Jueves, 16 de agosto de 2018
Ciudad Rodrigo al día

Enrique Crespo Rubio, un ángel de la guarda zamorano en Ciudad Rodrigo

El jefe de la Enfermería se encuentra a la cabeza de un prestigioso equipo de profesionales de la medicina

El cirujano zamorano está un año más a la cabeza del equipo de profesionales que atienden a los participantes de los encierros y capeas y a los profesionales del toreo que resulten heridos.

El cirujano Enrique Crespo Rubio se encuentra en estos días en la localidad de Ciudad Rodrigo como jefe de la Enfermería a la cabeza de un prestigioso equipo de profesionales de la medicina. Allí, en la bella localidad mirobriguense, el zamorano es una especie de ángel de la guarda cuyas manos han salvado a más de uno de los participantes en los encierros y capeas. Profesionales del toreo y aficionados venidos de todos los puntos de España saben que están en las mejores manos.

Dos hombres permanecen en estos momentos en el hospital de Salamanca con pronóstico muy grave por heridas de asta de toro desde que comenzasen los encierros del Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo el pasado viernes. Allí, en la localidad salmantina, el zamorano Enrique Crespo Rubio se encuentra un año más al frente del equipo que atiende la enfermería donde atienden a los heridos y los operan y estabilizan antes de que puedan ser trasladados a un centro hospitalario, salvados los primeros y decisivos momentos después de cada percance.

No pierde la sonrisa ni su natural simpatía ni en los peores momentos y muestra con orgullo la impecable enfermería de Ciudad Rodrigo. Hoy (ayer) han tenido que ventilar el recinto después de dos operaciones de una grave cogida del encierro de la mañana a un hombre; olía fuertemente a sangre y a desinfectante. Mientras Ciudad Rodrigo disfruta de sus fiestas grandes ajena a lo que entre esas cuatro paredes acontece, ellos trabajan con el tiempo a la contra en el ordenado silencio del quirófano.

Cirujano de dinastía por tradición y por vocación, Enrique Crespo Rubio es uno de los ángeles de la guardia que en estos días procuran que la vieja Miróbriga pueda disfrutar de su Carnaval del Toro sin sobresaltos, sin dolor y sin dramas, sin la cara más amarga del toro. Probablemente, en una época en la que millones de personas buscan trabajo, sean los profesionales que más deseen no tener trabajo en sus guardias, en sus días en la enfermería de Ciudad Rodrigo o de cualquier plaza de España, cuando extienden sus alas invisibles parapetados tras los burladeros de los callejones.

El trabajo es incierto, pues nunca se sabe el número de personas que tendrán que ser atendidas o las posibles lesiones con las que los pacientes llegan a la enfermería, que pueden ser mortales. Allí se trabaja sin hora, siempre al filo de la navaja, siempre en el invisible hilo que separa la vida de la muerte, en la crono contrarreloj por la vida. Son cuatro días sin apenas descanso, siempre alerta, en los que hay que echar mano de ciencia, pericia y la necesaria calma que no ha de perderse en un quirófano puertas adentro.Cuatro días en los que los médicos y enfermeros viven su propia soledad rodeados miles de personas; la soledad de quienes tienen sobre sus hombros la responsabilidad de la vida de los demás.

Los mirobrigenses saben que están en buenas manos: desde primera hora hasta que el último toro queda encerrado, un grupo de prestigiosos profesionales de la medicina atienden la enfermería sin descanso. Entre ellos, un año más se ha desplazado desde Colombia Rodrigo Rojas, cirujano de la Plaza de Bogotá, junto a los españoles Eduardo Hevia y Luis María Merino, además del habitual anestesista y profesionales de la Enfermería que viven un Carnaval muy distinto al de las miles de personas que en estos días acuden a Ciudad Rodrigo a disfrutar de sus festejos taurinos, su alegría y la hospitalidad de sus gentes.

Manos de oro, nervios de acero y una trayectoria impecable avalan la carrera de Enrique Crespo en el mundo de la cirugía taurina, donde es uno de los profesionales más reconocidos del país. Escondida en su bolsillo, en la pantalla de su móvil, presidiendo sus enfermerías y siempre cerca del corazón, la Virgen de la Soledad de Zamora, a la que siempre se encomienda antes de cada compromiso pidiendo que no haya trabajo en los días de encierro y de festejo, que no haya complicaciones en la enfermería. Así sea.

Por Ana Pedrero