Los ríos y cascadas del noroeste salmantino ofrecen su estampa más bella con el Pozo de los Humos, cachones y desgalgaderos que se erigen como grandes joyas del Parque Natural Arribes del Duero durante los meses de lluvias, todo un espectáculo para los sentidos
Las abundantes precipitaciones de los últimos meses han devuelto la vida a los cauces que vertebran el noroeste salmantino. Las tierras del Abadengo, la Ramajería y las Arribes despiertan en estos albores de la primavera con una sinfonía natural donde el agua recobra su protagonismo absoluto, transformando el paisaje en un lienzo de cascadas y torrentes.
El reciente invierno lluvioso ha obrado el milagro. Grandes arterias fluviales como el Duero, el Tormes, el Huebra o el Águeda discurren con una fuerza inusitada, esculpiendo a su paso los profundos cañones que caracterizan a esta frontera natural.
Junto a estos gigantes, otros cauces de menor envergadura, pero de idéntica belleza, reclaman la atención del visitante. El Uces, el Camaces, el Yeltes o el Morgáez se suman a una infinidad de arroyos y riveras que, en su apresurado viaje, forman cachones y pequeñas cascadas cuya música resuena con fuerza en cada rincón del noroeste salmantino.
Vista del Pozo de los Humos en Pereña de la Ribera / CORRAL
El Pozo de los Humos, la joya de Arribes
En este despliegue de la naturaleza, Pereña de la Ribera comparte con Masueco la auténtica corona del Parque Natural Arribes del Duero. El Pozo de los Humos, una imponente cascada de unos 60 metros de altura por la que se despeña el río Uces antes de entregarse al padre Duero, se erige como el paraje más visitado durante los meses de lluvias.
El río Uces nace en la comarca histórica de La Ramajería, uniendo en su cauce riveras y arroyos desde los Peralejos e Iruelos. En su último tramo, ofrece al observador dos panorámicas bien distintas: el vértigo que se instala en quienes observan su cascada desde el mirador de Masueco, y la grandiosidad del paisaje que percibe quien lo hace desde la vertiente de Pereña.
La vertiginosa caída en momentos de fuerte caudal crea una densa niebla en el vacío tras el violento impacto del torrente. Es precisamente esta bruma, similar a una columna de humo, la que da nombre a un paraje que hace sentir al visitante la inmensidad de la naturaleza frente a la pequeñez del ser humano.
Vista del Pozo de los Humos en Masueco / CORRAL
Vértigo desde Masueco
Y si Pereña ofrece la panorámica de un grandioso paisaje, Masueco nos muestra el vértigo que se instala en quienes observan su cascada desde su mirador, construcción realizada por su Ayuntamiento hace unos años y que ha facilitado a miles de personas admirar este extraordinario accidente de la naturaleza.
La impresionante imagen que produce el río Uces en su vertiginosa caída, en momentos de fuerte caudal, hace que el visitante tenga la percepción de encontrarse en otro lugar del planeta, pero nada más lejos de la realidad, se trata de Las Arribes, a 90 kilómetros de la capital salmantina y donde el agua es todo un espectáculo.
La grandiosidad del Pozo de los Humos dejó prendado al mismísimo Miguel de Unamuno, quien dijo: “Divídese la cascada mayor en dos cuerpos, debido al saliente de la roca, y va a perderse en un remanso de donde surge el vapor de agua pulverizada por el golpe, que le ha valido al paraje el nombre de los Humos”.
Pozo Airón en Pereña de la Ribera / CORRAL
Si el Pozo de los Humos representa la grandiosidad, los vecinos de Pereña conceden al Pozo Airón el mismo lugar de privilegio en sus corazones. Se trata de una cascada más humilde que la del Uces, formada por el arroyo Los Cuernos, pero que atesora una magia inigualable en su entorno.
Una de sus mayores singularidades es la posibilidad de adentrarse en la caverna y contemplar la caída del agua desde el interior de la propia cascada. No obstante, esta experiencia resulta más recomendable en momentos de menor caudal, ya que la fuerza actual del torrente limita considerablemente la visibilidad hacia el exterior.
