre el mono y me lance de nuevo a la calle, es como mi rehabilitación.

Aunque la verdad no se si esto de las fotos, es más seguro que correr los encierros, ya que he estado varias veces en apuros. Como la que estando grabando debajo de la puerta de la plaza de la rua del sol, el toro al pasar, vio la pequeña cámara de video y se revolvió a por ella metiendo el cuerno,  quedando estos a escasos centímetros de mi cara.

O otra en el registro, cuando un chaval se fue a refugiar debajo de las agujas enfrente de la bóveda, justo donde estaba yo agazapado, esa vez libré de milagro, ya que  si no me aparto me revienta, torció la aguja como si fuera mantequilla y vi los cuernos entrar hasta dentro justo en el sitio que estaba yo, un segundo antes.

O la vez que estábamos en el vallado de la entrada a la plaza, esa que ahora tiene pintada una publicidad muy maja, ahí, uno en cada barrote estábamos kuki y yo haciendo fotos del encierro, uno de los toros, el de la foto que está en grande encima de la cafetera del Sanatorio, nos vió y se giró hacia nosotros, el toro, no nos reventó por q venía en carrera,  y no le dio tiempo a frenarse, pues a ninguno de los dos nos dió tiempo a meternos dentro, ya que teníamos medio cuerpo fuera.

O de la manera más tonta, el año pasado que el toro del antruejo me dió cuando volvía a corrales, con la pala del cuerno en el pie que tenía apoyado yo en la aguja.

Osea que me da que también voy a tener que dejar de hacer fotos, por mi bien y también por el de mis cámaras, que las pobres ya tuvieron dos serios percances.

Bueno lo dejo aquí que no quiero aburriros más, que ya estamos en carnaval.

Solamente me gustaría agradecer a mi compañera de viaje, María, y a mis hijas, todos los ratos que les quito de estar con ellas, para estar con la Asociación  carnavaldeltoro.es, desde la que como sabéis luchamos por promocionar y cuidar de nuestro carnaval, el de todos nosotros.  

Os deseo un feliz carnaval a todos,

y recordar lo de que entre todos tenemos que mimar el carnaval.

¡Viva el carnaval!

¡Viva la peña El Farinato!