Ninguna bailarina estadounidense se había graduado en la escuela del Bolshói, el ballet más prestigioso del mundo, en más de dos siglos de historia. Hasta que en 2009 llegó Joy Womack, una adolescente de Texas (aquí, Talia Ryder, la protagonista de The Sweet East). Desde que puso un pie en Moscú, se enfrentó a las zancadillas de sus compañeras y a una tutora con mano dura (Diane Kruger, de Troya), que le repetía que nunca alcanzaría el nivel. Sin embargo, perseveró hasta lograrlo. Su carrera inspira este biopic obsesivo y agridulce: lejos de la épica de superación a lo Roc