LAS ARRIBES
Actualizado 29/03/2026 08:55:49
Miguel Corral

La actriz y directora, a través de su compañía Unión Teatro, ha logrado consolidar un proyecto de artes escénicas que promueve la inclusión social y acerca la cultura a los municipios de la España vaciada

La actriz y directora teatral Raquel García Sevillano ha trazado un camino donde el arte y el compromiso social se han entrelazado de manera indisoluble en el corazón del noroeste salmantino. Desde que ha tenido uso de razón, su vocación ha estado clara. “Yo no tenía muy claro si quería ser bailarina o si quería ser actriz, pero sí tenía claro que mi vida tenía que estar enfocada a eso”, ha confesado. Esta pasión nació, en gran medida, al descubrir la mítica serie de televisión Fama, una revelación que la impulsó a soñar con aquellas escuelas donde la interpretación, el canto y el baile lo eran todo.

Sus primeros pasos sobre las tablas se han dado con la naturalidad de quien ha encontrado su verdadero hogar. Participó asiduamente en las actuaciones escolares de Navidad y fin de curso. Sin embargo, el punto de inflexión se produjo a sus doce años, cuando protagonizó un sainete titulado Un lío de mil diablos. “Me sentí estupendamente bien”, ha recordado con emoción. A partir de ese instante, se integró en el grupo de teatro de Vitigudino y, posteriormente, en la compañía Sombras, dirigida por Joaquín Sánchez, donde logró el prestigioso premio Lauro Olmo en Salamanca.

El salto a la profesionalización se materializó al ingresar en la Escuela de Teatro. Al finalizar su formación, comenzó a trabajar en la productora Garufa bajo la dirección de José Antonio Sayagés. En esta etapa participó en proyectos entrañables de la Diputación, como Permita Dios si no encuentras. Su trayectoria la ha llevado también a Madrid, donde exploró el ámbito radiofónico dramatizando personajes para el conocido podcast ‘Elena en el país de los horrores’.

El 2016 marcó su regreso a Vitigudino y el germen de lo que hoy es Unión Teatro, un proyecto fundado junto a su compañero Edu. Esta iniciativa surgió de una necesidad profunda: acercar el teatro social y documental al medio rural. “Teníamos muy claro que el teatro debía de llegar al medio rural, a cualquier pueblo, aunque sea muy pequeño, porque todo el mundo tiene derecho a ver teatro de calidad”, ha afirmado con convicción. Con montajes como La última o el exitoso Desmontando a Shakespeare, han logrado llevar a los pequeños municipios la misma calidad escénica que se disfruta en las grandes salas madrileñas.

Las artes escénicas como terapia

Pero la labor de Raquel ha trascendido la mera exhibición para adentrarse en la transformación social. Su trabajo con el Centro de Asprodes en Vitigudino se ha convertido en un referente de inclusión. “Las artes escénicas son una terapia fundamental para muchas cosas, pero sobre todo para personas que tienen discapacidad, el hacerles sentir importantes”, ha subrayado. Este proyecto, que este diciembre ha cumplido diez años, ha generado una gira maravillosa por la provincia gracias al esfuerzo conjunto de los usuarios y un equipo de voluntarios incondicionales.

De igual forma, su compromiso con la educación se ha reflejado en los talleres impartidos en ayuntamientos como el de Aldeadávila y en los institutos de Vitigudino y Ledesma. A través de Escuelas Campesinas y con el apoyo de Juan Jesús Delgado, ha demostrado que el teatro aporta seguridad y vence la timidez. De hecho, ha preparado una participación especial para el próximo 18 de marzo en un festival organizado por la compañía Pie Izquierdo, demostrando el saber hacer de las aulas.

Teatro rural: un acto de amor y resistencia

Vivir del arte en la que llaman España vaciada ha sido un desafío que ella ha superado con creces. Ha confirmado que sí se puede vivir del teatro en el medio rural, consolidándose como trabajadora autónoma capaz de generar empleo. No obstante, ha reconocido las dificultades del emprendimiento cultural, especialmente las trabas burocráticas. “Lo único que digo es que lo deberían de poner un poquito más fácil”, ha reivindicado, aclarando que su deseo es tributar más porque eso significaría un mayor beneficio.

En su incansable labor, la defensa de la igualdad ha ocupado un lugar central. A través de jornadas de microteatro y debate, vinculadas a fechas como el 25 de noviembre o el 8 de marzo, ha llevado mensajes contra la violencia de género a localidades que nunca habían experimentado este formato. Asimismo, ha buceado en la magia y las tradiciones de la tierra, creando rutas teatralizadas y colaborando con espacios de difusión nacional como el podcast ‘La escóbula de la brújula’.

Para concluir, Raquel ha querido expresar un profundo agradecimiento a todas las instituciones, ayuntamientos y personas que han creído en su visión, sin olvidar el Certamen Nacional de Teatro de Vitigudino que tanto la ha marcado. Ha destacado que formar una familia en cada pueblo que visita es la mayor recompensa posible. “Cuando llegas a los sitios y te dicen qué ganas teníamos de verte, creo que eso no lo da todo el dinero del mundo”, ha finalizado, dejando muy claro que el teatro rural es, ante todo, un acto de amor y resistencia.

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