Llegar hasta este rincón de ensueño requiere recorrer unos tres kilómetros desde el casco urbano de Pereña, un trayecto que puede realizarse en coche hasta la zona de aparcamiento Desde allí, el caminante debe seguir a pie el curso del arroyo. El tramo final, de unos 400 metros, discurre por un sendero de herradura que salva el desnivel del terreno. El destino se adivina antes de verlo, justo cuando comienza a escucharse en el aire el profundo eco que produce el golpeo del agua en su búsqueda del Duero, un sonido ancestral que otorga su sonoro nombre al Pozo Airón.
El Desgalgadero en Villarino de los Aires / CORRAL
es un gran salto de agua de la rivera que nace en La Trabanquina buscando el cauce del Tormes en Vendemoro, ya encajonado entre arribes haciendo límite con la localidad zamorana de Fermoselle, antes de su desembocadura en el Duero. Aquí, el agua se desliza por entre las rocas de una gran faya formando varias pequeñas cascadas hasta finalizar sobre el cauce y salvar así un desnivel de más de 80 metros.
Para acceder a este paraje de gran encanto, el Ayuntamiento de Villarino ha habilitado una ruta de recorrido circular, de unos 6 kilómetros a pie, y que transita los parajes de Los corrales de Guasalvas, El Desgalgadero, El Pozo de la Rivera, El cañón de El Encuentro, Vendemoro y las Cuevas de Vendemoro. También pude realizarse en su totalidad a pie partiendo desde el municipio, lo que el recorrido sería de unos 12 kilómetros en total.
El tramo a pie comienza en Los corrales de Guasalvas, zona que dispone de espacio para aparcamiento. El camino discurre en descenso hasta dar vistas al paraje del Desgalgadero, lugar en el que se puede apreciar cómo el agua de la rivera se precipita por entre un lastrón de más de 70 metros de altura en busca nuevamente de su cauce. Unos metros más abajo, el Ayuntamiento ha habilitado el paso con un pequeño puente de madera para continuar el curso de la rivera por su lado derecho aguas abajo. En este punto se pueden observar los restos del molino harinero cuyas piedras eran movidas por la fuerza del agua. A partir de este lugar, de acceso fácil, comienza el tramo de mayor dificultad de la ruta por la estrechez del sendero y la inclinación del terreno, aunque observar los bellos rincones que esconde hace que haya merecido la pena realizar su descenso.
El cachón del Camaces / CORRAL
En su sinuoso camino hacia la frontera portuguesa, el río Camaces se precipita al vacío para encontrarse con el Huebra, creando una imponente cascada de espuma y granito que transforma por completo el paisaje del Puerto de la Molinera.
Al dejar atrás el caserío de Hinojosa de Duero y adentrarse en la carretera que desciende hacia La Molinera, el entorno natural comienza a revelar su grandeza. Allí aguarda el mirador del Cachón del Camaces, un balcón privilegiado encastrado entre colosales moles de roca que invita a la contemplación absoluta.
Desde este enclave, los meses de invierno y primavera regalan un espectáculo visual y sonoro inigualable: el vertiginoso desplome del río Camaces sobre el lecho del Huebra. El agua cae formando una ruidosa y espumante cascada, un torrente indomable que resuena entre las profundas paredes de granito, esculpidas con paciencia infinita por la fuerza de ambas corrientes a lo largo de los milenios.
Se trata, sin duda, de uno de los rincones más hermosos y, paradójicamente, menos explorados de las Arribes salmantinas, un refugio donde la naturaleza se manifiesta en su estado más puro y salvaje.
El entorno exige una visita pausada para descubrir todos sus secretos. Apenas unos metros antes de alcanzar el gran salto de agua, el caminante se topa con el mirador natural de La Malgarrida, una antesala perfecta que prepara los sentidos para la grandiosidad del cachón.